Pese al mayor crecimiento económico del país, los hogares españoles tienen menor capacidad de consumir que sus homólogos europeos por su nivel salarial inferior, la subida de los precios o el menor colchón de ahorro, lo que provocó que en 2025 los españoles consumieran un 8% menos que la media de la UE una vez descontado el efecto de la inflación.
En la evolución de este indicador, útil para medir el bienestar social, es determinante la elevada tasa de pobreza
Pese al mayor crecimiento económico del país, los hogares españoles tienen menor capacidad de consumir que sus homólogos europeos por su nivel salarial inferior, la subida de los precios o el menor colchón de ahorro, lo que provocó que en 2025 los españoles consumieran un 8% menos que la media de la UE una vez descontado el efecto de la inflación.
Nuestras familias se encuentran, por tanto, entre las que gastan menos que la media europea, junto con las italianas, polacas, portuguesas, griegas y las de otros países del Este de Europa. A la cola están las húngaras, con un consumo real per cápita un 27% inferior a la media comunitaria, según los datos publicados este miércoles por Eurostat.
En el lado opuesto, los luxemburgueses son los que exhiben mayor capacidad de consumo (un 45% por encima de la media), seguidos de los noruegos (+28%), alemanes (+20%) y holandeses (+19%).
Si se mira el consumo en euros en paridad de poder adquisitivo, es decir, homogeneizadas las cifras en función de la inflación de cada país para que puedan ser comparables, el consumo real per cápita en España fue el año pasado de 25.200 euros, lo que supone que de media cada español gastó 2.000 euros menos que la media de la UE. En esta categoría se incluye todo el gasto que hacen los hogares en bienes y servicios -alimentación, ropa, alquiler, suministros y transporte- así como las transferencias sociales en especie, como la salud o la educación.
La horquilla continental es muy amplia, ya que va de los 39.900 euros al año en paridad de poder adquisitivo para los de Luxemburgo a los 19.900 euros para los húngaros.
Se trata de un indicador interesante, que muchos economistas consideran el más apropiado para medir el bienestar social de un país, más allá de la evolución del Producto Interior Bruto (PIB), la renta disponible o el consumo en términos agregados, ya que en este último influye mucho el aumento de la población -a más gente residiendo en un país, más consumo total de los hogares-.
«El gasto real por habitante puede utilizarse como indicador del nivel de vida relativo de los habitantes de cada país», coincide la agencia de estadística comunitaria.
Un análisis reciente de CaixaBank Research, del que se hizo eco este medio, apuntaba que en España el consumo real per cápita ha crecido a un ritmo del 0,8% anual desde 2019, frente a avances del 2,3% en promedio desde 2013 y hasta la pandemia.
Los datos de Eurostat muestran que el gasto de los españoles ha crecido un 62,5% en los últimos veinte años, frente a un aumento en la media europea del 83,3%, lo que dificulta la convergencia con la media de la Unión.
Tampoco ha habido avances sustanciales en la brecha en PIB per cápita de España con la UE, que también se sitúa en el 8%, según Eurostat, y apenas ha mejorado en los últimos años. Hace una década, el diferencial era del 9%, mientras que hace veinte años nuestro país se situaba por encima de la media comunitaria.
En 2005, en plena gestación del boom inmobiliario, el PIB per cápita en España superaba en un 2% el de la media comunitaria, según los datos de Eurostat, y el diferencial positivo llegó al 5% dos años después, para después hundirse con la crisis financiera.
Uno de los factores determinantes de que los españoles tengan menor capacidad de consumo que los europeos está en las elevadas tasas de pobreza que sufre nuestro país. Este mismo miércoles Eurostat publicó los datos por edad, que recogen que España es el cuarto país de la UE con más pobreza de los jóvenes de 15 a 29 años, sólo por detrás de Rumanía, Grecia y Bulgaria.
Uno de cada diez menores de 18 años en el país está en situación de privación material severa, mientras que un 33,8% está en riesgo de pobreza o exclusión social -la conocida como tasa AROPE-, frente a una media del 24,3% en la UE.
«Los porcentajes más altos de jóvenes que sufrían privaciones materiales y sociales graves se registraron en Rumanía (15,1%), Grecia (14,7%) y Bulgaria (14,0%). Por el contrario, la tasa fue inferior al 3,0% en 10 países de la UE: Croacia, Eslovenia, Polonia, República Checa, Estonia, Chipre, Austria, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal», apunta Eurostat.
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