Los meses de febrero han sido los elegidos, en los últimos tiempos, para iniciar una guerra: lo hizo Donald Trump un 28 de febrero de 2025, y tres años antes, en 2022 Vladimir Putin, dictador ruso, eligió el día 24 del mismo mes para iniciar su ofensiva sobre Ucrania, que aún hoy perdura. Con el este del país arrasado por las bombas y buena parte de la capital, Kiev, hay quien sigue aguantando el envite de la guerra junto a los ucranianos. Citi es el único banco global que permanece y ejerce de puente para las empresas e inversores internacionales que mantienen contacto con el país; pero su papel va más allá porque aspira a canalizar los milmillonarios flujos de inversión que llegan del exterior para acometer un anhelo que se retrasa en el tiempo como es la reconstrucción de Ucrania tras el fin de la guerra.
La inversión necesaria durante la próxima década asciende a más de medio billón de euros para crear una ‘nueva frontera’ frente a la Rusia de Putin
Los meses de febrero han sido los elegidos, en los últimos tiempos, para iniciar una guerra: lo hizo Donald Trump un 28 de febrero de 2025, y tres años antes, en 2022 Vladimir Putin, dictador ruso, eligió el día 24 del mismo mes para iniciar su ofensiva sobre Ucrania, que aún hoy perdura. Con el este del país arrasado por las bombas y buena parte de la capital, Kiev, hay quien sigue aguantando el envite de la guerra junto a los ucranianos. Citi es el único banco global que permanece y ejerce de puente para las empresas e inversores internacionales que mantienen contacto con el país; pero su papel va más allá porque aspira a canalizar los milmillonarios flujos de inversión que llegan del exterior para acometer un anhelo que se retrasa en el tiempo como es la reconstrucción de Ucrania tras el fin de la guerra.
Según el último informe elaborado por Citi Institute, ‘Rebuilding Ukraine‘, se necesitan cerca de 588.000 millones de dólares (unos 511.000 millones de euros al cambio actual) durante la próxima década para cubrir el daño que se ha realizado a las infraestructuras públicas, viviendas y demás comercios del país. La entidad entiende que cerca del 40% de estas necesidades pueden venir del sector privado, con nuevas iniciativas o como respaldo a las instituciones públicas. «Representa cerca de tres veces el PIB de Ucrania en 2025; el equivalente al 2,6% del de la Unión Europea, o una cuarta parte del de Rusia; y ajustado a la inflación 3,5 veces la ayuda que destinó EEUU a Europa en el Plan Marshall tras la II Guerra Mundial», analiza el estudio. Pero no se trata de una cifra estanca, ya que se calcula que los ataques rusos cada vez están causando un mayor daño económico. Solo en 2025 las necesidades de financiación aumentaron un 12%, debido principalmente a que los bombardeos se intensificaron sobre la capital, Kiev, donde los daños se dispararon un 49%.
«Prácticamente cada sector de la economía necesitará ser reconstruido; sin embargo, hay cinco sectores que concentran dos tercios de todas las necesidades», sostienen los analistas: vivienda, energía y plantas extractoras, transportes, comercio e industria y agricultura. Más allá de las cifras, la guerra supondrá un punto de inflexión en la ‘nueva Ucrania’ una vez se retiren los tanques. Y es que el país, tal y como se conocía, dejará de existir porque si de algo ha servido el conflicto es para redefinir el papel de Ucrania como frontera natural con el régimen ruso. Amy Thompson, una de las autoras del informe, habla del «surgimiento acelerado de una nueva economía en la frontera oriental de Europa (…) No estamos hablando de un simple retorno —es decir, de cuánto tiempo llevará volver a la situación anterior—, sino más bien del surgimiento de una nueva Ucrania; especialmente si consideramos el enfoque de reconstruir mejor (Build Back Better)» en materia de vivienda o de energía ahora que la Unión Europea busca su independencia.
Sin embargo, Citi ve difícil que estos flujos de inversión lleguen antes de que se dé por finalizado el conflicto. «La paz es fundamental para ver cómo el capital se mueve a gran escala porque necesitan asegurarse que sus operaciones son seguras, que la gente que va a trabajar y vivir su vida allí también lo están», reconoce Thompson. Aunque la maquinaria ya se ha puesto en marcha: existen compromisos iniciales firmados, hay quien incluso está entrando en Ucrania en zonas que no se han visto afectadas por la guerra… pero, sin duda, el gran fllujo de inversión aguarda tras la frontera.
Citi Institute visualiza tres palancas fundamentales que impulsarán la llegada de dinero extranjero para reconstruir el país y la primera de ellas es la posible integración en la Unión Europea. «Con cifras históricas de otros informes, sabemos que la entrada de inversiones de países no comunitarios se dispara entre un 60% y un 85% y sube otro 50% de miembros de la UE» cada vez que un estado se incorpora como nuevo miembro. «Creemos que será un factor diferencial, aunque hay dos más: la necesidad de reforzar la defensa en el frente oriental y la demanda de minerales críticos», una de las claves de la economía ucraniana.
A lo largo de los últimos cuatro años los inversores internacionales han amagado algunas veces con entrar en el país y empezar a trabajar en su reconstrucción, aunque finalmente esto ha quedado en nada. Esta vez, sin embargo, podría ser diferente. Al menos eso es lo que creen desde Citi por dos razones. «La primera es la extraordinaria oportunidad de reconstrucción que existe, y un segundo motivo muy importante es la necesidad de respaldar al sector público, algo que parece improbable que consiga hacer en solitario (…) Debería mantener sus inversiones a un ritmo constante durante la próxima década. Esto nos lleva a pensar que el sector privado debería ser parte del Team Ucrania también».
Uno de los ejemplos es la vivienda. Se calcula, por ejemplo, que el 14% del stock total de vivienda ha sido destruido, aunque hay algunas áreas particularmente afectadas, como las regiones de Járkov y Donetk al este del país o algunos barrios de la capital, Kiev. «La reconstrucción de vivienda es un ejemplo muy bueno para acercarnos a cómo podría ser la reconstrucción de Ucrania. Más allá de volver a levantar grandes edificios para familias de la era postsoviética, hay una oportunidad para crear casas más eficientes energéticamente y, desafortunadamente, casi de manera imperativa van a tener que ser hogares más accesibles» para todas las personas que han sufrido algún daño físico durante la guerra. El otro sector clave es el energético. «El pipeline de proyectos soñado tiene muchas iniciativas de energía que buscan respaldar la independencia» del país, explica Thompson, que reconoce que el tema recurrente cada vez que se trata esta cuestión es ese, el de lograr un nuevo país que «pase del sistema soviético a una nueva forma de generar y distribuir energía». No hay cifras concretas porque lo primero es lograr la paz, evaluar daños y necesidades y, a partir de ahí, destinar fondos a la construcción de la nueva Ucrania. Lo que parece seguro es que las empresas privadas jugarán un papel fundamental.
Mientras tanto la vida sigue en el país con normalidad en muchas regiones, sobre todo en las más cercanas al oeste. La analista recuerda que el tamaño de Ucrania es comparable a Francia y a Alemania juntas. El CEB (banco de desarrollo social europeo) concede hipotecas para aquellos ciudadanos que quieran comprarse una vivienda y el Gobierno intenta trabajar con normalidad en un país volcado en la economía de guerra.
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