Hay una tradición política en Alemania que se remonta al siglo XIX: los debates sin fin sobre las pensiones. El canciller Otto von Bismarck ya necesitó años de preparativos para tirar adelante en 1889 con el primer sistema público de jubilaciones del mundo. Es una cuestión recurrente que alimenta eternas discusiones parlamentarias, mediáticas y electorales. Era así hace siglo y medio y lo sigue siendo en 2026.
El SPD y los barones de la CDU se oponen a suprimir la jubilación a los 63 años ante el crecimiento electoral de la extrema derecha
Hay una tradición política en Alemania que se remonta al siglo XIX: los debates sin fin sobre las pensiones. El canciller Otto von Bismarck ya necesitó años de preparativos para tirar adelante en 1889 con el primer sistema público de jubilaciones del mundo. Es una cuestión recurrente que alimenta eternas discusiones parlamentarias, mediáticas y electorales. Era así hace siglo y medio y lo sigue siendo en 2026.
“La industrialización empujó a los trabajadores a la miseria y Bismarck identificó el peligro”, resume en su historia la DRV, la federación que gestiona el pago de pensiones en Alemania: “Con las primeras leyes sociales buscó Bismarck vincular más a la clase obrera con el Estado y evitar así su radicalización”. La radicalización del votante es precisamente lo que ha llevado este agosto a los presidentes de los cinco Estados federados del este de Alemania a oponerse a la reforma de las pensiones que quiere aprobar el canciller, Friedrich Merz.
El Gobierno quiere sacar adelante una reforma de las pensiones que debe servir para mantener el sistema económicamente viable. La gran coalición en el poder, entre la CDU de Merz, la CSU bávara y el SPD, debía aportar la mayoría legislativa necesaria para aprobar este año un asunto tan impopular. Una de las medidas acordadas era suprimir la posibilidad de que los trabajadores que han cotizado durante 45 años puedan jubilarse a los 63.

El acuerdo para la reforma del sistema de pensiones fue presentado en julio por los líderes de los tres partidos tras unas difíciles negociaciones que se remontaban al año pasado. Tan solo un mes después, el SPD ya ha pedido reconsiderar la decisión sobre la jubilación a los 63 años. Tan preocupante para Merz como la reculada socialdemócrata es que siete de los 16 presidentes regionales de Alemania también han reclamado que se mantenga la jubilación anticipada para los que han cotizado tantos años.
De los siete presidentes, cinco son los que gobiernan en los Estados del este. Y aquí es donde ha surgido el mayor obstáculo para el liderazgo de Merz porque tres de ellos son de su partido: Michael Kretschmer, de Sajonia; Sven Schulze, de Sajonia-Anhalt, y Mario Voigt, de Turingia. A estos se suman los presidentes de de Brandeburgo y de Mecklemburgo Pomerania, que son del SPD. Otros dos presidentes socialdemócratas del oeste, Anke Rehlinger en el Sarre, y el de la ciudad-Estado de Bremen, Andreas Bovenschulte, también se oponen a la medida.
Pero son los tres presidentes democristianos los que “han abierto la caja de Pandora”, según un artículo de opinión de Jasper von Alterbonckum, redactor jefe de política nacional del Frankfurter Allgemeine Zeitung. Otros medios de referencia como Der Spiegel y Die Welt han publicado valoraciones en el mismo sentido: retirar la reforma de la jubilación a los 63 pone en cuestión toda la renovación del sistema de pensiones, la credibilidad de Merz y la coalición de Gobierno.
El este se ha rebelado por dos razones. La oficial es que la medida perjudica más a sus sociedades que a los Estadosoccidentales. Un 33% de los nuevos jubilados en el este pueden retirarse anticipadamente a los 63, frente al 27% del oeste. En todo el país ascienden a 2,9 millones de personas.
El motivo hay que encontrarlo en la historia: la incorporación en el mercado laboral era más rápida en la extinta Alemania comunista que en la occidental. “Es una biografía característica del este, en el que lo habitual era empezar a trabajar justo salir de la escuela, a formarte profesionalmente, también para las mujeres”. Son palabras de Manuela Schwesig, presidenta socialdemócrata de Mecklemburgo-Pomerania, el martes en la televisión NDR.
En la Alemania del Este no era tan común la figura de la ama de casa tradicional. Las mujeres compaginaban las tareas domésticas con otros empleos. Esto se ilustra con otra estadística oficial: de media, una mujer del este se jubila con 40 años trabajados y en el oeste, con 34.
“La pensión del Estado no es uno entre varios pilares de las provisiones para la jubilación, para la vasta mayoría, es el único pilar”, manifestaron el 20 de julio en una comparecencia conjunta los tres presidentes regionales de la CDU en el este. En la Alemania Oriental no había opción de seguros privados, recuerdan Kretschmer, Schulze y Voigt. “Es normal que los que empezaron a trabajar con 16 años lleguen antes a los 45 años de empleo”, añade el documento de los barones de la CDU.
La segunda razón, la no oficial, es que septiembre será mes electoral en el Este, y con la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) pisando el acelerador, incluso como aspirante a mayoría absoluta en los comicios en Sajonia-Anhalt. Otras elecciones clave serán las de Mecklemburgo-Pomerania, donde se espera que AfD sea la más votada, y las de Berlín. AfD y la izquierda poscomunista de Die Linke están centrando parte de sus mensajes de verano en atacar la supresión de la jubilación a los 63.
Buen ejemplo de cómo la situación beneficia a AfD son los comentarios publicados el miércoles en redes sociales por Julian Reichelt, experiodista y popular activista de la derecha radical. “La principal razón para mantener la jubilación a los 63 es que no le puedes quitar nada a los alemanes mientras el Estado esté transfiriendo cada año 50.000 millones de euros a extranjeros en Alemania y en el extranjero”, ha difundido Reichelt en varios canales. “No puedes justificar quitar dinero de las pensiones para los alemanes y dárselo a extranjeros”.

La cúpula de la CDU se niega de momento a replantear la reforma acordada en la coalición. El nuevo portavoz de los democristianos en el Bundestag, Thorsten Frei, afirmó el martes que “no hay margen de negociación” de las reformas ya acordadas. “Si rompemos uno de los pilares [de la reforma de pensiones] ponemos en duda toda la casa construida”, añadió en la radio Deutschland Funk el diputado democristiano Pascal Reddig.
La reforma de las pensiones debe ser debatida y votada en el Parlamento tras la vuelta de las vacaciones veraniegas, a partir de septiembre. El núcleo duro de Merz descarta dar marcha atrás, pero las elecciones de septiembre pondrán a prueba su liderazgo y, dependiendo de los resultados, podrían provocar un indeseado cambio de guion. De momento, coinciden las últimas encuestas, Merz es el canciller con la popularidad más baja de los últimos cinco años, un 21% de los alemanes le dan apoyo, según centros demoscópicos como Forsa, Infratest y INSA.
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