Sin margen para cambios en el guion. Catorce años después, Manuel Reija ha vuelto este lunes a la Audiencia Provincial de A Coruña con la misma versión que ha sostenido durante toda la causa. El lotero, acusado de apropiarse del resguardo de La Primitiva premiado con 4,7 millones en junio de 2012, ha insistido en que el boleto apareció «olvidado» sobre el mostrador de su administración tras el paso de un cliente que acudió a comprobarlo. Asegura que estaba solo. «No tenía a nadie delante cuando lo encontré«, ha afirmado en la penúltima sesión del juicio, a las puertas de que quede visto para sentencia.
Manuel Reija reitera su versión y asegura que encontró la papeleta abandonada sobre el mostrador de su administración
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El juicio por el boleto de La Primitiva premiado con 4,7 millones de euros en A Coruña en junio de 2012 ha continuado este lunes con la declaración de los acusados. Manuel Reija, el lotero que presuntamente intentó apropiarse del resguardo, ha reiterado su versión y ha asegurado que encontró el boleto abandonado sobre el mostrador de su administración, situada en la plaza de San Agustín. «Yo estaba solo. No tenía a nadie delante», ha afirmado ante el tribunal.
La Policía Nacional, sin embargo, cuestionó la semana pasada este relato. Según los investigadores, la actividad registrada en la terminal de la administración no se corresponde con un local vacío, ya que se detectaron numerosas comprobaciones consecutivas y la realización de nuevas apuestas con las mismas combinaciones en apenas unos minutos.
Otro de los elementos clave del caso es el intento de cobro del premio. De acuerdo con la investigación, apenas dos meses después del sorteo, Reija trató de hacerlo efectivo como tenedor del boleto y, posteriormente, remitió un escrito a Loterías del Estado en el mismo sentido. Este lunes ha defendido que su intención no era quedarse con el dinero, sino evitar que el premio caducara. «La finalidad era que no caducara ese boleto y entendimos que, para que Madrid hiciera caso, tenía que haber una reclamación de cobro, pero no con la intención de quedarnos el dinero», ha sostenido.
El acusado ha insistido asimismo en la inexistencia de un protocolo claro para actuar en un caso de estas características. «No había una directriz. No había un ‘A, B, C’ de lo que había que hacer. Lo fuimos resolviendo sobre la marcha», ha explicado, subrayando que actuó sin instrucciones y sin experiencia previa. «Yo no tenía ni idea de cómo funcionaba esto».
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