
Kaliningrado, el exclave militarizado ruso encajado entre Polonia y Lituania, dos países de la OTAN y la Unión Europea y un constante foco de tensión entre el Kremlin y la Alianza Atlántica, se ha convertido en el centro de la amenaza nuclear de Vladímir Putin contra los europeos. Esta semana, Moscú ha acusado a la organización militar de querer bloquear Kaliningrado y ha amenazado con utilizar armas nucleares si la OTAN —de la que forma parte España— avanza en ese supuesto propósito. Para el Kremlin, el exclave, que le brinda una estratégica salida al mar Báltico (es el único puerto que puede usar todo el año) y un punto clave en su guerra híbrida contra Europa, es un bastión avanzado. Y ha cobrado aún más importancia desde el inicio de su guerra a gran escala contra Ucrania, en febrero de 2022. Para la OTAN, supone una pieza que condiciona cualquier crisis en el Báltico porque podría dificultar el movimiento las fuerzas aliadas.
El único puerto ruso hábil en invierno es a la vez una baza y una vulnerabilidad para el Kremlin
Kaliningrado, el exclave militarizado ruso encajado entre Polonia y Lituania, dos países de la OTAN y la UE y un constante foco de tensión entre el Kremlin y la Alianza Atlántica, se ha convertido en el centro de la amenaza nuclear de Vladímir Putin contra los europeos. Esta semana, Moscú ha acusado a la OTAN de querer bloquear Kaliningrado y ha amenazado con utilizar armas nucleares si la organización militar —de la que forma parte España— avanza en ese supuesto propósito. Para el Kremlin, el exclave, que le brinda una estratégica salida al mar Báltico (es el único puerto que puede usar todo el año) y un punto clave en su guerra híbrida contra Europa, es un bastión avanzado. Para la OTAN, supone una pieza que condiciona cualquier crisis en el Báltico porque podría dificultar el movimiento las fuerzas aliadas.
“La escalada nunca es unilateral. El punto de no retorno puede llegar muy rápidamente y de forma inesperada para todos”, dijo el presidente ruso, Vladimir Putin, el jueves. Los servicios de inteligencia occidentales sospechan que Rusia cuenta con armas nucleares ocultas en Kaliningrado. Desde el año 2016 tiene desplegados en esa región misiles de corto alcance 9K720 Iskander, capaces de portar ojivas nucleares, y la Federación de Científicos Estadounidenses detectó dos años después que el Kremlin estaba modernizando los almacenes de este tipo de armas en la zona.
Durante siglos fue Königsberg, una ciudad prusiana asociada a Kant y a las rutas comerciales del Báltico. Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1945, cambió de manos, de nombre y de población. La ciudad alemana desapareció y sobre sus ruinas creció una ciudad soviética que ha acabado por convertirse en uno de los puestos militares clave de Moscú en Europa y en el corazón del flanco este de la UE. Hoy, sus costas albergan instalaciones de la Flota del Báltico y sistemas de misiles y defensa aérea que permiten a Rusia proyectar fuerza sobre buena parte del mar que la rodea. Además, según el servicio de inteligencia de Lituania, Moscú ha estado utilizando el exclave como plataforma para lanzar ataques contra el sistema de GPS y para la guerra electrónica contra los países aliados.
Ruben Stewart, investigador del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) explica que el Kremlin ha estructurado en Kaliningrado para tratar de dificultar la entrada y el movimiento de fuerzas de la OTAN en la región.
Esa imagen de “fortaleza” militar, sin embargo, no es del todo real. Su posición geográfica es una baza para el Kremlin, pero también una vulnerabilidad. En una guerra prolongada, mantener abastecido un territorio rodeado por países de la OTAN sería un problema logístico considerable. No hay una frontera terrestre rusa que permita enviar tropas y material directamente desde el continente. El acceso depende del mar, del aire y, en tiempos de paz, de las conexiones que atraviesan Lituania.
Desde el ingreso de Finlandia y de Suecia en la Alianza Atlántica (en 2023 y 2024), el mar Báltico se ha convertido prácticamente en un lago de la OTAN. Y desde entonces, el exclave está más rodeado y Rusia ha elevado su retórica y las acusaciones contra los europeos sobre un supuesto aislamiento de Kaliningrado, un puerto clave para la proyección en el exterior del Kremlin.
La flota rusa destinada desplegada en el clave tiene la misión de “garantizar la seguridad de navegación” de los navíos rusos que cruzan el mar Báltico. Por un lado, es un puesto de avanzada en unas aguas donde el Kremlin ha acometido estos años una de sus principales operaciones de sabotaje contra Europa: el corte de cables submarinos. Por otro lado, sus destructores cubren el paso de los viejos petroleros con pabellón de terceros países con los que Moscú elude las sanciones impuestas a sus hidrocarburos por la invasión de Ucrania.
En las últimas semanas, la situación se ha caldeado. El 23 de septiembre, un helicóptero militar ruso Mi-8 procedente de la región entró durante unos 42 segundos en el espacio aéreo polaco, penetrando unos 300 metros; Varsovia envió cazas para responder al incidente y su mando militar afirmó que Moscú podía estar poniendo a prueba la capacidad de reacción de la defensa aérea polaca. Y ha habido otros incidentes con aviones rusos que entraban y salían de Kaliningrado, sin planes de vuelo comunicados y, en varios casos, con los transpondedores apagados. Entre el 21 y el 27 de septiembre, la policía aérea de la Alianza registró seis episodios de este tipo alrededor de los países bálticos.
La OTAN ha reforzado su presencia en la zona, con más tropas en Lituania, más peso a sus misiones de observación aérea y a la vigilancia de las infraestructuras críticas. También, nuevas maniobras militares. La Alianza ha negado las acusaciones del Kremlin, ha remarcado que es una organización defensiva”. El miércoles, el secretario general de la OTAN, Marc Rutte, afirmó además que, pese a las amenazas de Rusia, no existe una amenaza inminente contra territorio de la Alianza.
El Kremlin asegura que la OTAN amenaza a Rusia, pero paradójicamente ha debilitado sus defensas en su frontera para reemplazar sus pérdidas en Ucrania. El espionaje británico constató en 2023 que las fuerzas armadas rusas retiraron varios de sus valiosos sistemas antiaéreos S-400 de Kaliningrado para desplegarlos en el frente ucranio. Asimismo, una parte importante de sus tropas terrestres pereció al ser enviada al frente de Járkov, según los documentos hallados en una de las bases que abandonaron.
Moscú sacó parte de las defensas de la región a pesar de la situación vivida en 2022, cuando Lituania restringió el paso de mercancías sancionadas a Kaliningrado a través de su territorio debido a la invasión de Ucrania. El Kremlin denunció un supuesto “bloqueo” de la OTAN, aunque la provincia no vivió ninguna crisis de desabastecimiento en ningún momento, como constató este periódico in situ.
“Si se produce un ataque directo contra la Federación de Rusia, en este caso, Kaliningrado, o quizás también contra otros territorios, el uso de todas las armas disponibles por parte de Rusia aparecerá de inmediato en la agenda. Esto es inevitable”, advirtió Putin este jueves. Lo que no aclaró el mandatario es qué reacción espera Moscú de Europa ante su escalada de atentados, incluidas tentativas de asesinato, como sucedió con el presidente del fabricante de armas Rheinmetall en 2024, y ataques con bombas y drones, como ocurrió en el aeropuerto alemán de Leipzig este verano.
Internacional en EL PAÍS
