El papel de España como escenario de cine, y más concretamente el de Girona, vuelve a atraer todos los focos. Este último fin de semana, en la convención D23: The ultimate Disney Fan Event celebrada en California y donde se anunciaron los nuevos proyectos del gigante del audiovisual, la presentación del live action de Enredados (2028) incluyó imágenes de los actores principales enseñando al mundo, desde Girona, «la preciosa España», «sus preciosos y auténticos lugares», así como momentos del proceso de grabación.
También Madrid urge a moderar los rodajes ante las protestas de los vecinos en lo que forma parte de la estrategia nacional para hacer del país un verdadero plató
El papel de España como escenario de cine, y más concretamente el de Girona, vuelve a atraer todos los focos. Este último fin de semana, en la convención D23: The ultimate Disney Fan Event celebrada en California y donde se anunciaron los nuevos proyectos del gigante del audiovisual, la presentación del live action de Enredados (2028) incluyó imágenes de los actores principales enseñando al mundo, desde Girona, «la preciosa España», «sus preciosos y auténticos lugares», así como momentos del proceso de grabación.
A la espera de que se materialice el efecto de la -mundial- promoción de Disney, Girona dice adiós a los rodajes este 2026. Al menos, por el momento: solo se necesita hacer la solicitud para utilizar sus calles con una antelación mínima de 10 días hábiles antes del inicio de las grabaciones. Así que, por ahora, los vecinos gozan de un respiro muy leve después haber visto interrumpida su normalidad en varias ocasiones este verano.
En esta última, durante tres semanas de julio y agosto se dio el trasiego de figurantes disfrazados, cortes en las calles de la ciudad tanto al tránsito como de servicios (como la recogida de residuos) y la interrupción del paso a la Catedral, la calle Manaies, el paseo Arqueològic, Pujada de Sant Domènec o la muralla de la ciudad. El consistorio además reservó espacios para vehículos técnicos en diferentes puntos del centro histórico y dejó para la logística la Casa Sarraïnes y el Museo de Historia de Girona. A todo ello se le suma que mientras durasen las grabaciones se establecía un perímetro de varios metros para proteger la confidencialidad del trabajo de un equipo de 500 personas, que también se desplazó a la localidad vecina Besalú.
Los rodajes terminan, pero no desaparece el hastío de los gerundenses, que llevan tiempo siendo víctimas de su propio éxito como escenario (en junio de este 2026 también se ha grabado la nueva película de Tomb Raider) pese a que, según el Ayuntamiento, pueden acceder a sus domicilios con normalidad… siempre y cuando no interrumpan a las cámaras.
La situación es recurrente. Y no están solos: Madrid ya ha pedido contención a la hora de utilizar la capital para rodajes cinematográficos, ante las protestas de los vecinos de los barrios más céntricos, y el dato de que se ha disparado la concesión de licencias para grabaciones un 42,25% en un año. Su alcalde, José Luis Martínez-Almeida, quiere echar el freno al rally del cine en la capital tras la última queja, la de la vecindad de Los Jerónimos (en el distrito de Retiro) por los muchos rodajes en sus calles y los perjuicios derivados. Almeida dio la razón al argumento de que una treintena de rodajes en seis meses en el barrio madrileño «son muchos». Además, en el primer semestre de 2026 se solicitaron 50 peticiones y se autorizaron 30, según concretó Almeida en la misma ocasión. «Me parecen muchas y más en un barrio que no es grande«, expresó. El objetivo nunca ha dejado de ser «preservar la calidad de vida y el bienestar de los vecinos», teniendo en cuenta además que «hay otras localizaciones en Madrid que también merecen muy mucho la pena para ser rodadas», concluyó.
En el caso de Girona, el cansancio vecinal va más allá del cine. Es más bien un cúmulo de éxitos turísticos, como la popularidad de festivales locales como Temps de Flors o el boom del cicloturismo (por el paso de Lance Armstrong en la ciudad), por el que este 2026 el Ayuntamiento se ha abierto a suspender temporalmente las licencias de apertura de nuevos establecimientos relacionados las bicicletas ante lo que consideran un «crecimiento desmesurado» que impide a la ciudad conservar su «identidad propia, de comercios familiares, cercanos y diversificados».
Todo ello se produce además en el marco de una invasión de viviendas de uso turístico después de que, en dos años de aplicación de zonas tensionadas, su oferta de alquiler residencial se haya reducido un 50%, pero aumentase en paralelo y más de un 166% la de corta duración. Una demanda que se ha visto potenciada por el turismo de pantalla, aquel que anima a visitar escenarios de películas y series, y que en 2023 determinó el destino del 64% de los viajeros encuestados por American Express en su informe anual de tendencias turísticas (la tasa aumentaba al 70% en el caso de los Millennial y Generación Z).
En España, el Observatorio del Turismo de Pantalla reveló que entre un 22% y un 40% de los viajeros europeos encuestados había descubierto algún lugar del país gracias al cine. Entre españoles, del 65% de los encuestados que lo había hecho, un 27% había visitado ya el lugar y un 26% planeaba hacerlo. Y si bien Andalucía es la principal beneficiada (43%), Cataluña (21%) y Madrid (21%) están a la par en cuanto a la atracción de turistas de pantalla. Les siguen de cerca Castilla y León (17%), Comunidad Valenciana (15%), Euskadi (15%) y Galicia (9%) como muestra de que el turismo del cine va más allá de las capitales.
En el caso del plató de Girona los vecinos dejan constancia de la explosión de la oferta de actividades turísticas relacionadas con Juego de Tronos desde que se grabase en la ciudad en 2015. Porque, como transmiten los propios guías turísticos de la ciudad a este medio, quizás los rodajes no aporten a las arcas públicas, pero sí hacen una importante publicidad de la localidad y actúan de imán de turismo de calidad.
Sin embargo, con la última visita de las productoras, en el vecindario ha quedado patente su cansancio ante una gestión del éxito insuficiente con carteles en los balcones (Somos un barrio, no un decorado, -rodajes+servicios, o Queremos un barrio para vivir, no para sobrevivir).
«El Barri Vell es mucho más que un decorado. Valoramos la actividad cultural y los rodajes que proyectan Girona, pero reclamamos más planificación, información con antelación y respeto por el descanso, la movilidad y la calidad de vida del vecindario. Vivir aquí también debe ser una prioridad«, reivindica la Asociación de Vecinas y Vecinos del Barri Vell-Mercadal. Preparan una moción ciudadana, según avanzan Ser Cataluña y El País, para que las productoras cinematográficas vuelvan a pagar la tasa municipal por usar los espacios públicos y se establezca un límite al calendario de rodajes.
«Sí vamos a estudiar la implantación de una tasa para los rodajes«, afirman a este medio fuentes del Ayuntamiento, para que se ingrese directamente en las arcas públicas «y se revierta en inversiones y mejoras para la ciudad y los barrios implicados, que suelen ser el Barri Vell y el Mercadal». Mientras tanto, añaden que con los dos rodajes de este año «hemos llegado a acuerdos concretos con las productoras para que reviertan en mejoras en la ciudad» y, puntualizan, «también gracias a la voluntad de las productoras de realizar un retorno social». Sobre un ejemplo práctico de estos acuerdos, afirman que «han realizado inversiones en mobiliario urbano», sin dar más detalle.
Aunque, en realidad, las tasas de ocupación de las vías públicas para rodajes ya están establecidas, y en función del tipo de calle y de la duración, oscilan entre los 211 y los 845 euros. Su fin es costear la licencia de uso de la zona o la coordinación de servicios municipales; pero no pagan los servicios de retirada del mobiliario urbano, la señalización especial o la intervención de la Policia Municipal. Lo que ocurre es que la tasa queda anulada de manera habitual, porque se permite una exención cuando «las producciones tengan como objetivo la promoción y divulgación de la ciudad de Girona».
Y es que la publicidad no contratada es una externalidad vigilada de cerca por las autoridades, ante la imposibilidad para evaluar de forma veraz el efecto del turismo de pantalla. O sus ingresos directos. En 2015, con el rodaje de Juego de Tronos, se emitieron 104.443 publicaciones online (redes sociales, prensa y blogs) sobre la producción de HBO y Girona, según un estudio que comisionó el propio Ayuntamiento, en aquel momento gobernado por Carles Puidgemont. «Estas publicaciones han tenido un total de 1.333 millones de visualizaciones en todo el mundo», resumía el consistorio, que equivalió más de 3,67 millones de euros de inversión publicitaria.
Todo forma parte de un sistema más complejo, y nacional: desde 2015 España ofrece un incentivo fiscal específico para producciones extranjeras, modificado en varias ocasiones para mejorar el atractivo del país como escenario. A rasgos generales, se aplica una deducción del 30% sobre el primer millón de euros invertido en gastos elegibles y un 25% sobre los gastos adicionales del rodaje. Las regiones con regímenes fiscales distintos (como Navarra y País Vasco) ofrecen otras modalidades.
La apuesta española por convertirse en set de rodajes viene de lejos, y fue potenciada por el Gobierno en 2021 (con fondos NextGenerationEU) en el marco del proyecto Spain Audiovisual Hub. Su objetivo era aumentar en un 30% los niveles de producción audiovisual para 2025, explica la Spain Film Commision. Una meta superada, dado que el crecimiento al cierre de 2025 se sitúa por encima del 50%-70% dependiendo del tipo de producción, según los datos públicos. En cifras, estiman que «cada euro público invertido a través del programa de incentivos fiscales generó nueve euros adicionales para la economía española entre 2019 y 2022» en términos de empleo directo e indirecto, gasto de hostelería, promoción… Aunque «es difícil cuantificar el impacto de la producción incentivada en el turismo», como reconocen desde la comisión del proyecto.
Hay que saber manejar bien el éxito. Y evitar resultados como el del turismo influenciado por Notting Hill (1999) en el barrio londinense que lleva su nombre: el pasado 2025 varios de sus vecinos pintaron con colores oscuros su famosa calle de casas coloridas para así poner freno al «aumento del turismo disruptivo», según recogían medios locales, y recuperar el espacio para los vecinos.
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