A veces, realizamos tareas en el hogar de forma automática sin ser conscientes de que su desarrollo puede afectar a los demás o acarrearnos una multa. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se sacude el felpudo o las alfombras por la ventana, el balcón o la terraza.
Si la suciedad termina en la vía pública o afecta a terceros pueden producirse sanciones
A veces, realizamos tareas en el hogar de forma automática sin ser conscientes de que su desarrollo puede afectar a los demás o acarrearnos una multa. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se sacude el felpudo o las alfombras por la ventana, el balcón o la terraza.
Se trata de una práctica muy extendida en numerosos edificios y durante años la gente lo ha hecho de forma habitual sin cuestionarse si estaba bien o estaba mal. Simplemente, era una necesidad. Sin embargo, puede haber problemas cuando la suciedad o el polvo caen en la vía pública o en propiedades ajenas, afectando a terceros.
En este sentido, las ordenanzas municipales contemplan sanciones para los que incumplan estas normas. Las multas van a depender de la gravedad de los hechos, aunque pueden llegar a alcanzar los 3.000 euros.
Aunque puede pensarse que sacudir un felpudo es un ámbito que puede considerarse privado de la vivienda, lo cierto es que cuando los residuos afectan a otras personas o terminan en la calle se da pie a la actuación de ordenanzas de limpieza, convivencia y civismo.
Además, el artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal habla de las obligaciones de los propietarios de las viviendas y alude directamente a la prohibición de realizar actividades molestas, insalubres o nocivas. Sacudir el felpudo puede entrar dentro de ellas.
- «Al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los estatutos, que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas».
La actuación municipal puede llegar una vez que se produce una denuncia vecinal, aunque lo normal en estos casos es que se encuentre una solución dialogada dentro de la comunidad para evitar que se sigan produciendo estas actividades molestas.
Con independencia de las medidas de la junta de propietarios, los servicios de inspección o la policía local pueden multar si observan algún incumplimiento de la normativa.
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