El Gobierno de Keir Starmer y el Partido Laborista que lidera han entrado en una situación de crisis existencial después de los desastrosos resultados obtenidos en las elecciones municipales de Inglaterra y en las autonómicas de Escocia y Gales, celebradas todas ellas el pasado jueves. De los 5.000 concejales que estaban en juego, más de la mitad estaban en manos del laborismo. Con el 90% del escrutinio, el partido había perdido más de 1.200, un hundimiento de dimensiones históricas. En Escocia, la victoria del Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) permitirá a esta formación independentista seguir al frente del Gobierno autónomo. En Gales, tierra de mineros y feudo histórico de la izquierda tradicional y obrera, los nacionalistas de Plaid Cymru (Partido de Gales) han obtenido la primera posición y estarán en disposición de gobernar. La ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage, ha logrado entrar con fuerza en el Parlamento autónomo y relegar a una humillante tercera posición al partido de Starmer.
La ultraderecha de Nigel Farage logra un resultado histórico y cosecha cientos de concejales por toda Inglaterra
El Gobierno de Keir Starmer y el Partido Laborista que lidera han entrado en una situación de crisis existencial después de los desastrosos resultados obtenidos en las elecciones municipales de Inglaterra y en las autonómicas de Escocia y Gales, celebradas todas ellas el pasado jueves. De los 5.000 concejales que estaban en juego, más de la mitad estaban en manos del laborismo. Con el 80% del escrutinio, el partido había perdido poco más de un millar, un hundimiento de dimensiones históricas. En Escocia, la victoria del Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) permitirá a esta formación independentista seguir al frente del Gobierno autónomo. En Gales, tierra de mineros y feudo histórico de la izquierda tradicional y obrera, los nacionalistas de Plaid Cymru (Partido de Gales) han obtenido la primera posición y estarán en disposición de gobernar. La ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage, ha logrado entrar con fuerza en el Parlamento autónomo y relegar a una humillante tercera posición al partido de Starmer.
Farage, que ha visto cómo su partido ha pasado de tener apenas dos concejales en toda Inglaterra a lograr ahora más de 1.200 nuevos representantes, ha sido el gran vencedor de unas elecciones que, sobre todo, ponen contra la pared a Starmer, cuyo futuro político está en entredicho.
Consciente del debate que iba a resurgir en el seno de su partido y de su grupo parlamentario en los próximos días, el primer ministro comparecía a primera hora de la mañana del viernes en el barrio londinense de Ealing, para asegurar que “asumía la responsabilidad por los resultados”, pero que no iba “a dimitir”, como ya reclaman algunos desde las filas laboristas.
“Yo llevé al partido a la victoria electoral [en julio de 2024], y obtuvimos un mandato de cinco años para cambiar el país”, dijo Starmer. “No voy a abandonar ahora que debemos hacer frente a tantos desafíos y permitir que el país se hunda en el caos”, añadió.
Pero hasta los laboristas más críticos con el primer ministro son conscientes de que desencadenar en estos momentos una guerra fratricida y un desafío al liderazgo actual del partido sería castigado por los electores. La mayoría de las voces coinciden en señalar que Starmer no debería ser el candidato de unas elecciones que, en un principio, están previstas para 2029, pero que la formación debe darse un tiempo para decidir sus siguientes pasos. Sobre todo, cuando ninguno de los aparentes candidatos a protagonizar ese relevo se encuentra hoy en condiciones de lanzar su desafío.
“No debería haber movimientos precipitados [contra el primer ministro]. El partido deberá plantearse primero por qué hemos llegado a esta situación, y la cuestión del liderazgo deberá estar inevitablemente en la agenda. Pero si debe haber un cambio, habrá de ser una transición ordenada, y no un golpe interno”, señaló el diputado laborista John McDonnell, durante muchos años portavoz de Economía del laborismo, número dos del anterior líder, Jeremy Corbyn, y enemigo acérrimo de Starmer.
Es un mensaje casi unánime en el partido. La diputada Louise Haigh, que cuando habla son muchos los que interpretan que lo hace en nombre de su amigo, el alcalde de Mánchester, Andy Burnham (el favorito en la pugna por suceder a Starmer), también reclamó calma en declaraciones a la BBC: “No podemos descender a una batalla interna irresponsable y confusa. El primer ministro está realizando ahora una tarea excepcional en la escena internacional y es necesario que tenga éxito. (…) Pero el Gobierno debe escuchar el voto del electorado, y si no responde con un cambio urgente e importante, está claro que no podrá ser [Starmer] el candidato de las próximas elecciones”, añadió.
La victoria del partido de Farage, que ha celebrado una jornada de hitos históricos como los que suponen obtener por primera vez concejales en Londres; arrebatar a su archienemigo, el Partido Conservador, un bastión como Essex; o colocarse en segunda posición en un territorio como Gales, empieza a cimentar la posibilidad, sugerida desde hace más de un año por todas las encuestas, de que el político populista que resultó clave para lograr el triunfo del Brexit pudiera un día llegar a ser el primer ministro del Reino Unido.
“Creo que lo que ha ocurrido es un giro histórico en la política británica. Estábamos muy acostumbrados a pensar en términos de izquierda y derecha, pero Reform UK no ha ganado solo en circunscripciones donde ganaban tradicionalmente los conservadores, sino incluso en zonas controladas por el laborismo desde la I Guerra Mundial”, celebró Farage los resultados en el centro de escrutinio de Havering, un consejo municipal al este de Londres que ha acabado en manos de la formación de ultraderecha.
La “marea verde” encabezada por Zack Polanski, el sorprendente líder del Partido Verde, elegido hace apenas unos meses, que había seducido a mucho votante de izquierdas con su “ecopopulismo”, no ha sido finalmente tan apabullante como anunciaban algunos sondeos, pero ha robado espacio electoral al laborismo. Las acusaciones contra Polanski, él mismo judío, de haber tolerado el antisemitismo en su formación, se han cobrado cierta factura.
Aun así, la formación ha logrado un aumento muy considerable de sus concejales por toda Inglaterra, con cerca de 300 nuevos puestos, y ha obtenido victorias simbólicas, como la alcaldía del municipio londinense de Hackney, donde el laborismo había gobernado sin problemas durante años. “La política bipartidista no está muriendo. Está ya muerta y enterrada”, aseguraba Polanski. “La gente está harta del laborismo, y a la vez emocionada ante una alternativa verde que defiende a las personas y al planeta”, añadió.
El Partido Liberal Demócrata de Ed Davey, al que siempre le ha ido bien en las elecciones locales del Reino Unido, porque sabía capitalizar el voto de protesta, se ha visto eclipsado por la irrupción del Partido Verde y por la marea provocada por Farage. Aunque gana unas decenas más de concejales, casi un centenar, sus resultados tienen algo de decepcionantes.
Paradójicamente, el Partido Conservador parecía respirar algo más tranquilo que los laboristas, sin motivo aparente. Aunque también ha perdido cientos de concejales, celebró que habían sido menos que los caídos en la hecatombe laborista. E incluso han logrado conquistar territorios importantes en la capital británica como es Westminster. “No digo que los resultados sean perfectos. Las buenas estrategias llevan su tiempo, pero veo señales de renovación en estas cifras”, aseguró la líder del principal partido de la oposición, Kemi Badenoch, con cierto alivio. Comprobaba al menos que, a diferencia de los laboristas, todavía le quedaba una base mínima y aparentemente fiel de votantes.
En las próximas semanas, no será su liderazgo el que se ponga en cuestión, sino el del primer ministro Starmer.
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