El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha movido ficha por primera vez desde el comienzo de la crisis con los estudiantes y ha ofrecido cinco importantes medidas para calmar los ánimos. Las iniciativas, según ha adelantado este lunes Le Parisien y confirmado el Ministerio de Educación, pasan por sustituir el software Parcoursup —que orienta de forma opaca y negligente la carrera de los estudiantes—, limitar el número de alumnos de las clases de segundo de bachillerato a un máximo de 28 personas y crear 15.000 plazas adicionales en la enseñanza superior (principalmente en los ciclos de formación profesional BTS).
El Ejecutivo modificará el sistema informático que orienta la carrera universitaria, creará más plazas en facultades y destinará unos 5.000 millones de euros a mejorar las instalaciones, pero no logra que se desconvoquen las próximas movilizaciones
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha movido ficha por primera vez desde el comienzo de la crisis con los estudiantes y ha ofrecido cinco importantes medidas para calmar los ánimos. Las iniciativas, según ha adelantado este lunes Le Parisien y confirmado el Ministerio de Educación, pasan por sustituir el software Parcoursup —que orienta de forma opaca y negligente la carrera de los estudiantes—, limitar el número de alumnos de las clases de segundo de bachillerato a un máximo de 28 personas y crear 15.000 plazas adicionales en la enseñanza superior (principalmente en los ciclos de formación profesional BTS).
Las medidas, pese a que han sido calificadas por los estudiantes como “anuncios muy claros” y han sido recibidas con satisfacción —“hoy hemos recibido algo”, han afirmado—, no han logrado que se desconvoquen las próximas movilizaciones en los institutos y en la calle. “Continuaremos hasta el final”, han lanzado los representantes de los estudiantes.
El plan del Ejecutivo, que tendrá que hacer malabarismos con las cuentas, incluye también un préstamo estatal de 4.000 millones de euros a las regiones para renovar los colegios e institutos, una partida adicional de 1.000 millones de euros para renovar las universidades, la anulación de la supresión de 800 puestos de trabajo en la enseñanza secundaria y la creación de otros 1.900 puestos. Además, se compromete a reducir las horas de clase y a aumentar las becas acorde con la inflación de este año. Todo ello antes de que termine el mandato presidencial, en mayo. “No hay ninguna promesa lanzada al aire. Todo lo que decimos se llevará a cabo y se respetará dentro de plazos precisos y de manera cuantificada”, ha insistido el ministro de Educación, Édouard Geffray.
Lecornu, además, quiere trasladar la discusión al Parlamento y ha anunciado que habrá un debate en la Asamblea Nacional este miércoles. La sesión no tendrá votación, pero permitirá poner sobre la mesa todas las medidas con las que se pretende calmar la situación y colmar algunas de las reivindicaciones de los estudiantes. “Nos felicitamos. Las medidas con Parcoursup son un primer paso. Pero hay que reformar la plataforma. El mensaje que mandamos a los políticos es que sean responsables en esta cuestión”, han señalado los estudiantes a la salida de la reunión. “Las medidas propuestas muestran que la movilización da frutos, pero no estamos todavía satisfechos. Por eso continuaremos”, han insistido.
Lecornu quiere tratar, principalmente, el tema de la modificación del software Parcoursup que orienta y limita el acceso a la universidad de los estudiantes de bachillerato. La plataforma está basada en algoritmos que no responden a las inquietudes y al mérito de los estudiantes. Este año, 126.652 alumnos siguen esperando una respuesta desde el pasado julio para acceder a las carreras que habían solicitado. Los estudiantes denuncian que se trata de un “robot” que orienta sus carreras de forma elitista, racista y clasista. La propuesta del Ejecutivo es sustituirlo completamente en 2028, pero los estudiantes creen que es demasiado tiempo.

Las protestas del sábado pasado fueron menos intensas que las de una semana antes. Pero en varias ciudades, especialmente en Marsella, se vivieron de nuevo disturbios. El presidente francés, Emmanuel Macron, se había desplazado este lunes por la mañana a la ciudad mediterránea en un viaje sorpresa para solidarizarse con las fuerzas del orden, los comerciantes y el Ayuntamiento de la segunda ciudad francesa, que sufrió desperfectos durante la primera revuelta. La urbe mediterránea volvió a sufrir disturbios la semana pasada, pero en mucha menor medida, como en el resto del país. El Ejecutivo intenta controlar la situación, pero las protestas continuarán en la calle en las próximas semanas. Estudiantes, chalecos amarillos y funcionarios han convocado ya marchas en todo el país.
Macron se ha congratulado por la contención de los disturbios el fin de semana, pero también ha advertido sobre una tensión que no ha desaparecido. “Se ha mantenido el orden, pero el próximo sábado seguirá siendo una jornada de riesgo. Seguiremos estableciendo recorridos para las movilizaciones previamente declaradas, que tendrán lugar fuera de los centros urbanos”, ha subrayado el jefe del Estado. “Seguiremos apoyando a nuestros comerciantes y artesanos. Se ha creado un fondo financiado por el Estado, al que contribuirán también las administraciones territoriales y fondos privados. He pedido al Gobierno que responda a las reivindicaciones legítimas que están en el origen de este movimiento social”.
Macron ha rechazado, no obstante, aplicar el estado de emergencia, como sí se hizo hace tres años, tras los disturbios urbanos que estallaron con la muerte del joven Nahel Merzouk: “Lo que estamos viviendo hoy no es comparable con lo que vivimos en el verano de 2023″, ha indicado.
Más allá del orden y la seguridad, sin embargo, las respuestas políticas no terminan de llegar. Lecornu tenía previsto reunirse este lunes con una delegación de estudiantes para intentar llegar a acuerdos. El último encuentro con Macron fue infructuoso, y los estudiantes salieron del Elíseo llamando a la movilización permanente.

La situación, sin embargo, se complica con el paso de las semanas. Los estudiantes —apoyados por chalecos amarillos, funcionarios y pensionistas, cada uno de ellos con sus propias reivindicaciones— han convocado protestas para todo el mes de noviembre. El próximo viernes, los chalecos amarillos quieren organizar caceroladas frente a ayuntamientos de todo el país y de la Asamblea Nacional. El sábado también han convocado el tercer acto de la protesta ya habitual de los sábados con los estudiantes.
El lunes de la semana que viene, en teoría, los adolescentes volverán a los institutos tras las vacaciones. Si continúan los bloqueos de los centros educativos, ese día podrá calibrarse la verdadera magnitud del movimiento. En todo caso, tres días después, el jueves, hay convocada otra manifestación y jornada de huelga apoyada por los sindicatos. Una protesta que precederá a la que han organizado los pensionistas para el 19 de noviembre.
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