Difícil encontrar mayor contradicción en la forma y momento en que asume la presidencia de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC), Juan José Ganuza. Se trata de un veterano académico de armado discurso en la última década sobre cómo la calidad de los nombramientos en las instituciones es crucial para la economía de un país. «La meritocracia es fundamental», ha afirmado reiteradas veces desde su cargo de investigado en Funcas.
Juan José Ganuza, académico contra la corrupción y el nepotismo, dirigirá una CNMC repartida entre aliados políticos y aprobada sin consenso en el Parlamento el día de la sentencia de Badajoz.
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Difícil encontrar mayor contradicción en la forma y momento en que asume la presidencia de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC), Juan José Ganuza. Se trata de un veterano académico de armado discurso en la última década sobre cómo la calidad de los nombramientos en las instituciones es crucial para la economía de un país. «La meritocracia es fundamental», ha afirmado reiteradas veces desde su cargo de investigado en Funcas.
«La lucha contra la corrupción es un deber ético, pero también es una forma de aumentar nuestra productividad y el camino pasa por aumentar la competencia y la meritocracia», ha venido defendiendo.
Este respetado doctor en Economía ha sido el elegido por el Gobierno para dirigir la CNMC hasta 2032. No ha habido ni intento de consenso con el PP, pero gracias a su amplio currículum, Ganuza fue el menos cuestionado por la oposición de los cuatro que superaron ajustadamente el pasado martes el examen parlamentario para la renovación de este organismo regulador.
Le acompañaron Carmen Balsa, ex jefa de gabinete de Nadia Calviño a propuesta del PSOE; Joan Capdevila, ex diputado nacionalista y veterinario a propuesta de Esquerra; y Marina Echebarría, catedrática de derecho mercantil a propuesta de Sumar. Ninguno de ellos es indocumentado, pero su nombramiento no procede de un concurso de méritos, sino que parte del dedazo de los partidos que amarran su cuota en la CNMC que es un apetitoso instrumento de poder, como se ha demostrado en sus sanciones a cárteles o en intentos de fusión como la OPA de BBVA sobre Sabadell.
Ganuza presidirá un consejo de 10 miembros, todos ellos nombrados por seis años con este procedimiento de reparto entre aliados políticos sin intentos de unanimidad que dan fortaleza institucional. Es decir, que Ganuza, tan declarado defensor de la meritocracia, dirigirá un órgano que no practica este principio, sino el de tú pon al tuyo y yo al mío.
La guinda fue que, en la misma jornada, la misma Moncloa que lograba que los nuevos de la CNMC superaran el trámite parlamentario, criticaba que los jueces sentenciaran contra un caso de nepotismo. La Audiencia de Badajoz condenó en la misma mañana a nueve años de inhabilitación a David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno, por recibir un puesto público «adaptado a sus apetencias».
La reflexión de la sentencia judicial es coincidente con lo que ha venido defendiendo académicamente Ganuza. «Hemos de convenir en que esta práctica consistente en el trato de favor o enchufismo hacia familiares o amigos es poco ética y daña la salud democrática, fomenta la corrupción y la desigualdad de oportunidades, con merma de la eficiencia en el desempeño del empleo en las administraciones públicas», sentencian los jueces.
También el nuevo presidente de la CNMC ha escrito que «la meritocracia es fundamental, porque eso garantiza que los elegidos no van a ser capturados por grupos de presión. Al ser buenos profesionales, les preocupa su reputación y se cuidan mucho de cualquier comportamiento que pueda afectar a su carrera». Y criticó previamente en El País cuando gobernaba el PP que «es innegable que en los últimos años la lealtad y las conexiones personales han primado más que los méritos en la designación de muchos cargos públicos».
La gran objeción que puso el martes el portavoz del PP, Miguel Ángel Paniagua, a Ganuza fue precisamente la de aceptar el cargo sabiéndose acompañado de los que, a su juicio, no cumplen los requisitos para la cúpula de este importante organismo regulador del Estado.
El nuevo presidente de la CNMC prometió independencia y aseguró que él no milita en ningún partido. Si se aplica lo que defiende, tiene la oportunidad de envolverse en lo que ex presidente de la CNMV, Manuel Conthe, llama «el efecto Becket». El arzobispo de Canterbury, Thomas Becket, antepuso la lealtad a su institución a la sumisión debida al rey que lo nombró.
De momento, Ganuza asume el puesto en un entorno de dañina degradación institucional. Él mismo veía en 2018 con razón que había base para la alarma social tras los escándalos de Bárcenas o Gürtel, porque «España es la duodécima potencia económica mundial, pero ocupa el puesto 45 en el ránking internacional en términos de corrupción». Ahora está en el 49. Peor aún, ocho años después.
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