La tormenta perfecta ha llegado al universo de la deuda pública. No es la primera vez este año. Tampoco desde que Donald Trump fuera elegido presidente de EEUU por segunda vez en enero de 2025, pero cada ocasión en que los inversores han decidido huir del mercado de bonos soberanos la respuesta de la Administración estadounidense ha consistido en volver sobre sus pasos y anunciar medidas que aumenten la confianza en su economía. Con el final de año asomando, los mercados financieros se presentan ante el nuevo curso con un temor renovado sobre la excesiva deuda de algunos gobiernos -como el estadounidense, el francés o el británico-, con la creencia cada vez más cierta de que los bancos centrales darán un paso al frente en las subidas de tipos de interés para contener la inflación y, esto conduce a un tercer factor, que es la escalada de los precios motivada por el recrudecimiento de la guerra en Oriente Próximo.
Los últimos datos de inflación al alza, la guerra en Oriente Próximo y las previsibles subidas de tipos del BCE y la Fed han desatado el miedo entre los inversores ha quedarse ‘pillados’ en bonos a largo plazo de EEUU, Japón o Reino Unido
La tormenta perfecta ha llegado al universo de la deuda pública. No es la primera vez este año. Tampoco desde que Donald Trump fuera elegido presidente de EEUU por segunda vez en enero de 2025, pero cada ocasión en que los inversores han decidido huir del mercado de bonos soberanos la respuesta de la Administración estadounidense ha consistido en volver sobre sus pasos y anunciar medidas que aumenten la confianza en su economía. Con el final de año asomando, los mercados financieros se presentan ante el nuevo curso con un temor renovado sobre la excesiva deuda de algunos gobiernos -como el estadounidense, el francés o el británico-, con la creencia cada vez más cierta de que los bancos centrales darán un paso al frente en las subidas de tipos de interés para contener la inflación y, esto conduce a un tercer factor, que es la escalada de los precios motivada por el recrudecimiento de la guerra en Oriente Próximo.
Con este telón de fondo, la función de los mercados de deuda no ha hecho más que comenzar. Los bonos mundiales han disparado su rentabilidad a niveles del 3,72%, que son máximos no vistos desde la gran crisis financiera de 2008. Este retorno es la media de los bonos que cotizan de los estados que forman parte del ‘Bloomberg Global Goverment Bond Index’, que es el índice que se utiliza de referencia por los inversores institucionales para medir la temperatura del mercado. Suficiente para hacer saltar las alarmas de nuevo, en un verano en el que la renta fija ha sido la gran protagonista a nivel global. A lo largo de las últimas dos semanas las ventas de deuda pública se han ido acumulando, al tiempo que el conflicto entre EEUU e Irán escalaba y el riesgo de inflaciones más elevadas y un crecimiento menor de las mayores economías del mundo iba en aumento. A ello hay añade como guinda del pastel las nuevas y billonarias necesidades de financiación de las grandes tecnológicas y empresas de inteligencia artificial americanas que, por vez primera, han salido al mercado a recaudar dinero. En estas dos últimas semanas, el bono a 30 años de Estados Unidos repuntó hasta el 5,31%, máximo desde 2007, mientras que el rendimiento del bono a 10 años ya alcanza el 4,78%. Si el T-note supera el 5% se consideraría una señal crítica para los inversores.
En el caso de Europa, el nivel a vigilar es el 3,5% del bono alemán a diez años. «Alcanzar esos umbrales supondría entrar en un escenario de tensión máxima para los mercados de deuda», afirman desde Banca March. Hoy el bund rebota hasta el 3,32%, que es su nivel más alto desde 2011, en plena crisis de deuda soberana, y su homólogo español se sitúa este martes en el 3,80%, en niveles de 2023. Al otro lado del mapa, el rendimiento del bono a 10 años de Japón ha tocado el 3% este martes, su máximo desde 1996.
Los analistas consideran un punto crítico el discurso del presidente de la Reserva Federal estadounidense, Kevin Warsh, el pasado viernes durante el simposio de Jackson Hole, en el que endureció el tono en su lucha contra la inflación. La realidad es que el mercado llevaba semanas pidiendo claridad en el discurso de la Fed, y esto fue lo que obtuvo, aunque hoy sus consecuencias se traducen en ventas masivas de la deuda pública estaounidense, en entredicho debido a sus históricos niveles de déficit. «Aún no damos por ganada la batalla, ya que unos datos muy débiles en agosto podrían cambiar el panorama. Pero, salvo que se produzca una sorpresa negativa importante, ahora recae sobre Warsh la responsabilidad de llevar a cabo esa subida en septiembre. De lo contrario, en nuestra opinión, corre el riesgo de socavar parte de la credibilidad que ganó el viernes», señalan los analistas de Bank of America.
«Es prematuro hablar de una crisis de deuda soberana. La principal razón es que el crecimiento nominal de las economías sigue permitiendo generar ingresos fiscales suficientes para financiar los déficits públicos. Sin embargo, sí constituyen una muestra del riesgo que implica mantener posiciones en bonos soberanos con vencimientos tan largos en el contexto actual. La persistencia de unos precios energéticos elevados, unida a políticas fiscales expansivas en las tres principales economías desarrolladas occidentales, Estados Unidos, Japón y Alemania, sugiere que los inversores seguirán exigiendo rentabilidades más altas que reflejen mejor la realidad actual», concluyen desde Banca March.
Esta misma mañana Eurostat, la oficina de estadística comunitaria, ha desvelado el IPC del mes de agosto que escaló hasta el 3,3% interanual, su mayor tasa de crecimiento en tres años, debido al alza de los precios de la energía, que repuntaron más del 14% en un verano donde carburantes y gas han subido sin cesar, mientras continúa el conflicto armado entorno al estrecho de Ormuz. Ese 3,3% de avance desvelado en agosto es exactamente la previsión del BCE para un escenario ‘adverso’, el tercero peor de los cuatro que contempla el organismo, de cara a finales de 2026, según el cuadro de proyecciones macroeconómicas presentado en el mes de junio y que es la última actualización disponible a la espera de la que dará a conocer la próxima semana. Los días 9 y 10 de septiembre el Banco Central Europeo (BCE) reunión al consejo de gobierno para decidir si lleva a cabo una segunda subida de los tipos de interés de la zona euro en otros 0,25 puntos porcentuales, hasta cotas del 2,65% para el principal de refinanciación que afecta al coste de los préstamos bancarios, como las hipotecas. El mercado da por hecho que su presidenta, Christine Lagarde, realizará este alza teniendo en cuenta los malos datos de inflación conocidos hoy, que sobrepasan con mucho el objetivo de inflación del 2% del organismo a medio plazo.
Antes de que la sangre llegue al río, distintas firmas de análisis apuntan a un contrapeso importante para contener los ánimos: las compras masivas de bonos anunciadas por el Tesoro estadounidense hace dos semanas de bonos a largo plazo. «Podría limitar por ahora el riesgo extremo de una fuerte caída del mercado de bonos, pero estas medidas chocan con los planes del presidente de la Fed, Warsh, de reducir el tamaño del balance, lo que atenúa su impacto en los mercado», señalan desde Generali Investments. Desde PIMCO, la mayor gestora del mundo de renta fija, la economista Tiffany Wilding asegura que «las recompras pueden contribuir al buen funcionamiento del mercado y reducir, en promedio, los costes de financiación del Tesoro a lo largo del tiempo», aunque advierte de que «el Tesoro por sí solo no puede alterar por completo los fundamentales que determinan la valoración de los bonos del Tesoro a más largo plazo».
Según sus estimaciones, si el Tesoro aumentara el peso de los bonos desde el 22% actual hasta el 24%, «podría comprar 630.000 millones de dólares en el segmento de 10 a 30 años», una capacidad que, aunque no es ilimitada, «sí rivaliza con el volumen de las compras realizadas por la Reserva Federal durante anteriores programas de expansión cuantitativa (QE, según sus siglas en inglés)».
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