El consejero delegado de Volkswagen, Oliver Blume, advirtió este lunes por primera vez a la plantilla de que el grupo podría verse obligado a suprimir otros 50.000 puestos de trabajo además del programa de reducción de empleo ya en marcha en Alemania si no consigue rebajar de forma sustancial sus costes estructurales. La advertencia, contenida en un memorando interno dirigido a los trabajadores, vuelve a situar sobre la mesa un ajuste de dimensiones similares al que la dirección intentó sacar adelante la pasada semana y que el Consejo de Vigilancia frenó.
El grupo estudia otros 50.000 recortes además del ajuste ya previsto en Alemania si no logra reducir de forma sustancial sus costes estructurales
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El consejero delegado de Volkswagen, Oliver Blume, advirtió este lunes por primera vez a la plantilla de que el grupo podría verse obligado a suprimir otros 50.000 puestos de trabajo además del programa de reducción de empleo ya en marcha en Alemania si no consigue rebajar de forma sustancial sus costes estructurales. La advertencia, contenida en un memorando interno dirigido a los trabajadores, vuelve a situar sobre la mesa un ajuste de dimensiones similares al que la dirección intentó sacar adelante la pasada semana y que el Consejo de Vigilancia frenó.
Los 50.000 empleos adicionales citados por Blume se sumarían a los 50.000 puestos cuya eliminación ya está prevista en Alemania hasta 2030, lo que elevaría hasta 100.000 el volumen potencial de empleos afectados por la reestructuración. El consejero delegado insistió, sin embargo, en que no se trata de una decisión adoptada, sino de una «deducción teórica» derivada del objetivo de reducir alrededor de un 20% los costes de administración, infraestructuras y servicios de apoyo, que el grupo considera todavía muy superiores a los de sus principales competidores.
«Actualmente estamos evaluando en todas las marcas, sociedades y regiones qué ajustes son realmente necesarios y posibles», señala Blume en el documento interno. El directivo añade que los costes laborales no dependen únicamente del número de empleados, sino también del coste por trabajador, lo que deja abierta la puerta tanto a nuevas reducciones de plantilla como a otras medidas destinadas a mejorar la productividad.
Volkswagen ya tiene en marcha un programa de reducción de 50.000 empleos en Alemania hasta 2030, de los que 35.000 corresponden a la marca Volkswagen y el resto a filiales como Audi y Porsche. Según los datos facilitados ahora por Blume, más de 37.000 trabajadores han firmado ya acuerdos de salida y alrededor de 27.000 habrán abandonado el grupo antes de finalizar este año.
Las nuevas declaraciones llegan apenas unos días después de la tensa reunión del Consejo de Vigilancia en la que la dirección presentó su estrategia para recuperar la competitividad del fabricante. En los días previos, diversos medios alemanes habían informado de que Blume pretendía obtener el respaldo del máximo órgano de supervisión para un plan mucho más ambicioso que contemplaba la eliminación de hasta 100.000 o incluso 120.000 empleos en todo el mundo y el posible cierre de cuatro plantas alemanas: Hannover, Emden, Zwickau y la fábrica de Audi en Neckarsulm.
Finalmente, el Consejo de Vigilancia no respaldó ese paquete. En su lugar aprobó un plan estratégico compuesto por doce iniciativas orientadas a simplificar la estructura del grupo, reducir la complejidad de la gama de modelos, adaptar la capacidad de producción a la demanda, regionalizar el desarrollo de productos y tecnologías y rebajar los costes estructurales. La dirección recibió así el mandato de profundizar en el proceso de transformación, pero sin el respaldo explícito al drástico programa de cierres y despidos que había trascendido en la prensa.
El memorando enviado ahora a la plantilla demuestra, sin embargo, que el debate está lejos de darse por cerrado. Blume sostiene que Volkswagen sigue soportando unos costes estructurales alrededor de un 20% superiores a los de empresas comparables, una desventaja que atribuye al exceso de complejidad interna, al deterioro del negocio en China y al incremento de la competencia internacional, especialmente en el mercado del vehículo eléctrico.
Pese a ello, el consejero delegado insiste en que su prioridad continúa siendo encontrar «soluciones más inteligentes» que el cierre de fábricas. La dirección estudia alternativas como la reasignación de producción, la especialización de determinadas plantas o la búsqueda de nuevos proyectos industriales para las instalaciones con menor carga de trabajo. No obstante, evita descartar definitivamente esa posibilidad si las medidas de ahorro no resultan suficientes.
Las advertencias de Blume reabren el enfrentamiento con los representantes de los trabajadores y con el estado federado de Baja Sajonia, segundo accionista del grupo, que ya se opusieron al plan más duro debatido la pasada semana. Aunque los 50.000 empleos adicionales siguen siendo por ahora una hipótesis de trabajo y no una decisión formal, el mensaje del consejero delegado deja claro que la dirección considera inevitable profundizar en el ajuste si Volkswagen quiere recuperar la competitividad perdida frente a sus rivales.
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