El Reino Unido se asoma de nuevo al caos político y fratricida que protagonizaron durante años los gobiernos conservadores. Al menos 70 diputados laboristas han pedido al primer ministro que dé un paso atrás y deje que alguien nuevo se ponga al frente. Si la cifra llega a 81, según las reglas internas del Partido Laborista, se pondría en marcha automáticamente un proceso de primarias.
“Voy a demostrar a los que dudan de mí que se equivocan”, ha dicho el primer ministro británico. Los críticos reclaman unas nuevas primarias para septiembre
El Reino Unido se asoma de nuevo al caos político y fratricida que protagonizaron durante años los gobiernos conservadores. Casi 70 diputados laboristas han pedido al primer ministro que dé un paso atrás y deje que alguien nuevo se ponga al frente. Si la cifra llega a 81, según las reglas internas del Partido Laborista, se pondría en marcha automáticamente un proceso de primarias.
Pese a esta situación, Keir Starmer no ha sacado un conejo de la chistera. No corresponde con el estilo de un primer ministro reacio a las sorpresas y a los golpes de efecto. En el discurso de este lunes por la mañana, que muchos consideraban crucial para determinar si su carrera política puede sobrevivir, después del hundimiento del Partido Laborista en las elecciones municipales de Inglaterra y autonómicas de Escocia y Gales celebradas la semana pasada, ha decidido desafiar a sus críticos y advertir a sus diputados y compañeros de formación del “caos” en que podría sumirse el Reino Unido si resucitan las guerras fratricidas que protagonizaron los conservadores en años previos.
“La idea respecto a un Gobierno que cambia continuamente de liderazgo, y el daño que algo así puede provocar al país, no es una mera discusión académica. Ya hemos comprobado la destrucción que provocó con los gobiernos anteriores. Nunca se perdonaría a un Gobierno laborista que repitiéramos aquello”, ha dicho Starmer en un centro cívico de Londres repleto de afiliados y simpatizantes aún leales al primer ministro.
“No voy a ignorar el hecho de que muchas personas duden de mí o estén frustradas conmigo, dentro de mi propio partido, pero voy a demostrarles que están equivocados”, ha desafiado el primer ministro a las voces que en las últimas horas reclaman su dimisión.
Starmer ha prometido un “cambio incremental” de las medidas y promesas programáticas con las que el Partido Laborista ganó las elecciones en julio de 2024 y llegó al poder, después de 14 años de gobiernos conservadores.
Y entre esas promesas, resulta central la de un mayor acercamiento a la UE. El enemigo principal del laborismo es hoy Nigel Farage, el líder del partido de ultraderecha Reform UK y principal impulsor del Brexit, al que Starmer ha definido como un “estafador” y un “oportunista”.
“Tanto en crecimiento económico, como en inversión en defensa, en materia energética o respecto a Europa, necesitamos una respuesta mayor que la que anticipamos en 2024″, ha reconocido el primer ministro. “El Gobierno anterior será recordado por romper nuestra relación con Europa. El Gobierno laborista será recordado por reconstruir esa relación, por volver a poner al Reino Unido en el corazón de Europa, para volver a ser más fuertes económica, comercial y militarmente”, ha prometido.
Starmer quiere que ese impulso se materialice en la próxima cumbre bilateral del Reino Unido y la UE prevista para este verano, y que ese encuentro incluya finalmente el regreso de la movilidad juvenil entre ambos bloques, con visados generosos para trabajadores y estudiantes menores de 30 años.
Europa era el principal reclamo de un mensaje en el que también ha querido hacer guiños a los sindicatos, que desde hace meses han declarado la guerra a un Gobierno que consideran escorado a la derecha, que fue incapaz de sacar adelante las medidas más importantes de una reforma laboral que enseguida rebajó en sus ambiciones. Starmer ha anunciado la nacionalización por vía de urgencia de British Steel, la industria de acero que fue privatizada en 1998 y que Downing Street se vio obligado a rescatar recientemente: “Propiedad pública en defensa del interés público, un Gobierno del lado de los trabajadores, para lograr un Reino Unido más fuerte con una industria renovada”, anunciaba.
El primer ministro ha echado mano en su discurso de toda la pasión que un personaje como él, juzgado de frío y robótico por los suyos, necesita en estos momentos para salvar su carrera política. En las horas siguientes a sus palabras, las reacciones de sus rivales se han vigilado con lupa para deducir si Starmer ha sido capaz de ganar algo de tiempo o si será esta misma semana cuando se desencadene una rebelión interna en su contra.

Las primeras voces del grupo parlamentario laborista que han reaccionado al discurso del primer ministro eran más bien de decepción, mezclada con precaución. Han surgido más diputados, hasta sumar casi setenta, que reclaman una transición ordenada y un calendario de salida del actual Gobierno, para que pueda ponerse en marcha una competición por el liderazgo del partido.
Lo más relevante es que, dentro de es grupo, cuatro secretarios privados parlamentarios han presentado su dimisión. Son diputados que, de modo voluntario, ejercen de delegados y enlace de un ministro dentro del grupo parlamentario. En la estructura jerárquica del Reino Unido, es el primer paso antes de pensar en dar un salto al Gobierno, en puestos inferiores.
Que de esos cuatro uno sea Joe Morris, el secretario del ministro de Sanidad, Wes Streeting, es muy relevante. Streeting, enmarcado en el ala derecha del laborismo, es uno de los aspirantes a relevar a Starmer.
Catherine West, la diputada que sorprendió a unos y otros este fin de semana al anunciar que activaría este lunes el mecanismo necesario para que comenzara el proceso de sustitución de Starmer si no le convencía el discurso del primer ministro, ha decidido no ir tan lejos, pero dar aun así los primeros pasos en esa dirección. Al anunciar que va a consultar a todos sus compañeros de grupo parlamentario si Starmer debería anunciar un calendario de retirada, logrará que salga a la luz el descontento general que existe, y que ya han expresado públicamente más de medio centenar de representantes laboristas. West reclama en su correo, enviado también a Downing Street, que el proceso de elección de nuevo líder tenga lugar en septiembre.
El diputado David Smith, que fue designado por el primer ministro Enviado Especial para la Defensa de la Libertad Religiosa en 2024 y gozaba de su confianza, ha resumido con sus palabras el deseo de muchos laboristas: “Debería ser una retirada ordenada y digna, para el propio primer ministro, para el Gobierno y por la salud del país”, explicaba al reclamar la renuncia de Starmer. “Porque no deber haber duda alguna de que el Partido Laborista tiene una deuda de gratitud con Starmer por el modo en que transformó la formación para convertirla de nuevo en una fuerza electoral ganadora”, recordaba.
Otras voces como las de Smith señalaban la causa última por la que, por mucha simpatía y aprecio que puedan tener por Starmer, consideran que es necesario que permita a otros tomar las riendas: “El mensaje de los votantes que represento ha sido claro y consistente: quieren un cambio, y ese cambio incluye un nuevo liderazgo. Como diputada de una circunscripción concreta, mi deber es ser honesta respecto a lo que oigo de cada vecino cuando estos días he llamado a la puerta de sus casas”, ha escrito Jo Platt para explicar su decisión de unirse al bando amotinado.
Cualquier intento de elegir un nuevo líder, señalan los rebeldes, tendría lugar pasado el verano, cuando los partidos británicos celebran sus tradicionales congresos anuales, que en la jerga política se conocen como conferencias.
El candidato favorito de muchos laboristas es el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, pero en estos momentos no dispone de un escaño en la Cámara de los Comunes, condición necesaria para poder aspirar al liderazgo. El propio Starmer utilizó sus poderes en el partido para frenar el intento de Burnham de lograr convertirse en diputado el pasado febrero. Sus aliados tendrían que dar con una vía para volver a intentarlo cuanto antes.
Starmer ha sido preguntado por ello, y en esta ocasión ha dicho que la decisión de permitir a Burnham abandonar su alcaldía y acceder al Parlamento dependía del Comité Ejecutivo Nacional del partido, dando a entender que él no interferiría esta vez.
“Como partido, tenemos que ser mejores que todo esto, poner nuestros principios por delante de las luchas tribales. Y podemos empezar por reconocer que Burnham nunca debió ser bloqueado, y que la dirección del partido debe enmendar ese error”, ha dicho Angela Rayner minutos después de escuchar a Starmer.
La ex viceprimera ministra, que se vio forzada a abandonar el Gobierno por un impago de impuestos en su segunda vivienda, no disimula ya su animadversión hacia Starmer, pero en los últimos días ha dejado entender que, antes que aspirar a sustituirle, prefiere apoyar un hipotético desafío protagonizado por el alcalde de Mánchester.
Lo que sí ha dejado claro el primer ministro, al menos de momento, es que si finalmente hay una competición por liderar el Partido Laborista, también él luchará por seguir ocupando ese puesto.
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