Tras 26 años, las tropas israelíes vuelven a poner los pies en el estratégico castillo de Beaufort en la lucha contra la milicia Hezbolá. El ejército de Israel ha anunciado este domingo la toma de la fortaleza medieval en el sur de Líbano ―y al norte de la línea que marca el río Litani―, como parte de los esfuerzos para anular al grupo proiraní en la región fronteriza norte con Israel. El castillo tiene gran valor militar (e histórico) al alzarse a 710 metros de altura y ofrecer vistas panorámicas como puesto de vigilancia. En paralelo, las tropas israelíes también han llevado a cabo una nueva ofensiva aérea sobre Tiro, la mayor ciudad meridional del país, con unos 200.000 residentes. Los bombardeos han afectado las inmediaciones del Hospital Hiram, donde 13 médicos han resultado heridos. Lo denuncia el Ministerio de Sanidad libanés, que registra 41 víctimas mortales durante las últimas 24 horas.
Las tropas israelíes se acercan a la ciudad de Nabatie y amplían la “zona de seguridad” donde imponen la salida de civiles
Tras 26 años de lucha contra la milicia Hezbolá, las tropas israelíes vuelven a poner los pies en el estratégico castillo de Beaufort. El ejército de Israel ha anunciado este domingo la toma de esa fortaleza, levantada sobre una colina hace 900 años en el sur de Líbano ―y al norte de la línea que marca el río Litani―, como parte de los esfuerzos para anular el grupo proiraní en la región fronteriza norte con Israel. En paralelo, las tropas israelíes también han llevado a cabo una nueva ofensiva aérea sobre Tiro, la mayor ciudad meridional del país, con unos 200.000 residentes. Los bombardeos han afectado las inmediaciones del Hospital Hiram, según ha denunciado el Ministerio de Sanidad libanés. Al menos 13 médicos han resultado heridos.
“Hemos regresado a Beaufort más fuertes que nunca”, ha reivindicado este domingo el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. “Nuestras fuerzas han cruzado el río Litani. Han capturado la cresta de Beaufort. Y ahora mi instrucción es que profundicen y expandan nuestro dominio a [nuevos] lugares que Hezbolá controla”, ha explicado el mandatario en un comunicado.

El avance israelí sobre el terreno en el sur de Líbano es parte de la campaña intensificada contra Hezbolá que Netanyahu ordenó días atrás, pese a la existencia de una tregua impuesta por Estados Unidos en abril que solo sobrevive en el papel. La escalada israelí incluye la exigencia de vaciar de residentes todo lo que se encuentra en una región meridional que supone casi la quinta parte del país. La lucha por incrementar la ocupación militar coincide con un momento en el que las negociaciones entre Washington y Teherán, que por momentos parecen acercarse a la culminación, podrían derivar en un acuerdo que impida a Israel seguir menoscabando a la milicia proiraní.

“Un misil ha alcanzado nuestra escuela”, lamentaba este domingo por teléfono Hyam Habib, más conocida como hermana Habib. Dirige el Colegio de las Hermanas de los Sagrados Corazones, hoy sin estudiantes. El centro se levanta sobre la colina del municipio de Marjayún, a nueve kilómetros de Israel. Aunque el ejército israelí no ha acometido el desalojo forzoso de esa área de mayoría cristiana, el avance por los dos costados hacia el norte del Litani la rodea. Ello dificulta una permanencia en zonas de mayoría cristiana, que en las aldeas predominantemente chiíes de alrededor, arrasadas y bajo ocupación israelí, es simplemente imposible.
El ejército de Israel no logró asestar un golpe definitivo sobre el movimiento armado en 2024, tras meses de conflicto que causaron miles de víctimas en Líbano —la mayoría civiles— y que empezaron cuando Hezbolá se sumó a la guerra iniciada por Hamás, en octubre de 2023. Las tropas israelíes tampoco han erradicado a la milicia desde el 2 de marzo, cuando Hezbolá interrumpió 15 meses de tregua unilateral en la que Israel mató a 400 libaneses y atacó de nuevo a Israel, en este caso, aludiendo a un esfuerzo por defender a Irán, su sostén financiero y militar.
La ofensiva israelí ha matado desde entonces a 3.371 personas, según las autoridades de Beirut. Netanyahu aseguró el domingo, sin demostrarlo, que 3.000 eran “terroristas” de Hezbolá. El Gobierno libanés cifra en 240 los menores muertos, así como 127 trabajadores sanitarios y 326 mujeres.
El ejército israelí ha publicado este domingo imágenes de explosiones en áreas habitadas de Tiro donde asegura que ataca “centros de mando” de la organización libanesa, con arraigo y apoyo en buena parte del sur libanés. Al mismo tiempo, ha afirmado que tomar el control de Beaufort y del río Saluki permite “desmantelar una infraestructura terrorista” explotada por Hezbolá “bajo dirección iraní”. Los soldados, ha agregado, operan “cerca de Nabatie”. Se trata de la segunda ciudad meridional de Líbano y hogar de 75.000 residentes, aunque la mayoría, según la Defensa Civil libanesa, ha huido. La nota lo describe como “un bastión de Hezbolá”, alertando que están “preparados” para expandir la ofensiva.
Una victoria operativa
Dirigentes y periódicos israelíes han dado este domingo una gran importancia a la toma del emblemático castillo de Beaufort y de otros municipios al sur de Nabatie. Lo retratan como una victoria operativa que permite incrementar lo que Israel cataloga como una “zona de seguridad” a 35 kilómetros al norte de su frontera, alejando a Hezbolá, aunque algunos expertos en derechos humanos lo ven como una expulsión forzosa de la población civil similar a lo visto desde 2023 en Gaza, que incurre en la ilegalidad debido a su carácter desproporcionado.
Nabatie, que en la década de los 1980 fue el germen del nacimiento de Hezbolá, es militarmente, junto con sus aledaños, una suerte de talón de Aquiles para Israel. Sucesivas resoluciones internacionales y acuerdos de alto el fuego, como el de 2024, exigen que la milicia libanesa se retire de la franja fronteriza y se ubique al norte del río Litani, cuyo curso avanza a entre cinco y 30 kilómetros de distancia de Israel.
Aunque la ciudad se encuentra por encima del río, está en el punto más cercano entre el Litani y la frontera israelí. Eso hace que, incluso cumpliendo con la retirada, los cohetes y los drones de Hezbolá —especialmente efectivos entre 10 y 20 kilómetros— puedan ser aún una amenaza para las comunidades israelíes, más todavía durante acuerdos de tregua que permiten libertad de acción a Israel.
Los residentes de Nabatie y del resto del sur libanés, en su mayoría de confesión chií, ven la destrucción generalizada y las órdenes israelíes de desalojo como un modo de forzar una crisis humanitaria entre sus seguidores y que presione a Hezbolá.
El levantamiento de la bandera israelí sobre Beaufort repite la historia reciente, en la que Israel ha lanzado cinco ocupaciones sobre la zona desde 1978. Israel ya lo controló durante la ocupación que lanzó sobre el sur de Líbano entre 1982 y 2000, que empezó para expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y que terminó con la creación de Hezbolá. La UNESCO lo considera Patrimonio de la Humanidad, una distinción que también reconoce a la ciudad de Tiro, una urbe milenaria.
Pueblos destruidos
“Muchos pueblos a nuestro alrededor están destruidos y la gente se ha ido”, lamentó Habib días atrás, durante una visita de EL PAÍS al colegio en Marjayún y antes del actual avance israelí. La directora, ataviada con un atuendo discreto y con el cabello corto y canoso al descubierto, expresó su dolor. El centro que dirige, ubicado en una de las pocas áreas meridionales donde sigue habiendo población civil, y creado en 1932 —antes de que Líbano fuera independiente, y previo al nacimiento de Israel— carece de vida.
En su lugar, retumbaba el eco de las explosiones en las aldeas cercanas, donde Israel luchaba en esos momentos contra Hezbolá para hacer posible el despliegue hasta Beaufort, ahora confirmado. Además, las tropas también han tomado posiciones en Dibbine, un municipio chií encima de Marjayún.
La directora indica que el centro tenía estudiantes de 22 municipios distintos y de todas las confesiones, también chiíes, el signo religioso que profesa Hezbolá. Desde el reinicio de la guerra, Israel hizo llegar mensajes a las aldeas cristianas de la zona, a las que permitió quedarse, en los que amenazó que se convertirían en objetivo si acogían a desplazados de las comunidades vecinas de confesión chií. Hoy, pese a contar con esas garantías, la hermana Habib ve con pena la imposibilidad de reabrir las aulas en el contexto actual, puesto que considera los colegios como una estructura “imprescindible” para que la gente pueda permanecer en la zona.
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