En las localidades de Israel que sufrieron el ataque de Hamás en octubre de 2023, todo lo que llegue desde Gaza genera preocupación. Incluso si se trata, como en las últimas semanas, de cometas infantiles. Entre los kibbutzim de Beeri y Nahal Oz, a menos de un kilómetro de la Franja, han caído una decena en el último mes y el Gobierno de Benjamín Netanyahu ve detrás una estratagema de Hamás para testar sus límites. El domingo, amenazó con asesinar a los responsables y hasta con expulsar a la fuerza a la población de las zonas de donde salen las cometas. Cuatro días más tarde, la Junta de la Paz (el organismo presidido por Donald Trump que supervisa la aplicación de la tregua de Gaza) volvió a alinearse con las tesis de Israel y pidió el fin de “toda actividad militante” en el enclave palestino, “incluido el volado de cometas”. Desde entonces, se suceden en Gaza las imágenes de adultos rompiendo cometas enfadados o de niños llorando por no poder volarlas. Los comités populares (que administran los refugios y campamentos de desplazados) exhortan a los padres a impedir a sus hijos jugar con ellas “a fin de proteger sus vidas inocentes”.
Netanyahu acusa a Hamás de estar detrás del fenómeno. Niños y adultos palestinos rompen los juguetes, entre enfadados e incrédulos, después de que el ministro de Defensa advirtiese de que expulsará a la población allí donde se originen
En las localidades de Israel que sufrieron el ataque de Hamás en octubre de 2023, todo lo que llegue desde Gaza genera preocupación. Incluso si se trata, como en las últimas semanas, de cometas infantiles. Entre los kibbutzim de Beeri y Nahal Oz, a menos de un kilómetro de la Franja, han caído una decena en el último mes y el Gobierno de Benjamín Netanyahu ve detrás una estratagema de Hamás para testar sus límites. El domingo, amenazó con asesinar a los responsables y hasta con expulsar a la fuerza a la población de las zonas de donde salen las cometas. Cuatro días más tarde, la Junta de la Paz (el organismo presidido por Donald Trump que supervisa la aplicación de la tregua de Gaza) volvió a alinearse con las tesis de Israel y pidió el fin de “toda actividad militante” en el enclave palestino, “incluido el volado de cometas”. Desde entonces, se suceden en Gaza las imágenes de adultos rompiendo cometas enfadados o de niños llorando por no poder volarlas. Los comités populares (que administran los refugios y campamentos de desplazados) exhortan a los padres a impedir a sus hijos jugar con ellas “a fin de proteger sus vidas inocentes”.
Los comités populares, formados por representantes de ONG locales y organizaciones caritativas, subrayaban el lunes que no pretenden “restringir una infancia en la que ya les han quitado los derechos más básicos de jugar y vivir en seguridad”, pero se veían en la necesidad de hacer “todo lo posible para evitar” que los niños vuelen cometas.

Coordinaron el anuncio con las autoridades de Hamás, cuyo portavoz, Hazem Qasem, acusa a Netanyahu de encontrar una nueva “excusa” para seguir bombardeando, como en los diez meses anteriores del alto el fuego. Son solo “juguetes de los niños en los campamentos de refugiados” en cuya llegada nada tiene que ver el movimiento islamista, dijo.
El lunes, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, advirtió de que actuará “con fuerza” y aplicará una política de “tolerancia cero” hacia el fenómeno, basada en tratarlos igual que si fueses drones, “carguen o no explosivos”. Israel dio 72 horas para que cesase su llegada al otro lado de la frontera, algo que ya ha venido sucediendo. Un día más tarde, la portavoz de la oficina de derechos humanos de la ONU, Ravina Shamdasani, criticó la “retórica inaceptable” de los líderes y consideró “indignante” la amenaza de desplazar población a la fuerza por las cometas.
Pero, en el interior de la indefensa y destrozada Gaza, la condena de Naciones Unidas no ha alividado el miedo, visible en los vídeos en redes sociales y en las declaraciones a periodistas locales (Israel impide a la prensa acceder libremente a Gaza desde hace casi tres años). Unos se deshacen con enfado de cometas o se burlan del nuevo objeto de temor israelí. En un vídeo, dos hombres rompen cometas con los colores de la bandera palestina mientras dicen: “Esto es para que Netanyahu pueda descansar, sabiendo que atacamos a niños o a nosotros mismos”. En otro, un niño se echa a llorar mientras las destroza rabioso: “Nos quieren quitar lo que nos gusta […] ¿Para complacer a Netanyahu? A [su ministro de Defensa, Israel] Katz? ¿A Trump?”.
Hay también quienes seguirán haciendo volar su cometa, como el niño Omar Halawa. “Me enteré hace unos días de que Israel ha prohibido las cometas porque las teme. Pero nosotros no queremos hacer nada con ellas, solo las volamos para tranquilizarnos”, señalaba. “Tengo miedo a que mañana les prohíben jugar al fútbol. O nadar [en el mar]. Son sus derechos más simples”, añadía más indignada su madre, Yasmín.
En Israel, en cambio, no ven nada infantil ni inocente detrás del fenómeno. Sobre todo, por los antecedentes. En 2018, Gaza lanzó la Gran Marcha del Retorno, un movimiento de protesta para exigir el fin del bloqueo israelí y el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Durante las manifestaciones, los soldados israelíes abrieron fuego contra quienes se acercaban a la barrera fronteriza y los que consideraba “incitadores”, causando 214 muertos y hasta 36.000 heridos a tiros en año y medio.

En el marco de la Gran Marcha, y después de que la tecnología defensiva israelí hubiese desactivado aún más el peligro de los cohetes y proyectiles de mortero, algunos palestinos (y más tarde las milicias) aprovecharon el viento que corre desde el Mediterráneo para hacer llegar a Israel cometas y globos con artefactos incendiarios. No causaron muertos, pero provocaron cientos de incendios en zonas agrícolas.
Dani Rahamim, de 72 años, es el portavoz de Nahal Oz y recuerda tanto aquellos días como el ataque de Hamás en 2023, donde los milicianos mataron a 15 civiles y tomaron ocho rehenes en su kibutz. No fue uno de los sitios más afectados, porque había una decena de soldados en el interior, a diferencia de Nir Oz, Beeri y sobre todo la cercana fiesta Nova, donde las tropas tardaron horas en llegar y se registraron las mayores matanzas.
La suma del antecedente de 2018 y del ataque de Hamás le lleva a mirar las cometas como un reto al que Israel debe responder con asesinatos, aunque ahora lleguen muchas menos y ninguna cargue explosivos. “También empezó así entonces […] El ejército sabe cómo llegar a los que dan las órdenes a esos niños. Aunque hoy no sea peligroso, es cuando hay que actuar, porque el peligro llegará mañana. Así que, antes de que llegue, hay que cortarlo de raíz ahora. Y el ejército israelí sabe hacerlo”, argumenta. “Antes del 7 de octubre [de 2023, fecha del ataque de Hamás] te habría dicho que por qué hacerles algo. Ahora creo que hay que matarlos. Porque hoy no hace nada, pero se prepara para matarme mañana”.

Rahamim da cuenta de cinco cometas en el kibutz y alrededores en el último mes. Los medios israelíes calculan el total de agosto en una decena. Y el canal 12 de la televisión asegura que nueve fueron “lanzadas” en junio contra las tropas en la zona de Gaza que ocupan, pero el ejército optó por no desvelarlo ni responder. Consultado por este periódico, el ejército israelí ha rechazado aportar cifras y especificar si considera que Hamás está ordenando a niños gazatíes lanzarlas, como han insinuado desde el anonimato fuentes oficiales. También especulan con que sea una forma de tantear el terreno para lanzar contra las tropas drones controlados con cables de fibra óptica, como Hezbolá en el sur de Líbano.
La Junta de Trump ha trasladado a Hamás el mensaje de que el fenómeno de las cometas debe acabar. El movimiento islamista (que ya estaba molesto con el organismo por reinterpretar el acuerdo de desarme que habían acordado, a fin de adaptarlo a las exigencias maximalistas de Netanyahu) lo acusa ahora de “descaro”. “¿Es siquiera concebible que los intentos de apaciguar al criminal de guerra Netanyahu hayan llegado al punto de presentar las actividades de niños inocentes como operaciones armadas, en un momento en que continúa con sus asesinatos y destrucción diarios a pesar del acuerdo?», ha criticado uno de sus líderes, Basem Naim.
El asunto refleja cómo Israel ha cambiado su enfoque de seguridad, a raíz del ataque de Hamás, a uno más agresivo y expansionista, ocupando más territorio que nunca en cuatro décadas. Mantiene tropas indefinidamente dentro de Gaza y de Líbano y ha tomado más kilómetros en Siria. Con elecciones dentro de dos meses, los políticos compiten además por proyectar dureza e inflexibilidad ante cualquier detalle que pueda afectar a la seguridad de Israel, aunque sean unas cometas.
La postura conecta con el sentir social general y con las vivencias de los alrededores de Gaza. “El 7 de octubre perdimos la confianza no en el ejército, que somos nosotros, sino en sus mandos y en quienes los mandan”, asegura Eyal (prefiere no dar su apellido) en el centro comunitario de Eshkol, también en las proximidades de Gaza. “Y eso cuesta recuperarlo. Todavía no me siento seguro al 100%. Yo no tengo miedo ahora, ni creo que debamos bombardear por lo de las cometas, pero el temor aquí es que sea una señal de que Hamás se está reorganizando”.
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