Diez años en tecnología dan para mucho. En el caso de Making Science, para protagonizar un carrusel de compras que le han llevado de Georgia hasta Estados Unidos para estar presentes en 18 mercados, facturar más de 360 millones de euros y salir a cotizar en BME Growth. Sin embargo, para su fundador, José Antonio Martínez Aguilar, más conocido como JAMA, el camino no ha hecho más que comenzar y la inteligencia artificial ha provocado un giro completo en lo que es la empresa en los últimos años justo al tiempo que entra en su etapa de «madurez».
La compañía fundada por José Antonio Martínez Aguiler apuesta por crecer a nivel internacional y dispara su productividad con la IA
Diez años en tecnología dan para mucho. En el caso de Making Science, para protagonizar un carrusel de compras que le han llevado de Georgia hasta Estados Unidos para estar presentes en 18 mercados, facturar más de 360 millones de euros y salir a cotizar en BME Growth. Sin embargo, para su fundador, José Antonio Martínez Aguilar, más conocido como JAMA, el camino no ha hecho más que comenzar y la inteligencia artificial ha provocado un giro completo en lo que es la empresa en los últimos años justo al tiempo que entra en su etapa de «madurez».
Martínez fundó la compañía tras trabajar durante años en Google y con el objetivo de convertirse en uno de los grandes actores del marketing digital. Esta meta no cambia con la IA, pero sí que transforma los caminos para lograrlo y diversifica parte de sus ingresos.
«Siempre hemos tenido mucha tecnología apoyando al negocio y en ese sentido la IA nos va bien. Podemos aprovechar la ola agéntica para prototipar más rápido y luego tenemos todo el ecosistema preparado para la puesta en producción, un modelo de software sólido y la capacidad para venderlo», señala el consejero delegado de la firma en una entrevista en Actualidad Económica.
La IA ha disparado la capacidad de producir del grupo, que ha visto cómo se eleva el volumen de líneas de código que se escriben en la tecnológica. Acabó 2025 con un 80% más que el año anterior y en la primera mitad de 2026 el ascenso es del 50%, lo que permite plantearse objetivos ambiciosos. «Con el mismo Capex, yo quiero producir cinco veces más», asegura el directivo.
Martínez se precia de haber impulsado de forma agresiva un cambio cultural en la compañía para que abrace la IA y los resultados empiezan a ser tangibles, tanto en la parte para clientes o a nivel interno, donde la empresa ha permitido a los empleados crear cientos de agentes y está escalando los más adaptables a su etapa y transformando algunos en productos.
En su oferta comercial, ha introducido nuevos verticales de negocio como Awake, enfocado a crear productos, startups y nuevas soluciones de IA; Admachina, para optimizar campañas; y otras soluciones enfocadas a probar campañas con usuarios sintéticos creados con IA o un nuevo servicio de GEO (posicionamiento en chatbots).
Uno de los ejemplos del potencial que desbloquean estas soluciones es la campaña que han hecho junto a Mazda. «Lanzó una campaña con 700 creatividades, que era muy caro hacerlo antes. Lo pasas por nuestro optimizador y miras cuáles han funcionado mejor y optimizas la segunda tanda», señala el CEO.
Las variables son casi infinitas: desde mirar si es más llamativo el coche con los faros encendidos o apagados o una posición frontal y lateral pasando por cambios en el entorno donde se muestra el coche. Todo generado con la IA.
La aplicación de esta tecnología a escala no está exenta de desafíos y uno es el coste, aunque el fundador de Making Science confía en que el precio de los tokens continúe bajando, a la vez que las herramientas van aportando más inteligencia.
Para ello, eso sí, considera necesario que las empresas sean responsables con el uso de los modelos de IA y asignen a cada tarea un modelo de un tamaño adecuado para optimizar los costes. «Igual que no tiene sentido ir en avión de Madrid a Alcalá de Henares, hay que ser cuidadoso con qué asignamos a tareas como un chatbot interno», apunta.
La segunda parte de su teoría es que se repetirá la famosa Paradoja de Jevons: a menor coste de la inteligencia, se disparará la demanda de nuevas soluciones creadas con IA. Making Science ya ha vibecodeado algunas soluciones de su intranet (que ahora es un chatbot), pero Martínez se desmarca tanto de los pesimistas del software como los catastrofistas con el empleo. «En tres años los ingenieros de software van a ser más caros que hoy», vaticina.
Tampoco cree que la IA pueda terminar con los servicios o que su compañía esté expuesta a que Anthropic o ChatGPT saquen un módulo especializado en marketing electrónico que le deje obsoleto. «Yo creo que el trabajo que hace un proveedor de servicios va mucho más allá que la pura automatización. Anthropic te da eso, pero no la seguridad, la capacidad humana de atenderte o la orquestación de costes», explica Martínez.
Aunque parte del negocio de la compañía se basa en software, el directivo se desmarca del SaaS y considera su núcleo los servicios. «Nuestro foco siempre ha sido dar el servicio con unas capas de tecnologías muy fuertes, remarca.
La compañía cotiza en BME Growth desde el preámbulo de la pandemia (febrero de 2020) y sus títulos han caído desde la euforia de 2022 con las empresas digitales hasta una valoración que Martínez (y los analistas) consideran que no casa con los fundamentales, que sitúan el valor de la firma en casi el doble de los 56 millones que capitaliza.
La situación no es extraña en el mundo de los servicios profesionales, con las valoraciones a la baja por la irrupción de la IA, un escenario que JAMA quiere aprovechar para alguna compra a valoración más comedida. «Es difícil saber cuánto vale una compañía, porque no sabes cómo de defendible es su modelo de negocio. La diferencia es que los servicios se van a seguir necesitando en el futuro. La duda es quién va a ganar dentro de los servicios, pero la mayoría de categorías disrumpidas van a existir dentro de 10 años», vaticina el directivo. La compañía repartió su primer dividendo tras la venta de su división de ciberseguridad este año, una remuneración extraordinaria, pero que podría repetirse a medida que la empresa se vuelve más rentable.
Este achaca también la valoración de su firma a la poca liquidez para las small caps en Europa y pide incentivos para que se facilite la inversión en este sector a institucionales y particulares y evitar así la fuga de capital a EEUU.
«El hecho de que en Europa haya parte de la inversión que se vaya a EEUU perjudica a las empresas europeas. Si tienes una valoración baja y quieres comprar compañías pagando en acciones, pues si vas a por una empresa americana puede ser un problema», ilustra el directivo, que ha invertido más de 60 millones en compras y apunta a una nueva década al frente de Making Science más tranquila en ese aspecto y frenética en lo tecnológico para asentarse como uno de los ganadores de la IA.
Actualidad Económica. Noticias de Economía Nacional e Internacional
