El hundimiento general en todo el país del Partido Laborista, el mayor damnificado en las elecciones municipales y autonómicas celebradas el jueves en el Reino Unido, ha camuflado un efecto de estos comicios con significado histórico. Por primera vez, el poder en las tres naciones con gobiernos autónomos estará en manos de un partido nacionalista/independentista.
El laborismo de Starmer sufre una humillante derrota en su histórico feudo galés, y queda por detrás de la ultraderecha
El hundimiento general en todo el país del Partido Laborista, el mayor damnificado en las elecciones municipales y autonómicas celebradas el jueves en el Reino Unido, ha camuflado un efecto de estos comicios con significado histórico. Por primera vez, el poder en las tres naciones con gobiernos autónomos estará en manos de un partido nacionalista/independentista.
La formación republicana del Sinn Féin, que aspira a la reunificación de las dos Irlandas, ocupa desde febrero de 2024 la silla del ministro principal (equivalente a primer ministro) en Irlanda del Norte. Los independentistas del Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) han renovado su liderazgo en las autonómicas de esta semana, y mantendrán viva la llama de un segundo referéndum de secesión, aunque al quedarse lejos de la mayoría absoluta de 65 escaños, es muy probable que sus prioridades inmediatas tengan más que ver con la economía y los servicios públicos que con un nuevo enfrentamiento con Londres.
Y el histórico Plaid Cymru (Partido de Gales) ha logrado por primera vez ser el más votado en este territorio, con lo que podrá formar gobierno en coalición con otras fuerzas.
“Al retener el SNP el poder en Escocia, vamos a tener tres ministros principales nacionalistas en Irlanda del Norte, Gales y Escocia. El futuro del Reino Unido, a largo plazo, podría estar en riesgo, aunque ahora sea una hipótesis que no contemplemos”, señalaba John Tonge, el director de Estudios de Política y Comunicación de la Universidad de Liverpool en la BBC.
Frente a la leyenda de que es el Partido Conservador el que más rechazo sufre en estas naciones con poder autónomo y fuerte sentimiento identitario y anti-inglés, el hundimiento del Partido Laborista, tanto en Escocia como especialmente en Gales, ha sido devastador.
Si hace apenas dos años, en las Elecciones Parlamentarias de julio de 2024, el laborismo pensó, con un magnífico resultado que le permitió enviar más diputados a la Cámara de los Comunes que el SNP, que había recuperado su tradicional fuerza en el territorio escocés, los resultados de este jueves, en los que ha quedado a una distancia sideral de los nacionalistas, han sido un jarro de agua fría. “La tragedia de esta campaña estuvo en que, a pesar de intentar discutir sobre la sanidad pública, la educación o la crisis de las personas sin hogar, las elecciones se centraron en el estado general de insatisfacción que existe en todo el Reino Unido”, se lamentaba Anas Sarwar, el popular líder del laborismo escocés, que fue uno de los primeros políticos de la formación en reclamar la dimisión de Starmer cuando estalló el escándalo del exministro Peter Mandelson y su turbulenta relación con Jeffrey Epstein.
Durante más de un siglo, la principal formación de izquierdas del Reino Unido tenía una primacía incuestionable en Gales, territorio de mineros e industria donde la fuerza del movimiento obrero era indiscutible, y el voto al laborismo, casi una tradición familiar que pasaba de una generación a otra.
Los resultados conocidos este viernes colocan a la formación en una tercera posición, muy por detrás de los dos principales partidos que se han disputado el liderazgo en Gales, el Plaid Cymru, vencedor final de la contienda con 43 diputados (a seis de la mayoría absoluta) y Reform UK, el partido de ultraderecha liderado por Nigel Farage, que ha logrado 34 escaños. El Partido Laborista solo ha obtenido 9 representantes.
“Necesitamos ser más radicales, transmitir nuestro mensaje con mucha más confianza. Nos hemos acabado colocando en una situación en la que ya no somos percibidos como el partido de la clase trabajadora”, se lamentaba Carwyn Jones, que fue ministro principal de Gales entre 2009 y 2018.
El desastre ha sido de tal dimensión que la que hasta ahora había sido la jefa del Gobierno autónomo, la laborista, Eluned Morgan, ha dimitido como líder del partido, al no ser capaz siquiera de revalidar su escaño en el Parlamento de Senedd (como se conoce a la Asamblea autonómica de Gales).
Desde que este territorio recupero su autogobierno, en 1999, siempre ha ocupado el sillón de ministro principal un político del Partido Laborista. Aunque los del jueves sean los resultados de unas elecciones autonómicas, su trascendencia a escala nacional es indiscutible. Gales mandó al primer diputado laborista, Keir Hardie, fundado del partido, a la Cámara de los Comunes. Dirigentes históricos de la formación, como Neil Kinnock, proceden de esa zona, legendaria por su rudeza y su sentimiento de solidaridad. Fueron sus mineros los que se enfrentaron hasta la extenuante derrota contra el Gobierno neoliberal de Margaret Thatcher.
Su población más joven, sin embargo, ha querido ver en los nacionalistas una esperanza socialdemócrata más inteligente y más centrada en las necesidades del territorio que la que ofrecía el laborismo, al que acusan de haber agotado sus ideas. “Miles de personas han votado por Plaid Cymru, no solo con la idea de castigar a los partidos tradicionales, sino con el propósito de lograr algo mejor para esta maravillosa nación de Gales”, explicaba Delyth Jewell, la número dos de la formación nacionalista.
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