Hello Kitty se ha convertido en el último objetivo del nacionalismo chino. El pecado de la gatita del lazo rosa ha sido aparecer disfrazada de espía en una colección de peluches inspirada en una popular serie de televisión japonesa.
La empresa japonesa Sanrio pide perdón y rompe con una serie de espionaje acusada de atacar a China, mientras el Real Madrid intenta apagar el incendio provocado por las palabras de su estrella sobre Mao Zedong. Se repiten los casos en los que la presión china termina doblegando a gigantes internacionales
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Hello Kitty se ha convertido en el último objetivo del nacionalismo chino. El pecado de la gatita del lazo rosa ha sido aparecer disfrazada de espía en una colección de peluches inspirada en una popular serie de televisión japonesa.
La polémica ha alcanzado tal magnitud que el Global Times, diario del aparato propagandístico de Pekín, le ha dedicado un editorial con un contundente título: «Hello Kitty no debería bailar con la derecha japonesa». La empresa creadora del personaje ya ha pedido disculpas y ha cancelado su colaboración comercial.
La controversia gira alrededor de Vivant, una serie japonesa de espías cuya segunda temporada presenta a agentes chinos torturando brutalmente a un espía japonés. En algunas escenas le cortan los dedos. Los medios chinos han acusado a los productores de manipular la historia al atribuir a personajes chinos atrocidades similares a las que cometieron las tropas japonesas durante la invasión de China en el siglo pasado.
La polémica ha salpicado directamente a Sanrio, la empresa creadora de Hello Kitty, que había lanzado la colección de muñecos (tanto de Hello Kitty como de otros de sus personajes populares) vestidos como los protagonistas espías de la serie. El miércoles por la noche, la compañía publicó el comunicado de disculpas y anunció la cancelación de todas las iniciativas comerciales relacionadas con Vivant.
Los llamados a una campaña de boicot ya estaban en marcha en el gigante asiático y se puede entender que Sanrio cediera ante la presión teniendo en cuenta que China es uno de sus principales mercados internacionales. «La empresa se arriesga a perder algo más valioso que las ventas: la confianza de millones de consumidores chinos», rezaba el editorial del Global Times.
Otros medios chinos han recordado que la polémica es especialmente sensible porque llega además en uno de los momentos más tensos de las relaciones entre Pekín y Tokio. Desde noviembre de 2025, cuando la primera ministra japonesa Sanae Takaichi sugirió que su país podría intervenir militarmente ante un ataque chino contra Taiwán que amenazara la seguridad japonesa, ambos gobiernos mantienen un choque diplomático constante.
Los editoriales señalando a Hello Kitty se han solapado prácticamente con los que cargaban contra otra celebridad internacional que ha descubierto esta semana el precio de ofender a China. Kylian Mbappé, la gran estrella del Real Madrid, ha pasado de ser uno de los rostros publicitarios más reconocibles del país a convertirse en objeto de un furioso boicot. Todo porque el delantero francés se refirió a Mao Zedong como un «dictador chino» mientras bromeaba en una entrevista sobre un montaje que mezclaba su rostro con el del fundador de la República Popular.
La reacción fue fulminante. Varias empresas chinas han roto sus contratos comerciales con el astro. La televisión estatal anunció la suspensión de las emisiones de LaLiga y retiró la publicidad del jugador. Y algunas plataformas bloquearon las cuentas del delantero. Mbappé pidió perdón el martes. LaLiga también se disculpó y el miércoles lo hizo el propio Real Madrid, que expresó su respeto por China y sus ciudadanos. Ni siquiera eso ha garantizado el final del castigo.
OTRAS CAMPAÑAS DE BOICOT
Estas rabietas chinas se repiten a lo largo de los años con diferentes protagonistas. En 2018, la firma italiana Dolce & Gabbana sufrió uno de los boicots comerciales más sonados después de publicar unos anuncios en los que una modelo china intentaba comer pizza y pasta utilizando palillos. La campaña fue denunciada como racista y terminó con la cancelación de un gran desfile en Shanghái. Las plataformas de comercio electrónico retiraron sus productos y los dos fundadores tuvieron que grabar un vídeo pidiendo perdón en mandarín.
Un año después, la NBA descubrió que tampoco el deporte estadounidense estaba a salvo. Daryl Morey, entonces directivo de los Houston Rockets, publicó un mensaje apoyando las protestas prodemocráticas de Hong Kong. La televisión estatal china suspendió las retransmisiones, los patrocinadores chinos se retiraron y la competición quedó atrapada en una crisis que su comisionado, Adam Silver, llegó a valorar en unos 400 millones de dólares.
En 2021, el boicot alcanzó a H&M, Nike y Adidas por cuestionar las condiciones laborales de la industria algodonera de la región de Xinjiang, donde organizaciones internacionales han denunciado abusos contra la minoría musulmana uigur. Los productos de la marca desaparecieron de grandes plataformas chinas y hasta sus tiendas fueron borradas de algunas aplicaciones de mapas. Sus ventas en el país cayeron un 23% en el trimestre de marzo a mayo de aquel año.
En otras ocasiones también han tenido que disculparse públicamente Versace, Coach y Givenchy por diseños que parecían presentar a Hong Kong, Taiwán o Macao como países independientes. Cualquier ambigüedad que cuestione la interpretación oficial de la soberanía china puede transformarse en una crisis comercial.
Todas estas campañas siguen constantemente el mismo patrón reconocible. Primero estalla la indignación en las redes sociales. Después intervienen los medios estatales, que convierten la controversia en una cuestión de orgullo nacional. Finalmente, las empresas locales rompen contratos y las multinacionales extranjeras se apresuran a disculparse antes de que el incendio alcance sus balances. Primero fue Mbappé. Y ahora le ha tocado a Hello Kitty.
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