Fin de una era. Una ceremonia de lo más sobrio en el interior del Parlamento húngaro, un deslumbrante edificio neogótico, ha finiquitado 16 años de democracia iliberal en Hungría protagonizada por uno de los héroes del populismo etnonacionalista internacional: Viktor Orbán. El nuevo primer ministro, el conservador Péter Magyar, de 45 años, ha tomado posesión con un largo discurso que pone punto y final al mandato de Orbán, líder del ultraderechista Fidesz. “Pido a todos los diputados del Parlamento que escuchen lo que han expresado los húngaros: los ciudadanos no quieren un cambio de Gobierno, sino de sistema”, ha afirmado tras la votación, que ha sacado adelante con 140 votos a favor (los de Tizsa, su plataforma) y 54 en contra (de Fidesz, el partido de Orbán).
El político de 45 años pone fin a la era iliberal de Viktor Orbán al frente del país. “Aprenderemos a vivir como una sola nación de nuevo”, dice en su investidura
El político de 45 años pone fin a la era ilibieral de Viktor Orbán al frente del país. “Aprenderemos a vivir como una sola nación de nuevo”, dice en su investidura


Fin de una era. Una ceremonia de lo más sobrio en el interior del Parlamento húngaro, un deslumbrante edificio neogótico, ha finiquitado 16 años de democracia iliberal en Hungría protagonizada por uno de los héroes del populismo etnonacionalista internacional: Viktor Orbán. El nuevo primer ministro, el conservador Péter Magyar, de 45 años, ha tomado posesión con un largo discurso que pone punto y final al mandato de Orbán, líder del ultraderechista Fidesz. “Pido a todos los diputados del Parlamento que escuchen lo que han expresado los húngaros: los ciudadanos no quieren un cambio de Gobierno, sino de sistema”, ha afirmado tras la votación, que ha sacado adelante con 140 votos a favor (los de Tizsa, su plataforma) y 54 en contra (de Fidesz, el partido de Orbán).
Una multitud le vitoreaba a orillas del Danubio, donde este sábado le espera una larga fiesta: Magyar ha animado a los ciudadanos a “reescribir la historia” y “a cruzar la puerta de un cambio de régimen”.
Orbán sumió al país en la corrupción durante más de tres lustros. Hizo millonarios a sus amigos al frente de las grandes empresas públicas y privadas. Colonizó los medios de comunicación. Reformó la Constitución y las leyes electorales para perpetuarse en el cargo. Destruyó la independencia de los jueces. Pero se lo lleva por delante el estancamiento económico y el hastío de una sociedad harta de los continuos enfrentamientos con Bruselas, de su cercanía al presidente ruso, Vladímir Putin, y el estadounidense, Donald Trump, y de una forma de hacer política que consistía en fabricar enemigos y destruir los cimientos de la democracia liberal.
Magyar promete restaurar el Estado de derecho y desmontar esa suerte de autocracia en el centro de Europa, a orillas del Danubio. Hay un enorme consenso para sacar adelante las reformas internas. Pero los sondeos muestran menos acuerdo a la hora de modificar la política exterior: los húngaros quieren un acercamiento a la UE que permita desbloquear 18.000 millones en fondos europeos, pero recelan del acceso de Ucrania a la UE y quieren seguir disfrutando de la energía procedente de Rusia.

Bruselas ha reaccionado de inmediato. “Enhorabuena a Péter Magyar por asumir el cargo de primer ministro de Hungría”, ha asegurado el presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa, en un mensaje publicado en redes sociales.
“Los húngaros nos han dado la autoridad para poner fin a décadas de estancamiento, para abrir un nuevo capítulo, y aprenderemos a vivir como una sola nación de nuevo”, ha manifestado ante el Parlamento nacional. Respaldado por una supermayoría parlamentaria que le permitirá reformar la Constitución si es necesario para deshacer el legado de Orbán, Magyar ha prometido recuperar el dinero público presuntamente desviado y desmontar por completo el entramado político levantado por su predecesor. Y ha dado un ultimátum a los altos cargos afines a Orbán para abandonar sus cargos antes de fin de mes.
Su primer objetivo es desbloquear los fondos europeos que Bruselas le cegó a Orbán por su deriva iliberal. Los mercados dan por hecho que así será: la moneda húngara (el forinto) se ha revalorizado un 8% en los últimos días con respecto al euro ante la expectativa de que se libere al menos una parte de ese importe. Budapest podría incluso plantear unirse al euro, aunque los expertos consideran que la economía húngara necesitaría en ese caso acometer un ajuste duro, que parece improbable si Magyar no quiere terminar abruptamente su luna de miel con la ciudadanía. Las prioridades del nuevo ministro son otras: cambiar su relación con Bruselas, y por ende con Moscú y Washington; deshacer las medidas más polémicas de Orbán, y tratar de que la efervescencia de su demoledor triunfo electoral, el pasado 12 de abril, permita acometer las primeras reformas sin sorpresas desagradables.
“Viene un cambio de sistema”, ha enfatizado Magyar en una hora larga de discurso ante el parlamento, antes de darse un baño de masas con un segundo discurso al aire libre, ante la ciudadanía.
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