En 2001, Pedro L. Barbero y Vicente J. Marín le pidieron a Maribel Verdú (Madrid, 1970) que amadrinara su primera película, Tuno negro, y que fuera la primera muerta de su asesino. Ella aceptó, acabó acuchillada en una capilla a los 10 minutos y con algo del terror en su interior. Ahora, 25 años después, este ha brotado en su primer protagonista en una película de género en cuatro décadas de carrera: Bajo tus pies
Tras más de cuatro décadas de carrera, protagoniza su primera película de terror, Bajo tus pies, en la que afloran los problemas sociales de nuestro tiempo
En 2001, Pedro L. Barbero y Vicente J. Marín le pidieron a Maribel Verdú (Madrid, 1970) que amadrinara su primera película, Tuno negro, y que fuera la primera muerta de su asesino. Ella aceptó, acabó acuchillada en una capilla a los 10 minutos y con algo del terror en su interior. Ahora, 25 años después, este ha brotado en su primer protagonista en una película de género en cuatro décadas de carrera: Bajo tus pies
«Me ha gustado esta experiencia. A lo mejor le digo a Belén [Rueda] que me deje hacer con ella alguna de miedo», dice la actriz, que ejerce de madre, de psicóloga y de víctima en la comunidad tenebrosa que ha desarrollado el argentino Cristian Bernard. Un proyecto que él mismo le presentó en Buenos Aires hace una década y que no se hizo real hasta hace un par de años. «Me gusta que sea en una comunidad de vecinos, donde hay tanta gente que te puede destrozar la vida y robarte el sueño que es comprarte un piso«.
- Ahora la verdadera pesadilla para mucha gente es realmente el poder llegar a comprar el piso.
- Es que es un problema tremendo, hemos perdido el derecho a tener una vivienda digna. Que está ahí escrito en la Constitución. Yo tengo unos amigos que se les acaba ahora el contrato y se tienen que ir a vivir a Elche y a Orense porque no pueden vivir aquí ya. Es dramático, no entiendo por qué se sigue jugando con esto y no se soluciona.
- En los últimos Goya, esta fue la gran reivindicación y se sucedieron las críticas porque se decía que ustedes eran unos privilegiados sin ese problema.
- Eso es una demagogia tremenda, es como decir que yo no puedo criticar que maltraten a las mujeres si mi marido no me pega a mí. ¿Tengo que vivir debajo de un puente para denunciar esto? ¿tengo que ir vestida con un chándal de Primark para protestar? Ahora no vamos a poder alzar la voz si no es un problema que suframos en primera persona, es todo ridículo. Yo lo único que no quiero en mi vida es gente tibia. Ni me gusta el café tibio, ni las sopas tibias, ni tampoco la gente. O muy caliente o muy fría, pero no esos que nunca se mojan en nada. No podemos mirar para otro lado con lo que está pasando.
- El cine español siempre se ha caracterizado por no hacerlo y por posicionarse políticamente.
- Siempre, siempre y a mí eso me gusta. Por eso veo también las pelis de Ken Loach, me enseñan la realidad. No podemos obviar la realidad que nos rodea porque sea dura y nos duela. Claro que puede haber cine que no sea social y es maravilloso poder abstraerte de la dureza de la vida. A mí me encanta ese cine y esa literatura también, pero creo una de las grandiosidades del cine es que te cambie la vida y tu manera de pensar.
«Un hombre solo tiene miedo a una mujer exitosa si es un acomplejado»
- Bajo la premisa del terror, esta película trata algunos otros temas sociales. Uno es el miedo de algunos hombres a las mujeres exitosas, ¿le suena familiar?
- Un hombre solo tiene miedo a una mujer exitosa si es un acomplejado. También lo habrá al revés, supongo. A mí me gustan esos hombres que admiran a las mujeres fuertes, poderosas y que toman decisiones en la vida. A quienes les asusten una mujer exitosa ellos sabrán por qué es.
- ¿Sigue suponiendo un lastre que ustedes se muestren fuertes y exitosas como sucedió en otros momentos?
- Para mí no es ningún lastre, es toda una ventaja. Yo soy muy segura desde que soy joven, siempre he tenido las ideas claras de lo que quiero en la vida aunque me haya equivocado en algunas. Pero eso es una cosa de cambiar con los años, que es genial. A mí me gustan las cosas claras porque soy cero indecisa. Me gusta decidir y no soy de quienes están media hora dudando cuando les preguntan dónde van a cenar. Es verdad que luego hay días que me equivoco, pero la decisión la he tomado yo. Es que tiene narices que tengamos que pelear para que eso no sea un lastre.
- Son más de 40 años los suyos…
- Empecé con 13 años, eh, los que tiene esta niña [Sofía Otero] y yo ya era una toda una tía. Me da una ternura verla a ella, me encanta que esto sea así ahora.
- Le decía que lleva más de 40 años en la profesión, era una niña cuando empezó y en uno de sus primeros papeles ya hacía de prostituta con 16 años en El orden cómico.
- Anda, es verdad, ya ni lo recordaba. Que mi cliente era Quique San Francisco y yo me vestía de Virgen María porque él se quería tirar a la virgen. ¿Hola? ¡Qué fuerte esto! Menos mal que hemos cambiado. Yo he hecho cosas siendo muy pequeña que ahora mismo las madres no dejarían hacer a sus hijos y que no se permitirían. Afortunadamente ahora existen los coordinadores de intimidad, ojalá hubieran existido antes porque lo hemos pasado mal muchas veces.
- ¿Se refiere a sufrir abusos? Que es algo que alguna vez ya ha deslizado.
- Al menos ahora existe un MeToo que nos protege y, en un momento dado, podemos coger un teléfono y pedirles que repitan lo que nos han dicho a cámara. Ahora siento que hay gente que me protege, que puedo estar segura y que me van a creer.
- Otro punto de esta película es su mirada a la religión en un momento de un supuesto repunto de fe. Su educación fue católica también, ¿cómo ve ese repunte?
- El día de mi primera comunión sigue siendo el día más feliz de mi vida. Te lo juro que es así, lo recuerdo porque me eligieron para salir a leer. Yo fui religiosa por cultura, pero luego por decisión dejé de serlo. A mí me parece que cada uno se tiene que agarrar a la vida como sea y como pueda. Ojalá yo tuviera de verdad la fe de los creyentes y me pudiera agarrar a eso, pero no la tengo. A mí la estrellita que me protege es mi abuela.
«Ni me gustan el café ni las sopas tibias, así que en mi vida tampoco quiero gente tibia que no se moje en nada»
- Precisamente de la personas mayores y de la soledad es algo de lo que también se habla en ‘Bajo tus pies’.
- La soledad, para mí, es de las cosas más tristes y tremendas. A mí en el covid me tocó mucho esa soledad que vivía la gente mayor y me dedique cuando salimos a ir a leerle a gente mayor a su casa. Es de las cosas más bonitas que he hecho. Yo espero no acabar sola porque he cuidado mucho a mis amigos. Ellos son mi vida y estoy siempre organizando quedadas. Somos animales sociales, necesitamos a gente en nuestra vida. Por mucho que digan, si te conviertes en un ermitaño en mitad de la montaña, tu calidad de vida será mucho peor. Que a mí me encanta estar sola cuando yo decido, pero me encanta hablar y compartir. Bueno, igual acabo más sola que la una, pero joder me lo estoy currando para que no sea así. De hecho, todas las amigas tenemos la idea de irnos a comuna.
- Explíqueme eso porque es un proyecto que voy escuchando cada vez a más gente para evitar las residencias.
- Nuestra idea es cuidarnos las unas a las otras porque tenemos alguna médica y alguna enfermera .Es que esto está fatal, todo lo que queda da mucho miedito. Hay que tener amigos de todas las profesiones, fundamental algún sanitario.
- Estamos hablando ahora de la vejez, hemos hablado antes de sus cuatro décadas de oficio, ¿le ha llegado ese momento en el que empieza a mirar para atrás con cierta nostalgia?
- No miro nunca hacia atrás, yo vivo el momento y pienso en un futuro inmediato. Te hablo de que mi futuro es una semana, la tengo organizada hasta el domingo y ahí ya cierro. Al pasado no vuelvo nunca, no vivo del pasado. Me recordáis más cosas vosotros del pasado de las que yo recuerdo.
- Le voy a recordar otra que cuenta usted: sus primeros rodajes siempre dice que fueron muy complicados y con muchos problemas. Me refiero a El sueño de Tánger, 27 horas o La estanquera de Vallecas. ¿Por qué siguió en la profesión?
- Lo que me sostuvo aquí es que esta profesión te engancha. Si se enganchan hasta los técnicos, que trabajan más horas que nadie y en peores condiciones. No ves que todos los actores decimos que queremos morirnos trabajando. A mí no paran de llegarme ofertas ahora, pero ya solo hago las que me molan de verdad. O porque me gusta la película o por los compañeros con los que voy a trabajar.
- ¿En eso también ha cambiado la profesión? ¿A las mujeres aunque vayan cumpliendo años les siguen llegando papeles interesantes?
- A mí me están viniendo, acabo de hacer el personaje más difícil y más bestia de toda mi carrera en Furia 2, que hemos acabado de rodar ahora. Estoy tan contenta, me lo estoy currando tanto y el viaje está siendo tan apasionante. Es que es el sueño de mi vida y aquí estoy a punto de cumplir 56 años. Es verdad que aún sigue habiendo muchas compañeras que cuando pasan los 40 y los 50 solo tienen papeles secundarios, pero en mi caso no ha sido así y creo que estamos mejorando.
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