A poco más de dos meses de que António Guterres regrese a Portugal y deje vacante el puesto de secretario general de la ONU, el proceso para sustituirlo está en un punto muerto. La última votación informal en el Consejo de Seguridad mostró las reticencias de las cinco grandes potencias ante los aspirantes oficiales. No parece que la emiratí Lana Nusseibeh, que la semana pasada presentó su candidatura, vaya a aclarar la situación. Y ahora se suma a la carrera ―a través de una información en The Wall Street Journal sin confirmación oficial― el ex primer ministro húngaro Viktor Orbán.
La Casa Blanca impulsa, según ‘The Wall Street Journal’, al exmandatario ultra húngaro como sustituto de Guterres. El movimiento, que apuntala el alineamiento de Washington y Moscú, se toparía con un previsible veto europeo
A poco más de dos meses de que António Guterres regrese a Portugal y deje vacante el puesto de secretario general de la ONU, el proceso para sustituirlo está en un punto muerto. La última votación informal en el Consejo de Seguridad mostró las reticencias de las cinco grandes potencias ante los aspirantes oficiales. No parece que la emiratí Lana Nusseibeh, que la semana pasada presentó su candidatura, vaya a aclarar la situación. Y ahora se suma a la carrera ―a través de una información en The Wall Street Journal sin confirmación oficial― el ex primer ministro húngaro Viktor Orbán.
Irrumpe así en la carrera por el organismo más importante de la arquitectura internacional posterior a la II Guerra Mundial un hombre que durante años fue uno de los líderes europeos más cercanos al ruso Vladímir Putin. Su candidatura, de llegar a presentarse oficialmente, chocaría muy previsiblemente con el veto europeo. Pero la mera aparición de su nombre muestra hasta qué punto el proceso está encallado, así como el progresivo alienamiento de los intereses de Trump y de Putin.
El diario neoyorquino, citando fuentes anónimas de tres países, confirma que la Administración de Trump, ha defendido la idoneidad de Orbán como próximo secretario general de la ONU, puesto que quedará vacante el próximo 1 de enero. Según esta información, Estados Unidos habría animado al antiguo primer ministro húngaro, que perdió las elecciones el pasado abril tras 16 años consecutivos en el cargo, a entrar en la batalla. Según el Journal, todavía no hay una decisión final sobre la presentación de la candidatura.
Un Orbán aspirante a secretario general de Naciones Unidas supondría un terremoto de consecuencias imprevisibles. Es obvio que Putin lo vería con buenos ojos. Y el diario estadounidense asegura que también cuenta con el apoyo de China.
Altos cargos estadounidenses habrían dicho, según la información, que cuando Washington, Pekín y Moscú acuerdan un nombre para liderar la ONU es difícil contradecirles. “Orbán sería el candidato soñado del movimiento MAGA [las siglas del lema trumpista de Hacer Grande a Estados Unidos de Nuevo] conservador”, añaden las fuentes consultadas del Departamento de Estado.
En este contexto, la ministra de Exteriores del nuevo Gobierno de Peter Magyar, Anita Orbán —sin relación familiar con el ex primer ministro Orbán—, ha anunciado que se reunirá este martes en Washington con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, según informaGloria Rodríguez-Pina.
Los obstáculos a un Orbán secretario general de la ONU vendrían de los otros dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Francia y Reino Unido, que con toda probabilidad se opondrían. Resulta del todo inconcebible que el presidente Emmanuel Macron pudiera dar pista libre en Nueva York al líder europeo que durante años puso más problemas para avanzar en asuntos de interés común para todo el continente, como el apoyo a Ucrania ante la agresión rusa.
No es este el primer nombre extravagante de candidatos supuestamente apoyados por Trump que surge de filtraciones a medios. El tabloide conservador The New York Post publicó el pasado julio que Estados Unidos barajaba la idea de impulsar la candidatura de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, como sustituto de Guterres. Infantino es un hombre muy cercano a Trump, al que en diciembre del año pasado había obsequiado con un premio de la paz de la FIFA que se sacó de la manga. Con ese gesto trataba de compensar al estadounidense de la decepción por no haber ganado el Nobel de la Paz, que él consideraba obvio que merecía.
Otro nombre que se ha barajado como uno de los apadrinados por Trump es el diplomático y exministro búlgaro Nickolay Mladenov, nombrado en enero de este año alto representante para Gaza y director general de la Junta de la Paz, un organismo propuesto por Estados Unidos y presidido por Trump.
Es complicado imaginar que algunos de estos nombres vayan a conseguir el respaldo de al menos nueve países del Consejo de Seguridad y ningún veto de los cinco miembros permanentes. Pero también muestra las grandes divergencias de los países con derecho a veto en torno a los candidatos actuales.
Entre los aspirantes oficiales que se han sometido ya a un minucioso proceso de escrutinio durante estos meses ha destacado en las votaciones informales la costarricense Rebeca Grynspan, que ha quedado primera en casi todas las ocasiones. Le siguen la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y el argentino Rafael Grossi.
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