Bruselas casi celebra la decisión de Donald Trump de imponer un arancel global del 10% a la Unión Europea. Lo valora «positivamente» porque «está en consonancia con los compromisos arancelarios asumidos por Estados Unidos en la Declaración Conjunta UE-EEUU». Esto es, en línea con el acuerdo que ambas partes alcanzaron hace precisamente un año en Turnberry (Escocia), y que estableció una tasa general máxima del 15% para los productos europeos por parte de Estados Unidos.
El acuerdo que la UE y EEUU alcanzaron hace justamente un año planteaba una tasa general máxima del 15%. La Comisión cree que la decisión del magnate «aporta un impulso positivo para seguir trabajando en la búsqueda de nuevas exenciones»
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Bruselas casi celebra la decisión de Donald Trump de imponer un arancel global del 10% a la Unión Europea. Lo valora «positivamente» porque «está en consonancia con los compromisos arancelarios asumidos por Estados Unidos en la Declaración Conjunta UE-EEUU». Esto es, en línea con el acuerdo que ambas partes alcanzaron hace precisamente un año en Turnberry (Escocia), y que estableció una tasa general máxima del 15% para los productos europeos por parte de Estados Unidos.
«La Unión Europea toma nota de la publicación por parte de Estados Unidos de las medidas definitivas adoptadas en el marco de su investigación de la Sección 301, relativa a la falta de actuación frente al comercio de productos fabricados mediante trabajo forzoso«, ha apuntado el portavoz de Comercio de la Comisión Olof Gill, en referencia al anuncio que esta madrugada ha realizado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Porque sí, la nueva forma que ha buscado el equipo del magnate para tratar de imponer tasas es castigar a los países que, en su opinión, no luchan contra los trabajos forzosos. Y ahí incluye a todos los de la UE, Japón o Canadá.
«Estas medidas establecen para la UE un arancel global del 10% y restablecen exenciones arancelarias adicionales para productos europeos, como el corcho y los diamantes, que se suman a las ya previstas para aeronaves y componentes, medicamentos genéricos y principios activos», ha proseguido Gill.
Bruselas también considera que las nueva tasa «aporta un impulso positivo para seguir trabajando en la búsqueda de nuevas exenciones arancelarias y para profundizar la cooperación en una amplia variedad de ámbitos, como las materias primas fundamentales, la seguridad económica, la inteligencia artificial y las cuestiones digitales».
La actuación llega justo después de que la Comisión anunciase ayer una multa de casi 900 millones de euros a Google, algo que no gusta en absoluto en la Casa Blanca y que además se llevó a cabo a través de la Ley de Servicios Digitales que tan poco gusta en Washington. Esto había despertado algunos temores en Bruselas sobre la posibilidad de que Trump sobrerreaccionase esta madrugada, pero por ahora no ha habido represalias.
Y también, como ya se ha apuntado, la nueva ola arancelaria del presidente de Estados Unidos se activa un año después del pacto que se firmó en Escocia. Los términos de aquel acuerdo generaron cierta indignación en la capital comunitaria y en algunas capitales. Se consideró que era una clara derrota para la UE, pero en el Ejecutivo comunitario siempre han defendido que era el mal menor y que los acontecimientos les han dado la razón.
«Es justo afirmar que ha cumplido sus principales objetivos. Ha protegido nuestro comercio y nuestras inversiones frente a lo que, de otro modo, habría sido un conflicto comercial transatlántico creciente e imprevisible», explican fuentes comunitarias. «Ha ayudado a salvaguardar nuestros principales intereses económicos y ha reforzado la unidad de la Unión Europea».
Y volviendo al hecho de que Trump invoque los trabajos forzosos para imponer los aranceles, el Ejecutivo comunitario sí ha mostrado su rechazo o incluso cierto malestar con ello. «Lo hemos dicho en repetidas ocasiones y lo reiteramos: no estamos de acuerdo con la premisa de esta investigación de la Sección 301 sobre el trabajo forzoso. Así se lo hemos comunicado también a nuestros interlocutores estadounidenses», ha señalado la portavoz principal de la Comisión, Paula Pinho.
«Permítanme recordar asimismo que la UE ya dispone de normas sólidas en materia de trabajo forzoso. Por tanto, rechazamos plenamente la idea de que pueda considerarse que la UE contribuye al problema mundial del trabajo forzoso», ha querido incidir durante la rueda de prensa diaria de la Comisión.
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