Sus ojos y la cámara son su medida “de la verdad”, asegura la fotoperiodista iraní Yalda Moaiery (Teherán, 44 años). En sus fotos de las manifestaciones de enero contra la República Islámica “no hay muertos” porque ella no los vio, recalca por videollamada desde Teherán esta fotógrafa, quien, sin embargo, subraya que esas víctimas fueron “miles”. Los poderosos pueden decir que un periodista miente en un texto; las imágenes son más incuestionables. Por esa razón, la República Islámica “las teme”, afirma esta profesional que saltó a la fama en 2019, cuando Donald Trump usó una de sus fotos sin permiso en un tuit: la de una joven alzando el puño al emerger de una nube de gas lacrimógeno en una manifestación en Teherán. El pasado julio, su trabajo le valió una condena a 15 años de prisión, pendiente de recurso, en un juicio al que ni siquiera pudo asistir. Las autoridades iraníes habían tratado de convocarla llamando a un número de teléfono que ellas mismas habían previamente bloqueado.
Las autoridades iraníes acusaron a esta profesional, pendiente de un recurso, de espiar para Israel y Estados Unidos por cubrir para medios internacionales las protestas contra el régimen de enero
Sus ojos y la cámara son su medida “de la verdad”, asegura la fotoperiodista iraní Yalda Moaiery (Teherán, 44 años). En sus fotos de las manifestaciones de enero contra la República Islámica “no hay muertos” porque ella no los vio, recalca por videollamada desde Teherán esta fotógrafa, quien, sin embargo, subraya que esas víctimas fueron “miles”. Los poderosos pueden decir que un periodista miente en un texto; las imágenes son más incuestionables. Por esa razón, la República Islámica “las teme”, afirma esta profesional que saltó a la fama en 2019, cuando Donald Trump usó una de sus fotos sin permiso en un tuit: la de una joven alzando el puño al emerger de una nube de gas lacrimógeno en una manifestación en Teherán. El pasado julio, su trabajo le valió una condena a 15 años de prisión, pendiente de recurso, en un juicio al que ni siquiera pudo asistir. Las autoridades iraníes habían tratado de convocarla llamando a un número de teléfono que ellas mismas habían previamente bloqueado.
Pregunta. El tribunal vinculó sus fotos de las protestas de enero con que usted espió para Israel y Estados Unidos, ¿cómo lo justificaron?
Respuesta. La frase exacta que mencionaron es que yo traté de ayudar al sionismo [en alusión a Israel] al enviar imágenes a medios extranjeros[Moaiery ha colaborado con diversos medios internacionales, entre ellos EL PAÍS]. En febrero, después de que publicara seis páginas en Le Monde, allanaron mi casa. Cuando ya había empezado la guerra [de Israel y Estados Unidos contra Irán], volvieron a irrumpir en mi apartamento. Me comunicaron que estaba prohibido sacar fotos durante el conflicto y me confiscaron mis cámaras. Yo no había tomado imágenes de soldados ni de instalaciones militares, solo de inocentes, de personas normales atrapadas bajo edificios bombardeados. Creo que querían que dejara de trabajar porque después me prohibieron que tomara fotos durante el funeral de [Ali] Jameneí [líder supremo iraní]. Yo les dije que si querían que dejara de hacer fotos, tendrían que matarme. Me mandan a la cárcel para que no pueda trabajar.
P. Ha hablado con medios como la CNN, que Irán considera “hostiles”, lo que está penado por la ley iraní, y ahora con este diario. ¿No teme que esto empeore su situación?
R. Solo me queda una apelación de mi condena y mis abogados no tienen ninguna esperanza de que se revoque la sentencia. [Las autoridades] hacen esto porque, aunque hay otros fotoperiodistas en Irán, yo firmo mis fotos con mi nombre, hablo con medios de comunicación extranjeros y no me someto a su propaganda. Nunca he solicitado la tarjeta [la acreditación de prensa] de las autoridades, porque, cuando la aceptas, estás bajo su control. Mientras sea libre, seguiré trabajando, y creo que dar entrevistas con los medios internacionales me ayudará. Después de que se hiciera pública mi sentencia, me convocaron y me instaron a que dejara de hablar con esos medios, lo que significa que eso tiene influencia sobre ellos. La gente corriente no tenemos apoyos ni dinero. Solo tengo mi honestidad y el interés de los medios internacionales.

P. Usted se ha pronunciado en contra de la guerra, ¿cómo ven los iraníes la situación tras siete meses de conflicto?
R. Yo, que he cubierto guerras, estoy en contra de ellas. Esa es mi opinión personal. El primer día de esta guerra [el 28 de febrero], la gente en Irán estaba muy contenta, porque creían que estaba empezando a llegar la ayuda que había prometido Trump. También por la muerte del líder [Israel y Estados Unidos mataron a Jameneí en un bombardeo] y las de comandantes y altos funcionarios de la República Islámica. Después, los iraníes se han puesto en contra de la guerra al ver cómo los bombardeos han matado a muchos inocentes, como sucedió en la escuela de Minab [un ataque estadounidense con misiles mató allí a 156 personas, la mayoría niños] o cómo tantos de ellos han perdido sus casas. La República Islámica está ahora, además, más fuerte y más dura que antes. La guerra ha dado paso a la peor versión de ese sistema y, además, los iraníes no han conseguido ninguna de sus demandas. Todo ha empeorado. La República Islámica es una forma de pensar y no se derroca matando a gente. Cuando Israel bombardeaba los puestos de control y mataba a los milicianos, a las dos horas habían puesto a otros.
P. ¿Cómo es esa versión “peor” de la República Islámica?
R. Yo llevo 24 años sometida a interrogatorios y todos mis interrogadores, hasta hace 10 años, eran personas de mediana edad o mayores. Ahora, cuando me enfrento a los interrogadores del IRGC [Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica] veo que tienen, como máximo, 24 años. Gente inexperta, mucho más jóvenes que yo y cuyo propósito es castigarme y humillarme. A mí me condenaron a la pena máxima [por los cargos en su contra], 15 años, porque dijeron que Irán atraviesa ahora una situación peor.
P. ¿Se está utilizando la guerra para reprimir más, como denuncian organizaciones y activistas?
R. Para ellos, la guerra es una excusa para presionar más a los periodistas y a los activistas, pero no solo. Si un estudiante va ahora a una cita en una embajada sin comunicarlo a la Guardia Revolucionaria, o se informa [de los estudios o las becas] en una universidad en el extranjero, ese cuerpo lo va a capturar y le va a prohibir continuar su formación. No sé exactamente qué es lo que están haciendo, pero Irán es ahora como una isla sin salida a ninguna parte. Que la guerra tuviera lugar justo después de enero [cuando sucedieron las últimas protestas] no ayudó a la movilización popular.
P. Ha cubierto muchas oleadas de protestas, incluidas las del movimiento Mujer, Vida, Libertad en 2022. ¿En qué fueron diferentes las de enero? ¿La República islámica sintió que estaba en peligro?
R. Sí. Sobre todo la violencia fue excesiva, increíble. Utilizaron, por ejemplo, materiales nuevos para reprimir; los gases lacrimógenos eran diferentes, algunos fabricados en Irán, otros en Alemania. No te dejaba respirar, no podías oler, no se veía nada y nunca había visto un gas lacrimógeno así antes. Y lo que fue muy importante es que empezaron a disparar desde los tejados en manifestaciones masivas, muy multitudinarias. Por ejemplo, [si había] un grupo formado por una familia —la madre, el padre y dos niños—, elegían a uno de los menores y le disparaban.
P. Estuvo en la cárcel tras cubrir las protestas por la muerte de Yina Mahsa Amini, el crimen que desató las manifestaciones de 2022. ¿Cómo la trataron?
R. Pasé un mes en aislamiento en el pabellón de la Guardia Revolucionaria en la cárcel de Evin [en Teherán] y dos meses en la prisión pública de mujeres de Qarchak [a unos 30 kilómetros de la capital]. No sufrí torturas como tales, aunque el confinamiento en solitario es de por sí una forma de tortura, pues estás sola en una celda diminuta, sin nadie, sin nada. En Qarchak, que para mí era una especie de pequeño Irán porque había todo tipo de presas, de todos los estratos económicos y sociales, faltaba la comida, el agua, no podíamos ir al baño y hasta carecíamos de oxígeno, pues estábamos 160 mujeres en un lugar construido para 50.

P. ¿Cuál es el estado de ánimo de los iraníes?
R. Mi último proyecto versa sobre la situación mental de los iraníes. La gente está tan, tan deprimida que muchos toman medicación y van al psicólogo. Los iraníes están desesperados y prefieren estar solos, cuando antes eran gente a la que le gustaba reunirse. Sufren una depresión en masa que es difícil de explicar.
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