En tiempos de incertidumbre, menos es más. Al menos cuando se trata del marco regulatorio que rige la toma de decisiones en las empresas ante el desafío de las tensiones geopolíticas, transformación digital y la sostenibilidad. Para el tejido empresarial español, la competitividad no solo depende de la solvencia, sino de la capacidad de sus Gobiernos Corporativos para actuar con agilidad sin quedar atrapados en una red burocrática excesiva. «Hay una línea muy delgada entre el uso y el abuso regulatorio, y el abuso te puede llevar a la parálisis total», ha advertido María Dolores Dancausa, presidenta de Bankinter.
Los cambios en la agenda de las empresas en medio de las tensiones geopolíticas y la transformación digital fueron los ejes de la nueva edición del Foro del Gobierno Corporativo y del Consejo
En tiempos de incertidumbre, menos es más. Al menos cuando se trata del marco regulatorio que rige la toma de decisiones en las empresas ante el desafío de las tensiones geopolíticas, transformación digital y la sostenibilidad. Para el tejido empresarial español, la competitividad no solo depende de la solvencia, sino de la capacidad de sus Gobiernos Corporativos para actuar con agilidad sin quedar atrapados en una red burocrática excesiva. «Hay una línea muy delgada entre el uso y el abuso regulatorio, y el abuso te puede llevar a la parálisis total», ha advertido María Dolores Dancausa, presidenta de Bankinter.
En el 2010, en plena crisis económica, los Consejos de Administración podían dedicar el 80% del tiempo al negocio. Ahora, Dancausa ha señalado que «apenas podemos dedicarle el 25% porque el resto de temas te matan»; y no solo por la cantidad de regulación, sino la velocidad con la que llegan. «En el afán de impedir que se cometan errores, se va a impedir también que se cometan aciertos», ha apuntado la presidenta. Y es que precisamente la competitividad, que depende de la agilidad y la solidez de las empresas, dirigió la jornada de este martes en el Foro del Gobierno Corporativo y del Consejo: el gobierno como herramienta de competitividad, organizado por KPMG, EL MUNDO y Actualidad Económica.
Eso sí, la petición de mayor agilidad no debe confundirse con una voluntad de eliminar las normas. «La solvencia y la solidez son fundamentales para el buen funcionamiento de la economía», ha matizado Dancausa, por lo que la simplificación «no debe ser desregulación porque debemos mantener un equilibrio con la protección del inversor». Sin embargo, la solvencia por sí sola no garantiza la supervivencia si el marco normativo impide el movimiento. La competitividad depende de equilibrar esa robustez financiera con la capacidad de respuesta en un contexto de alta incertidumbre con eventos como la guerra de Ucrania, la inestabilidad en Oriente Próximo y las tensiones entre bloques.
«La incertidumbre se ha convertido en la única certidumbre», ha destacado Joaquín Manso, director de El MUNDO. «Vivimos en un sistema global que avanza y cambia más rápido de lo que las sociedades, los gobiernos y muchas compañías son capaces [de asimilar» y la función del administrador es hoy más exigente porque debe «ayudar a interpretar el presente y anticipar el futuro». Un reto para los Gobiernos Corporativos, pero que se traslada a nivel europeo en materia de soberanía estratégica. «Europa anda muy por detrás de los Estados Unidos y de China» en términos de competitividad, ha señalado Juanjo Cano, presidente de KPMG. «Tenemos una Unión Europea extremadamente fragmentada. Ahí entramos en la imperiosa necesidad de la simplificación normativa y regulatoria». Algo que va en línea con los cambios que la Comisión Europea está abordando para priorizar la simplificación administrativa, el pragmatismo económico y la autonomía tecnológica.
Desde la perspectiva de KPMG, recuperar el terreno perdido exige que el Buen Gobierno actúe como un motor que permita a las empresas ganar escala y visión de futuro. Cano subrayó que España tiene ante sí una oportunidad histórica si logra eliminar las trabas que hoy lastran su productividad y ha destacado que el país cuenta con «unas ventajas diferenciales, entre otras lo que es el coste de la energía».
El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Carlos San Basilio, también ha visto en el gobierno corporativo una oportunidad estratégica para que los Consejos impulsen la competitividad en España. San Basilio ha defendido que el foco debe alejarse de la visión tradicional que asocia las normas con «cargas adicionales, rigideces y costes», para centrarse en lo que el buen gobierno realmente aporta: una mejor calidad en la toma de decisiones y una mayor confianza para los inversores.
Por esto, ha aprovechado para adelantar que el organismo trabaja en una actualización del Código de Buen Gobierno, prevista para 2027, que tendrá la simplificación como eje. El objetivo es evitar que la normativa sea «excesivamente meticulosa» e invasiva con la gestión diaria, permitiendo que el nuevo texto «diga menos sobre los temas que ya son sabidos, que están asumidos y consolidados, y diga más sobre los temas nuevos y los que son más relevantes», como la IA. Con este movimiento, el regulador busca garantizar que el marco normativo no sea un freno, sino una herramienta que respete la autonomía de las empresas y potencie su crecimiento en el tablero internacional.
En este sentido, Mª José García Beato, consejera de EDP, Banco Sabadell, Grupo ACS e Iberpapel, y Fernando Caballero, Managing Director de Aon Global Risk Consulting, han señalado que la gestión de riesgos debe ser transversal para «tomar buenas decisiones». Sin embargo, han advertido sobre el riesgo de «sobrecarga» en las comisiones de auditoría, señalando que el reporte debe ser una consecuencia del trabajo del consejo y no el foco mismo, evitando que la burocracia nuble la visión de negocio.
Otro tema (como no podía dejar de serlo), es la inteligencia artificial. Está aquí, lo saben los Consejos. Sin embargo, el debate ha dejado de ser sobre su implementación y se ha centrado en cómo hacerlo sin delegar el control del futuro de la empresa en terceros. «En Europa vamos tarde, no en soberanía digital, sino en independencia tecnológica», ha alertado Elena Liria, consejera delegada de Madrid Digital. Según Liria, el hecho de que las infraestructuras críticas y los modelos más innovadores sean mayoritariamente norteamericanos o chinos genera una dependencia que los Consejos deben gestionar como un riesgo estratégico de primer nivel.
Por su parte, Luis Álvarez Satorre, consejero de CaixaBank y presidente de NEORIS, ha subrayado que la IA debe estar obligatoriamente en la agenda del Consejo, pero no para hablar de algoritmos, sino para entender su impacto emocional y de negocio. Para Álvarez Satorre, la función del consejero es elevar la mirada hacia lo que denomina «inteligencia aumentada», es decir, el uso de la tecnología para dar «más cerebro a los empleados» y permitir que las organizaciones reinventen sus procesos de raíz. No obstante, el Consejo debe integrar en su estrategia la incertidumbre financiera de esta transformación, y vigilar de cerca la viabilidad de la inversión ante la volatilidad del coste de los tokens y la necesidad de un retorno claro para no comprometer la rentabilidad de la compañía.
Entre otros temas, la jornada también ha abordado una visión geopolítica y sus impactos en la estrategia de las empresas por parte de la investigadora principal del Real Instituto Elcano, Judith Arnal, y la «incertidumbre regulatoria» en materia de sostenibilidad. Teresa Quirós, consejera independiente y presidenta del Consejo de Alumni de la Escuela de Consejeros, y Roberto Fernández, director de Sostenibilidad de Iberdrola, han analizado la actual «resaca regulatoria» y han coincidido en que es vital pasar de una sostenibilidad mecánica de informes interminables a una estratégica basada en la perdurabilidad del negocio.
Fernández ha destacado que «las compañías necesitamos que reguladores y verificadores nos ayuden a interpretar y aplicar la normativa de un modo útil para los usuarios, proporcionando en relación a emisores competidores, eficiente para las compañías y razonable ante los mercados». En el caso de Iberdrola, la sostenibilidad no se ha desarrollado como una agenda paralela al negocio, sino integrada en decisiones estratégicas que han marcado la evolución de la compañía durante décadas, como la apuesta por la electrificación, las energías renovables, las redes o la innovación.
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