El cierre del Estrecho de Ormuz no solo va a subir los precios de los billetes de avión. También va a acelerar la consolidación de las aerolíneas, poner en evidencia balances débiles, y convertir a empresas con valoraciones deprimidas en blancos de operaciones empresariales.
La operación quedaría sujeta a la obligación de que, para que una línea aérea pueda llevar a cabo vuelos entre ciudades de la Unión Europea, debe estar controlada por capital comunitario
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El cierre del Estrecho de Ormuz no solo va a subir los precios de los billetes de avión. También va a acelerar la consolidación de las aerolíneas, poner en evidencia balances débiles, y convertir a empresas con valoraciones deprimidas en blancos de operaciones empresariales.
Y el escopetazo de salida ha sido el interés del fondo de crédito privado estadounidense Castlelake – por un precio que no ha sido hecho público – por la segunda mayor aerolínea low cost europea, la británica EasyJet, que tiene una enorme presencia en España. En su último ejercicio fiscal, concluido en septiembre de 2025, EasyJet transportó a 93,4 millones de pasajeros y facturó 10.100 millones de libras (11.700 millones de euros). Sin embargo, sus pérdidas en los seis primeros meses del año en curso rondarán los 560 millones de libras (650 millones de euros), un 30% más que en el mismo periodo del año pasado. En 2021 rechazó una oferta de compra de su rival, la húngara Wizz Air, y lleva tiempo ‘sonando’ como una posible adquisición de IAG, el grupo liderado por Iberia y British Airways.
Pero toda la operación tiene un problema: ‘Brexit’. Para que una línea aérea pueda llevar a cabo vuelos entre ciudades de la UE, debe estar controlada por capital comunitario. Cuando en 2020 el Reino Unido dejó de ser parte de la UE, EasyJet tuvo que partirse en tres entidades legales: una británica, otra suiza, y otra europea. Según la agencia de noticias Reuters, en la europea – EasyJet Europe – los votos de los accionistas que no son de la UE, el Área Económica Europea, o Suiza, están limitados de manera que no excedan el 49,9%. Castlelake es de Minnesota, así que, si compra la aerolínea, tendrá que hacer algún malabarismo jurídico para cumplir esos límites y, al mismo tiempo, mantener el control efectivo de la empresa.
De llevarse a cabo la operación, sería una apuesta por el turismo español de Castlelake, que ya tiene una oficina en el centro de Madrid, donde gestiona la promotora inmobiliaria Aedas Homes y la socimi especializada en hoteles de lujo Millennium Hotels. En 2025, los viajes a y desde España de EasyJet llevaron a 18,6 millones de personas, lo que significa el 19,9% de todos sus viajeros. En 2026, la compañía espera abrir en Barcelona su primer ‘hub digital’, en el que desarrollar y gestionar los productos y servicios online de la empresa, y mantener la expansión de sus actividades y tráfico de pasajeros en España.
Castlelake tiene hasta el 26 de junio, según la normativa británica, para lanzar una oferta formal por EasyJet, que tiene su base de operaciones en el aeropuerto de Luton, en el norte de Londres, desde el que se desarrolló en los años sesenta el concepto de ‘paquete de fin de semana’, para referirse a viajes cortos, normalmente al sur de Europa, que es el principal segmento en el que la línea aérea opera. EasyJet ha calificado el interés de Castlelake de «altamente oportunista», lo que es una manera sutil de decir que cree que el fondo se quiere aprovechar de la crisis para hacerse con la empresa a un precio inferior al de mercado.
Pero la Bolsa ha reaccionado con más entusiasmo. La acción de la empresa subió un 5% el viernes, cuando se desataron los rumores, y había avanzado ayer lunes otro 12% a media sesión después de que EasyJet confirmara el interés de Castlelake. EasyJet tiene un valor en Bolsa de unos 3.000 millones de libras (casi 3.500 millones de euros), después de haber perdido más del 50% en los últimos cinco años.
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