Me han llamado muchas cosas en la vida y de todas me he terminado apropiando. Es una cosa que hago ya sin ningún esfuerzo, como respirar, andar, o cambiarme de mesa cuando alguien quiere hacerme mansplaining.
Si Charo es una mujer progresista y feminista con ideas propias y que opina sin callarse nada, todas las mujeres que admiro lo son
Me han llamado muchas cosas en la vida y de todas me he terminado apropiando. Es una cosa que hago ya sin ningún esfuerzo, como respirar, andar, o cambiarme de mesa cuando alguien quiere hacerme mansplaining.
Me he apropiado del bollera, del feminazi, del woke, del maricona. Son palabras que me encantan. Al final creo que, de una manera extraña, los bullies y yo nos entendemos. Curiosamente les debo nomenclatura. Donde ellos ven insulto, yo veo existencia y resistencia.
Por lo visto, en 2011 en algún subforo bastante misógino de Forocoches y de Burbuja.info, nació el término Charo, como una mala traducción del Karen de EEUU, para referirse a una mujer adulta (de más de 30 o 35 años), que vive sola, tiene gatos, trabaja en la administración o en la educación, es feminista y disfruta más del satisfayer que de cualquier hombre. Se puso muy de moda como insulto entre la ultraderecha en 2020 y ya Charo pasó a ser cualquier mujer de cualquier edad que tuviera ideas propias y las dijera en voz alta.
Uno de los vídeos que me han resultado más cómicos de los últimos meses, cómicos por cutrerío, es el del acosador de mujeres Vito Quiles siendo supuestamente acosado por dos mujeres. «¿Qué hacéis, Charos?», dice él en un momento. Cuando lo vi pensé que era un episodio de Pantomima Full o un adelanto de Torrente Presidente, pero por desgracia no.
Yo creo que con los insultos pasa como con las modas, que se van agotando. Charo ya charea, está charca, hace bostezar hasta al propio bostezo y, sobre todo, es un insulto que no apela a la clase. Conozco a muy pocas tías de izquierdas que se llamen Charo de verdad. De hecho, Charo, que viene de Rosario, es un nombre tradicional y católico. La ultraderecha española se lo podía haber currado más y hacer trabajo de campo, como se lo curró Carolina Durante cuando atinó tanto con el «cayetano».
Justo la semana pasada escuchaba el episodio de Estirando el chicle con María Guerra, reivindicando el término Charo. Si Charo es una mujer progresista y feminista con ideas propias y que opina sin callarse nada, todas las mujeres que admiro lo son. De hecho, a mí solo me faltan los gatos. Está muy bien reivindicarse Charo, pero también hace falta ser contestataria. Así que propongo que cuando alguien nos diga «OK, Charo», contestemos «OK, José Luis».
José Luis es un hombre de 30 a 80 años, que cree en teorías conspiranoicas donde las mujeres le quitan sus privilegios. José Luis lee a columnistas como yo y escribe «OK, Charo» en los comentarios. Claro que sí, José Luis.
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