La carrera por la sucesión de António Guterres va aclarándose poco a poco. Aunque todavía queda mucho camino por recorrer hasta saber quién encabezará la ONU a partir del próximo 1 de enero y el camino puede deparar grandes sorpresas, dos mujeres destacan por ahora como las favoritas: la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, la vencedora de la consulta informal realizada este viernes entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad, y la costarricense Rebeca Grynspan.
Carolyn Rodrigues-Birkett y Rebeca Grynspan se perfilan como favoritas para sustituir a Guterres a partir de 2027 aunque el proceso está aún muy abierto
Carolyn Rodrigues-Birkett y Rebeca Grynspan se perfilan como favoritas para sustituir a Guterres a partir de 2027 aunque el proceso está aún muy abierto


La carrera por la sucesión de António Guterres va aclarándose poco a poco. Aunque todavía queda mucho camino por recorrer hasta saber quién encabezará la ONU a partir del próximo 1 de enero y el camino puede deparar grandes sorpresas, dos mujeres destacan por ahora ahora como las favoritas: la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y la costarricense Rebeca Grynspan. La primera ha sido la vencedora de la consulta informal realizada este viernes entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad.
Pero cuidado. No conviene sacar ninguna conclusión definitiva. Las votaciones realmente importantes, en las que queda claro a qué candidatos vetan los cinco miembros permanentes del máximo órgano de la ONU, no han comenzado aún. Hasta que llegue ese momento, el nombre del próximo (o próxima) secretario general seguirá siendo una incógnita.
El buen resultado de Rodrigues-Birkett -ocho apoyos y tan solo tres votos en contra- confirma la fortaleza de una candidatura que presentó más tarde que la mayoría. La exministra de Exteriores y actual embajadora de Guyana en la ONU ya dejó una sensación de que iba muy en serio en el debate entre candidatos celebrado en Nueva York el pasado 23 de julio.
Rodrigues-Birkett ha adelantado a Grynspan, que en la anterior votación había sido la primera. La candidatura de la antigua vicepresidenta de su país y actual secretaria de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha perdido algo de fuelle, con siete votos afirmativos y cuatro negativos. Pero en cualquier caso se confirma la tendencia de la votación de julio. Entonces Grynspan fue primera y Rodrigues-Birkett segunda. Ahora, las dos se han intercambiado los puestos. Así que el juego por ahora está entre estas dos mujeres.
El argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, se ha quedado en ambas ocasiones en el tercer puesto.
El complicado y opaco proceso para elegir quién estará al frente de la ONU en esta época de turbulencias geopolíticas no ha entrado aún en la fase clave. Esta llegará cuando comiencen lo que se conocen como votaciones de color. Entonces se sabrá a qué candidatos vetan los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad -Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Rusia-, que son los que acaban decidiendo de verdad quién gana en esta partida de ajedrez con casi tantos jugadores como países hay en el mundo.
Conocer el nombre del nuevo líder de la ONU puede llevar aún varios meses. No hay nada escrito, pero los diplomáticos consultados consideran que lo deseable sería que concluyera en octubre. Así se daría al elegido unos meses para configurar su equipo y prepararse de cara a un mandato que comenzará el 1 de enero del próximo año. Pero nada garantiza que esto vaya a ser así. Ni siquiera se puede estar seguro de que el elegido esté entre los ocho nombres que hay ahora sobre la mesa. En cualquier momento se puede presentar un nuevo candidato que descabalgue los planes y obligue de nuevo a repartir las cartas.
Una vez que el Consejo de Seguridad haya decidido un nombre -paso para el que hacen falta nueve votos a favor y ningún veto de los cinco grandes-, este se presentaría a votación de los 193 miembros de la Asamblea General. Salvo sorpresa mayúscula, este organismo confirmará lo que los países más poderosos en la ONU hayan cocinado previamente.
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