El mundo basado en la dependencia del petróleo ha cambiado tres meses y medio después de que Donald Trump emprendiera una guerra contra Irán y sus aliados en pleno Golfo Pérsico, donde residen las grandes fortunas árabes construidas a base de ‘petrodólares’. El acuerdo de paz anunciado en la noche del domingo entre EEUU e Irán promete reabrir el estrecho de Ormuz el próximo viernes, momento en el que se rubrique el acuerdo en Ginebra (Suiza) entre ambos países y con Pakistán de mediador, pero sigue sin resolver algunos interrogantes clave -como el relativo al programa nuclear del régimen de los ayatolás- que podrían dar al traste con todo lo pactado hasta ahora.
El barril ‘Brent’ llegó a ceder un 5% tras el anuncio de acuerdo, pero quedan meses para restablecer el tráfico por el estrecho de Ormuz y para valorar los daños
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El mundo basado en la dependencia del petróleo ha cambiado tres meses y medio después de que Donald Trump emprendiera una guerra contra Irán y sus aliados en pleno Golfo Pérsico, donde residen las grandes fortunas árabes construidas a base de ‘petrodólares‘. El acuerdo de paz anunciado en la noche del domingo entre EEUU e Irán promete reabrir el estrecho de Ormuz el próximo viernes, momento en el que se rubrique el acuerdo en Ginebra (Suiza) entre ambos países y con Pakistán de mediador, pero sigue sin resolver algunos interrogantes clave -como el relativo al programa nuclear del régimen de los ayatolás- que podrían dar al traste con todo lo pactado hasta ahora.
38 veces ha pronunciado públicamente el presidente de EEUU que el acuerdo estaba hecho, lo que hace del escepticismo de los inversores algo intrínseco a su forma de interpretar al mandatario republicano desde que fue reelegido en enero de 2025, tras una crisis arancelaria y comercial sin precedentes que ha cambiado el tablero mundial tal y como se entendía en la era preTrump; y hoy, año y medio después, la intervención de EEUU en Venezuela -con la detención del dictador Nicolás Maduro- y el conflicto armado en Irán -entre los mayores ocho países exportadores de crudo- tendrán como resultado un nuevo orden mundial en la producción y uso de petróleo y gas. Las casas de análisis se han cansado de explicar el por qué de la relevancia del estrecho del Ormuz desde que EEUU lanzara un primer ataque el pasado 28 de febrero. Era el paso natural del 20% de todo el suministro de crudo y gas del mundo hasta que Irán lo bloqueó y minó, permitiendo solo el tránsito de buques de países aliados y a cuentagotas, lo que ha beneficiado a puertos de países colindantes como Arabia Saudí y acelerado el uso de vías por carretera y tren alternativas a través de Emiratos.
En el peor momento de la crisis, el barril de Brent, de referencia en Europa llegó a superar los 120 dólares. Ayer su precio protagonizó un desplome del 5% tras conocer el acuerdo, y los futuros para el verano -los meses de agosto y septiembre- cayeron hasta niveles de 82 dólares el barril, mínimos de los tres últimos meses. Aun así la factura de la guerra es innegable. El consumidor ha asumido un coste adicional al llenar el depósito de su coche de combustible, que viene a trastocar todavía más su economía doméstica tras años de una inflación descontrolada, a quien Trump y su guerra en Oriente Próximo pusieron la guinda.
Desde el inicio de la ofensiva se dijo que la Administración republicana buscaba una operación relámpago para no desgastar más la popularidad de Trump, en pleno año electoral con las elecciones de medio mandato en noviembre.
El resultado inmediato del acuerdo es que el mercado el barril de Brent se intercambia hoy a un precio que es un 13% superior a los 72 dólares a los que cotizaba el día antes del estallido del conflicto. Donde se nota especialmente es sobre el precio del gas. El TTF holandés, que es el que se utiliza en Europa, todavía sitúa su precio un 38% por encima de finales de febrero, y multiplica casi por tres veces cuál era su coste antes de que Rusia iniciara una guerra contra Ucrania también en un mes de febrero de 2022.
La distensión de los mercados se ha hecho sentir a lo largo del último mes, con caídas en el precio de los dos principales barriles de referencia en el mundo occidental cercanas al 25%. «Habrá contratiempos en el camino, pero la salida de la crisis parece clara. La crisis energética ha sido mucho menos amenazante de lo que se temía, ya que los mercados han demostrado una vez más su resiliencia», afirma Julius Baer en una nota optimista sobre el desenlace final.
Ahora bien, el resultado de medio plazo es el que se trata de dilucidar ahora: cómo encarecerá el precio de los combustibles o cuánto impactará a la inflación y a las economías. «Aunque se reabra el estrecho de Ormuz, es poco probable que la normalización de los flujos de petróleo sea inmediata. El aumento de la producción se ve limitado por cuellos de botella operativos y problemas logísticos, mientras que el tráfico de petroleros seguirá siendo cauteloso debido a las continuas incertidumbres en materia de seguridad y seguros», señalan desde Vontobel.
«La cuestión es cómo de rápido se va a retomar el tráfico por el estrecho de Ormuz hasta su normalización», señala, en la misma línea, el banco UBS.
Los analistas de la gestora Lombard Odier calculan que «la mitad del tráfico» se retomará en las próximas semanas, «suficiente como para evitar un daño mayor a los cortes de suministro», aunque anticipan que no será hasta bien entrado 2027 cuando se consiga recuperar las reservas de petróleo del mundo. Esto les lleva a estimar que el precio del crudo seguirá siendo elevado durante los próximos seis meses por encima de los 90 dólares el barril.
Además, no se trata solo de recuperar el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, sino también de valorar los daños que han provocado los bombardeos sobre las instalaciones petrolíferas y gasísticas de Irán y del resto de países del Golfo, que son propietarios de algunos de los mayores yacimientos y plantas de transformación del mundo, lo que menguaría su capacidad de suministro.
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