Imagine que tiene que vivir en una habitación pedaleando una bicicleta estática para ganar dinero virtual. Usted pedalea con esfuerzo por meses para acumular una gran cantidad, pero al final solo le alcanza para gastar en pocos artículos. Compra un solo billete de 6.000 euros para participar en un programa y se termina. No gana y queda otra vez condenado a pedalear por más. Y, aunque esto es la sinopsis de un capítulo de la serie de Black Mirror, también es algo que suele ocurrir mucho en las finanzas, sobre todo cuando se acerca el verano y las vacaciones.
Un 32% de los españoles no pueden pagarse una semana de vacaciones fuera de casa y para muchos la oferta veraniega obliga a financiar los viajes
Imagine que tiene que vivir en una habitación pedaleando una bicicleta estática para ganar dinero virtual. Usted pedalea con esfuerzo por meses para acumular una gran cantidad, pero al final solo le alcanza para gastar en pocos artículos. Compra un solo billete de 6.000 euros para participar en un programa y se termina. No gana y queda otra vez condenado a pedalear por más. Y, aunque esto es la sinopsis de un capítulo de la serie de Black Mirror, también es algo que suele ocurrir mucho en las finanzas, sobre todo cuando se acerca el verano y las vacaciones.
Muchas personas trabajan por 11 meses para ahorrar una cantidad significativa, pero deciden gastarlo todo en apenas cinco o 15 días de playa. De hecho, un 32% de los españoles no pueden pagarse una semana de vacaciones fuera de casa, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). «El ahorrar o gastar en unas vacaciones fuera de las posibilidades, muchas veces, es una decisión», asegura Richard Gracia, experto en inversión y finanzas personales. Y no va en contra de las vacaciones, sino en la falta de disciplina que, a largo plazo, condena la libertad financiera de las personas; sobre todo en un contexto donde muchos prefieren elegir el «vivir experiencias» y el «disfrute inmediato» frente a planear su futuro financiero. «Antes era inconcebible no ahorrar y gastarse todo en salir de fiesta o ir de vacaciones. Hoy en día, mucha gente (no todo el mundo) sí prefiere y decide hacerlo hipotecando su futuro», menciona.
Por ejemplo, Gracia indica que «hay una responsabilidad individual y capacidad de decisión para priorizar el ahorro en lugar de coger vacaciones que están fuera de las posibilidades», dice. Se trata de ser «coherentes y consecuentes con la situación de cada uno». Algo que con la presión de las redes sociales a aumentado mucho porque hay cada vez más estimulos que generan «esa ansia de vivir experiencias que no se puede permitir» e, incluso, llega a convertirse en un problema para la salud mental que impacta en las finanzas. «Si se trata de compensar ese tipo de cosas gastando dinero por encima de las posibilidades, probablemente no va a ayudar al autoestima. Será un parche y también acaba dilapidando el futuro financiero».
Este efecto está potenciado con el impulso del marketing digital y los anuncios que empujan a los usuarios a gastar. Por esto, muchos terminan incluso pidiendo préstamos para financiar productos o viajes a lugares fuera de sus posibilidades. «Las vacaciones son un gasto e, idealmente, se deberían pagar con el dinero que se ahorra previamente para ese objetivo», señala Gracia. Sin embargo, optar por financiación externa genera un «espiral de deuda» porque «si este año ya ha costado ahorrar para irse de vacaciones, el año que viene va a costar todavía más». Si gasta el ahorro de un año en una semana, esto le regresará a la bicicleta con el contador a cero.
La OCU indica que los préstamos «no suelen reunir las mejores condiciones, pero tampoco las peores», aunque la mayoría fijan un importe mínimo a solicitar de 3.000 euros. Mientras tanto, la tarjeta de crédito, dependiendo de la entidad, ofrece una TAE (incluye el tipo de interés, las comisiones y los gastos obligatorios) desde 4,29%, que la organización califica como la mejor opción, hasta la peor de 23,85%. Por otro lado, las agencias de viaje «es la que ofrece financiación menos mala porque parten de una TAE de 15,39%».
A pesar de las mejores opciones, la OCU advierte que «después del verano suelen llegar pagos importantes, como los asociados a la vuelta al cole, recibos pendientes o impuestos, además de los imprevistos», por lo que cabe preguntarse si se va a poder asumir las cuotas durante los próximos meses sin comprometer otros gastos. En la misma línea, Gracia apunta que irse de vacaciones implica un ahorro previo destinado específicamente a ese objetivo. De no ser posible, «intentar financiarlo a muy corto plazo para no tener intereses».
«Se trata de seguir teniendo una disciplina, un presupuesto, y dentro de ese haz lo que quieras, porque si te sales tiras por tierra todo lo que has trabajado el resto del año», apunta Gracia. Para esto, el primer paso para el experto es ser realistas con la capacidad ed ahorro. «Si esto implica que hay que irse de vacaciones a un sitio más humilde o dentro de España en lugar de ir al extranjero, hay que hacerlo», recomienda. Además, planificar con tiempo evita que las personas improvisen y terminen gastando de más.
Durante las vacaciones, lo usual es tener controlados los gastos de alojamiento y de desplazamiento porque suelen ser los más grandes, pero hay muchos que se quedan fuera y terminan disparando el presupuesto del viaje, por ejemplo, la comida, las actividades y pequeños regalos. «Ese tipo de cosas parece una tontería, pero todo suma y pueden representar la misma cantidad o incluso más de lo que era el vuelo y el hotel», señala el experto.
En caso de tener cierta flexibilidad en la parte laboral, recomienda «aprovechar las épocas de valle, es decir, cuando las cosas estás baratas». Por ejemplo, evitar julio y agosto, cuando en algunos empleos hay una jornada reducida, para optar por septiembre e incluso octubre, cuando todo vuelve a la normalidad y los precios son más bajos.
Actualidad Económica. Noticias de Economía Nacional e Internacional
