Preguntada en 2021, al ganar un segundo mandato para la alcaldía de su Marraquech natal y ser nombrada al mismo tiempo ministra de Urbanismo y Vivienda, si se consideraba la “dama de hierro” de la política de Marruecos, Fátima Ezzahra el Mansouri prefirió definirse como una activista que iba “por libre”. Tras recibir el martes la designación del rey como jefa de Gobierno, la líder del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM, centroderecha) se ha consolidado a los 50 años como la mujer más poderosa en la historia del país magrebí, que se convierte así en el segundo del mundo árabe en tener a una mujer al frente del Gobierno, después de Túnez.
Ministra, alcaldesa y líder del partido más votado en las legislativas, la primera ministra designada por el rey de Marruecos negocia la formación de Gobierno en el segundo país presidido por una mujer en el mundo árabe
Preguntada en 2021, al ganar un segundo mandato para la alcaldía de su Marraquech natal y ser nombrada al mismo tiempo ministra de Urbanismo y Vivienda, si se consideraba la “dama de hierro” de la política de Marruecos, Fátima Ezzahra el Mansouri prefirió definirse como una activista que iba “por libre”. Tras recibir el martes la designación del rey como jefa de Gobierno, la líder del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM, centroderecha) se ha consolidado a los 50 años como la mujer más poderosa en la historia del país magrebí, que se convierte así en el segundo del mundo árabe en tener a una mujer al frente del Gobierno, después de Túnez.
La nueva primera ministra de Marruecos ha concluido este viernes una ronda de conversaciones con partidos políticos para configurar un Gabinete de coalición con mayoría parlamentaria a sus órdenes, aunque siempre bajo el margen de maniobra que le permita la tutela del trono, ocupado por un monarca que reina pero también gobierna. Desde hace dos años, Mansouri coordina la dirección colegiada del PAM, partido fundado dos décadas antes por Fuad Alí el Himma, exministro y principal consejero de Mohamed VI en el Palacio Real.
Con una imagen pública de carácter decidido, que no rehúye el debate político en el Parlamento, Mansouri ha desplazado de la cúpula de la organización al resto de dirigentes masculinos de su formación política. Se ha impuesto finalmente en la designación real sobre el candidato del PAM que partía como favorito, Fouzi Lekjaa, ministro de Presupuestos y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, para situarse al frente del Gobierno que tendrá que gestionar los preparativos para la Copa del Mundo de 2030, organizada por el país magrebí junto con Portugal y España.
Durante la campaña electoral, Fátima Mansouri supo “reorientar el mensaje de su partido hacia las quejas ciudadanas por la pérdida de poder adquisitivo y las reclamaciones de empleo y educación de los jóvenes”, precisa el analista político Abdessamad Benchrif. “Pero en Marruecos no ha habido una alternancia clásica entre mayoría y oposición, sino más bien un cambio interno dentro de la coalición oficialista”, puntualiza. En su opinión, Mansouri “puede encarnar la entrada del país en una nueva etapa de modernización política, siempre que su carácter simbólico venga acompañado de una verdadera capacidad política de decisión y de un programa social creíble”.

Cuando llegó en 2009 a la alcaldía de la quinta urbe marroquí como gobernante local más joven del país no era una militante desconocida de apenas 33 años, sino integrante destacada de la élite política y económica regional. Su padre, Abderramán el Mansouri, fue pachá (gobernador) de Marraquech, decano del Colegio de Abogados y embajador en Emiratos Árabes Unidos. Su familia cuenta con intereses inmobiliarios en la antigua ciudad imperial que se han visto salpicados por acusaciones de tráfico de influencias a causa de recalificaciones de terrenos aprobadas por la municipalidad.
Tras graduarse en Derecho en su país y proseguir estudios de posgrado en Francia y Estados Unidos, Fátima Mansouri ejerció la abogacía, especializándose en derecho inmobiliario, antes de entrar en política a través del partido más próximo al Palacio Real. Está divorciada y es madre de dos hijos. No es conocida en la opinión pública marroquí por haberse pronunciado públicamente en debates sobre igualdad de género. Su Gobierno deberá poner en práctica la reforma del Código de Familia o Mudawana, para mejorar la situación de las mujeres en Marruecos. “El rey siempre ha tenido fe en las capacidades de las marroquíes, y en que las mujeres merecen respeto en Marruecos”, enfatizó en su primera comparecencia ante los medios tras ser designada primera ministra.
Mansouri ensalzó de esta forma el impulso reformista del inicio del reinado de Mohamed VI, plasmado en 2004 con una primera enmienda del Código de Familia. Concedió más derechos a las mujeres, aunque mantuvo la vigencia de la poligamia y, mediante excepciones a la norma, toleró el matrimonio con menores de edad. Una nueva revisión proyectada para modernizar el estatuto familiar dos décadas después permanece en suspenso desde 2024, a pesar de haber sido aprobada por el Consejo Superior de Ulemas, los doctores de la ley islámica, y presentada ante el rey.
En la nueva Cámara de Representantes (Cámara baja, única de elección directa), las mujeres ocupan el 27% de los escaños frente al 24% registrado en 2021. La imagen de modernidad que ofrece la designación de una primera ministra en Marruecos se corresponde con lo que se observa cotidianamente en los distritos centrales de las grandes ciudades de la costa, en las regiones más desarrolladas del país magrebí. No así con la vida tradicional de las antiguas medinas, barrios periféricos y, en especial, en áreas rurales y zonas desérticas y montañosas. Solo un 15% de las marroquíes están integradas en el mercado laboral. Una tercera parte de ellas son analfabetas (casi el doble que los hombres), una tasa que se eleva a más del 50% en el medio rural.
El nombramiento de Mansouri plantea, además, un debate inédito sobre protocolo religioso en Marruecos. Como primera ministra, deberá encontrar una dispensa de los ulemas para poder asistir a las ceremonias islámicas presididas por el rey en calidad de Comendador de los Creyentes, en celebraciones como el Eid el Kebir o Fiesta del Sacrificio. En estos actos oficiales marcados por la religión del Estado los anteriores jefes de Gobierno han orado siempre junto al monarca como símbolo de su representación política. Pero en Marruecos las mujeres no rezan junto a los hombres en la misma sala principal de las mezquitas, sino en dependencias separadas.
La primera elección municipal de Fátima Mansouri fue impugnada en 2009 por acusaciones de fraude en las urnas presentadas por otros partidos contra el PAM. Un tribunal de Marraquech anuló los resultados de los comicios a causa de la destrucción de numerosas actas electorales y de la manipulación de votos en favor del partido de Mansouri. Pero poco tiempo después una instancia judicial superior de apelación los declaró válidos.
En la noche del jueves ingresó en la cárcel de Tánger el alcalde de esa ciudad, Mounir Limouri, militante del PAM y director local de campaña, en el marco de una investigación judicial por presunto fraude en las urnas. Limouri fue detenido el lunes a su regreso a Marruecos tras haber viajado a España poco después de las votaciones. Otras seis personas están implicadas en un caso que ha salpicado a la formación política de la nueva primera ministra. En un comunicado, la Fiscalía de Tánger precisa que un colaborador del alcalde fue sorprendido en un colegio electoral con una bolsa llena de papeletas marcadas en la casilla de la lista del PAM. Mientras tanto, el regidor dirigía las supuestas operaciones de manipulación de los sufragios desde la habitación de un hotel.
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