Cédric Jimenez ha logrado en poco menos de tres películas convertirse en uno de los directores franceses más populares, más discutidos, más adorados y, por momentos, más odiado. Su filmografía es más amplia, pero su ascensión al corazón de la polémica data de hace apenas cinco años. «Confieso que me involucro al máximo con lo que hago. Quizá demasiado. Cuando ruedo, el cine se convierte en una obsesión», comenta por aquello quizá de hacer entender el motivo de tanto superlativo. Cuando BAC Nord: Brigada de InvestigaciónCriminal fue presentada en Cannes en 2021 a alguien se le ocurrió comentar que era una película pensada para los votantes de Le Pen. Broma o no, el caso es que varios líderes de la extrema derecha francesa corrieron a las redes sociales para exhibirse como consumados críticos de cine. La brutal y enérgica disección de una Marsella en estado de shock con una policía sobrepasada y algo fuera de control le gustó a la extrema derecha. Cuando llegó el turno de November, su siguiente película de 2022, esta vez la piedra del escándalo fue el modo, siempre febril, de acercarse a los servicios antiterroristas franceses. «Nadie acusó nunca a Coppola de promocionar la mafia por hacer El padrino. Trabajo con personajes y tengo mis opiniones políticas, pero no creo que deba darlas», dice con ánimo esta vez de zanjar el asunto.
El director de thrillers eléctricos y polémicos como BAC Nord: Brigada de Investigación Criminal y Novembre presenta ahora Zona 3, una distopía con la IA como diana y excusa
Cédric Jimenez ha logrado en poco menos de tres películas convertirse en uno de los directores franceses más populares, más discutidos, más adorados y, por momentos, más odiado. Su filmografía es más amplia, pero su ascensión al corazón de la polémica data de hace apenas cinco años. «Confieso que me involucro al máximo con lo que hago. Quizá demasiado. Cuando ruedo, el cine se convierte en una obsesión», comenta por aquello quizá de hacer entender el motivo de tanto superlativo. Cuando BAC Nord: Brigada de InvestigaciónCriminal fue presentada en Cannes en 2021 a alguien se le ocurrió comentar que era una película pensada para los votantes de Le Pen. Broma o no, el caso es que varios líderes de la extrema derecha francesa corrieron a las redes sociales para exhibirse como consumados críticos de cine. La brutal y enérgica disección de una Marsella en estado de shock con una policía sobrepasada y algo fuera de control le gustó a la extrema derecha. Cuando llegó el turno de November, su siguiente película de 2022, esta vez la piedra del escándalo fue el modo, siempre febril, de acercarse a los servicios antiterroristas franceses. «Nadie acusó nunca a Coppola de promocionar la mafia por hacer El padrino. Trabajo con personajes y tengo mis opiniones políticas, pero no creo que deba darlas», dice con ánimo esta vez de zanjar el asunto.
Ahora, quizá para dejar de dar explicaciones ante la prensa, se traslada por primera vez al futuro. Zona 3, basada en la novela de Laurent Gaudé Chien 51, es, como toca, una distopía que habla de una sociedad obsesionada por la seguridad, por el control y condenada tal vez sin remedio por culpa de una estructura social donde los ricos viven completamente al margen de los pobres. Un momento. ¿Está seguro que habla del futuro? «En verdad, toda proyección del porvenir no es más que un reflejo del presente. Eso es lo que hace interesantes las fantasías de ciencia-ficción. Son otro modo de hablar de lo que nos pasa y nos preocupa aquí y ahora», comenta. Pausa. «El libro hace incidencia sobre todo en una sociedad regida por un apartheid radical donde la obsesión por la seguridad lo determina todo. El elemento que hemos desarrollado para la película es el de la Inteligencia Artificial. No es complicado imaginar que en un futuro muy próximo, y en determinados aspectos, la IA podría sustituir perfectamente tanto a la policía como a los jueces. Un agente crea básicamente escenarios de culpabilidad y eso, con una velocidad de procesamiento infinitamente más rápida, lo puede hacer mucho mejor una máquina. El problema es el margen de error. Por pequeño que sea, siempre lo hay y, al carecer de conciencia o moral, la IA nunca podría tener ninguna responsabilidad. La IA jamás será capaz de algo tan sencillo como una emoción y sin ese elemento tan básico y tan humano, no puede haber justicia», añade y, queriendo o no, adelanta no tanto el argumento como la propia moraleja de todo esto.
En efecto, Zona 3 imagina un París en 2045 (tampoco queda tanto) que un buen día se despierta con el más misterioso y absurdo de los asesinatos. El creador del sistema que controla todo, que organiza todo y que castiga a todos aparece muerto. La investigación correrá a cuenta de una mujer policía (Adèle Exarchopoulos) de la zona 2 y un señor agente algo bruto (Gilles Lellouche) del más bajo y sucio de los sectores, la zona 3. Lo que sigue se parece bastante al acabose de todos los días a la hora del telediario.
¿Tenemos remedio o estamos condenados para siempre hasta en una ficción pensada y creada para el entretenimiento más inocente? «Que nadie se confunda. Pese a todo, pese a esta película y todas mis anteriores, me considero un tipo optimista. Confío en la humanidad ciegamente, lo mismo que creo en mis personajes. Siempre hay un momento de ruptura en el que el ser humano muestra su mejor faceta. La impresión que tengo es que en general no somos conscientes de todas nuestras capacidades. Pienso, por ejemplo, en Irán [la entrevista fue hecha en enero, antes de la invasión]. El más atroz de los regímenes está siendo combatido desde la calle. La voluntad de cambio siempre se impone. La historia nos dice que los dictadores siempre, tarde o temprano, caen. No hay tirano que no haya acabado por sucumbir», comenta tan convencido que, y a pesar de que la actualidad va en sentido contrario, no hay forma de quitarle la razón del todo.
Sea como sea, la película cumple con todos y cada uno de los preceptos del género. Hay persecuciones, hay drones, hay balaceras interminables y, llegado el momento, hay hasta un poco de, quién lo iba a imaginar, amor. «Sé que es un cliché, pero el cine de acción se construye sobre modelos. Lo interesante es que haya espacio para pensar, para sacar tus propias conclusiones. Esa creo que es la virtud del cine europeo popular frente al estadounidense. En este último, la narración misma, la acción, se lo come todo y no deja nada al espectador», reflexiona. ¿Y con qué deberíamos quedarnos de su película? ¿Qué cree que nos deja? «Con algo tan sencillo como que el origen de todo lo malo que nos pasa es el miedo. Del miedo viene la ira, la inquietud, la depresión. El miedo de la población fomentado de forma interesada por algunos genera esa obsesión por la seguridad en la que vivimos. La gente se siente insegura, teme quedarse sin dinero, ser agredida, no tener trabajo… y se acaba por tomar decisiones equivocadas, se acaba por votar a quien no deberíamos. Ahora mismo creo que lo único que debería asustarnos es precisamente el miedo». Queda claro. El miedo al miedo. Cédric Jimenez ha vuelto.
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