
Para llegar a la vivienda de You Weijie, ubicada en una torre anodina no muy lejos del centro de Pekín, conviene encomendarse a los dioses de la invisibilidad, atravesar rápido el vestíbulo del edificio, donde hay una pequeña comisaría siempre ojo avizor, girar enseguida a mano izquierda, zambullirse de inmediato en uno de los ascensores y esperar que nadie haya advertido a la pareja de extranjeros que suben al piso 14º del bloque.
You Weijie reclama que las autoridades de Pekín publiquen “todos los hechos” para que no se vuelva a repetir una tragedia como la de 1989
Para llegar a la vivienda de You Weijie, ubicada en una torre anodina no muy lejos del centro de Pekín, conviene encomendarse a los dioses de la invisibilidad, atravesar rápido el vestíbulo del edificio, donde hay una pequeña comisaría siempre ojo avizor, girar enseguida a mano izquierda, zambullirse de inmediato en uno de los ascensores y esperar que nadie haya advertido a la pareja de extranjeros que suben al piso 14º del bloque.
La señora You abre la puerta de su casa e invita a pasar sin demora al interior. Es cerca del mediodía del 27 de junio de 2025. De este encuentro hace casi un año, pero que no se haya publicado hasta hoy tiene una explicación: esta mujer, con todo lo frágil y menuda que parece, resulta una persona sumamente incómoda para el Gobierno. Es la portavoz de las Madres de Tiananmén, una agrupación que reúne a familiares de las víctimas de las protestas estudiantiles de 1989, duramente reprimidas por las autoridades comunistas el 4 de junio de aquel año. Ella es una de las últimas voces; muchas se han ido apagando con el paso de los años.
En realidad, la señora You no es una madre, sino una viuda de Tiananmén. Su marido, Yang Minghu, acudió la madrugada del 4 de junio a la plaza alertado por el sonido de los disparos y las noticias de que el ejército estaba abriendo fuego contra sus propios ciudadanos. En las inmediaciones de Tiananmén fue alcanzado por una bala, y murió en el hospital dos días después. Tenía 42 años; ella 36.
Aunque de aquello han transcurrido 37 años —ahora You pasa de los setenta—, cada 4 de junio sigue siendo un momento sensible en la República Popular, donde se ha impuesto la ley del silencio sobre la masacre, y el número total de víctimas aún es una incógnita: los cálculos oscilan entre centenares y varios miles. El aparato de seguridad extrema la vigilancia en los días previos, para evitar conmemoraciones públicas o que se difundan mensajes delicados, y entrevistar a quienes tienen algo que decir resulta casi imposible.

El año pasado, cuatro días antes del aniversario, EL PAÍS acudió a casa de la señora You, pero la policía llamó a la puerta a los diez minutos y puso fin al encuentro. Al día siguiente, fue conducida por las autoridades a un lugar no revelado fuera de Pekín, como suelen hacer cada año para asegurarse de que no tiene contacto con la prensa. EL PAÍS volvió a visitarla al mes, con la esperanza de que la policía tuviera la guardia baja. El resultado es esta entrevista, guardada durante 11 meses, en la que la portavoz de las Madres de Tiananmén, sentada en su sobrio sofá de madera oscura y cojines blancos, habló durante cerca de dos horas; prácticamente un monólogo interrumpido por algunas preguntas, en el que comenzó disculpándose por la irrupción de la policía unas semanas antes.
“Es que debajo de mi piso hay un punto de policía, me vigilan”, explicó. “Os dije que no vinierais, porque cerca de la fecha del 4 de junio me vigilan de forma más intensa. Pero le dije a la policía que si los periodistas extranjeros vienen no puedo ser maleducada y echarles: lo que la policía quiera hacer no tiene nada que ver conmigo”.

“Organizamos actos conmemorativos en el Cementerio de Wanan, porque ahí están enterrados los muertos de ocho familias. Este año [2025] fuimos cinco familias. Esta es la tumba de Yuan Li [muestra una fotografía]. Era ingeniero, tenía 30 años cuando lo mataron. Cada año realizamos una ofrenda ante su tumba. Yo leí el escrito conmemorativo. El control era muy estricto: estábamos completamente rodeados de policías. La policía nos llevó al cementerio; ese día no éramos libres”.
“Mi hijo me acompaña al cementerio en Qingming [día de limpieza de tumbas, a principios de abril]. La policía también se ofrece a llevarnos en su coche en esa fecha, pero siempre lo rechazo y les explico que limpiar la tumba es privado, que no quiero que nos molesten”.
“Durante los años noventa éramos libres. Pero el Gobierno no quiere que los medios extranjeros hagan reportajes. Entonces, como los medios de Hong Kong venían con nosotros, el Gobierno se dio cuenta de la repercusión que tenía esa cobertura; creo que por eso la policía empezó a llevarnos al cementerio alrededor de 2002 o 2003, para evitar a la prensa”.
“Esta tragedia es algo que el Gobierno debe resolver y afrontar su responsabilidad con las víctimas. Todo fue tan de repente, nadie estaba preparado para que los militares disparasen contra gente de nuestro propio país, que llevaran a cabo una masacre. Una tragedia así es dolorosa para las familias de las víctimas. Hay incluso algunas víctimas que siguen desaparecidas”.
“Lo que pedimos es simple: tres demandas, que todos conocen. Uno, la verdad. ¿Por qué enviaron a los militares? Dos, compensación: lo que hicieron es horrible, no podemos aceptarlo. Tenemos donaciones anónimas, pero el Gobierno nunca nos ha dado nada. Tres, responsabilidad: ¿quién dio la orden de disparar? ¿Según qué artículo de la ley? Esperamos tener una conversación con el Gobierno”.

“Entonces, mi hijo tenía menos de cinco años. Se pueden imaginar el impacto que tuvo. El Gobierno hizo que el pueblo lo aceptara a la fuerza, no quedaba otra, ya había matado a la gente. Nuestra Constitución protege la libertad de expresión y pensamiento de los ciudadanos, incluyendo la libertad de protestar. Durante las manifestaciones estudiantiles no ocurrió nada violento. ¿Por qué definió el Gobierno a algunos como contrarrevolucionarios? No tenía derecho a hacerlo. ¿A quiénes quisieron suprimir de manera tan cruel y bárbara? ¿Cómo pudieron hacer eso?”.
“Los familiares de las víctimas estamos muy dispersos. El primer comunicado lo publicamos en 1995. Desde entonces, la policía nos vigila a todos los firmantes. Hasta 1999 las madres fueron muy activas. Antes de 2014 la policía también me contactaba, pero no tanto como ahora, porque entonces no concedía entrevistas. En 2013, como las madres empezaban a ser mayores, las esposas continuamos el trabajo”.
“Creo que no todos los jóvenes chinos desconocen lo ocurrido. Hay padres que hablan de ello. Además, ahora tenemos una sociedad con acceso a la información. De vez en cuando mis amigos me mandan cosas relacionadas, dicen que con VPN [red privada virtual que permite sortear el cortafuegos chino de internet], se puede ver lo que se publica en diferentes lugares. La gente parece callada, pero su corazón no es ignorante. Los jóvenes tienen sus maneras de encontrar y saber cosas”.

“Estos hechos forman parte de la historia. Ocurrió realmente en Pekín. Es imposible esconderlo. Creo que el Gobierno entiende el dolor que trajo al pueblo con la orden de disparar. No se atreve a negarlo, ni a afrontarlo. Creo que tiene miedo de que el pueblo pierda la confianza en él. Porque esta historia no es para estar orgulloso. Sobre todo, después de 36 años. Yo tengo más de 70. Cuando nosotros ya no estemos, quizás el recuerdo de esta historia se apague. Pero tarde o temprano el pueblo pedirá cuentas al Gobierno por este episodio, porque fue un crimen. Yo lo creo”.
“Nuestra organización también se reúne por año nuevo, el Gobierno no lo impide [seis meses después de esta entrevista, las autoridades prohibieron por primera vez el encuentro, que se celebraba desde 2009]. A estas reuniones viene más gente. El año pasado fuimos 20 y pico: un padre, dos madres, y los demás éramos esposas y hermanos. Oficialmente somos 202 [familias de víctimas]. Pero no estamos todos, porque muchas familias no se atreven debido a la presión”.
“No sé quién es el hombre [de la foto] del tanque. He leído que algunos dicen que es alguien llamado Wang Weilin, pero no sé si es verdad. El Gobierno debería publicar todos los hechos poco a poco”.
“En 1989, yo trabajaba en una fábrica de tintorería y estampado bajo la jurisdicción de la Oficina Textil de Pekín, me encargaba del diseño de productos nuevos, y luego me pasé a contabilidad. Mis compañeros mostraron mucha empatía después de la muerte de mi marido. Vivo sola, mi hijo está casado. La primera mitad del año vivo bajo presión intensa por el 4 junio. Durante la otra mitad, cuando tengo tiempo libre, hago ejercicio, paseo sola; antes iba a las plazas a bailar, pero ahora tengo problemas de cintura y dejé de ir. También toco instrumentos musicales, aprendo con tutoriales de internet. Me gusta y no me cuesta”.
“Cuando mi hijo tiene tiempo me visita, pero tiene su propia familia. Soy una persona tranquila, no me gusta el bullicio, estoy bien sola. Mi nieto también vive en Pekín, a veces voy a cuidarlo, pero los abuelos maternos lo cuidan más. El año que viene cumple 10 años”.
“Creo que después de la Revolución Cultural, el Gobierno chino de verdad quiso abrirse al extranjero y al mundo. Creo que desde principios de los ochenta hasta 1989 China iba mejorando, permitiendo la libertad de pensamiento al pueblo; los intelectuales se atrevían a alzar la voz, el Gobierno no reprimía tanto y dejaba hablar. Aquello tuvo una gran influencia en los universitarios. Propusieron medidas anticorrupción y transparencia sobre el patrimonio de los cargos públicos. Eso es válido. No propusieron que cayera el Gobierno, solo quisimos reformas, una reforma política más profunda; igual que hubo una reforma económica, que me parece un buen cambio. China habría sido mejor. Las ideas y propuestas de los estudiantes resonaron entre la población, mucha gente lo apoyaba”.

“El Gobierno destaca que administra según la ley y la Constitución, pero ¿lo está haciendo? Si, como dice, quiere asegurar los derechos civiles, la libertad de pensamiento y de expresión, entonces debe proteger también el derecho de las víctimas de la tragedia del 4 de junio. Si no lo solucionan, cuando haya un conflicto semejante, es posible que el Gobierno dispare otra vez. Por eso creo que es necesario solucionarlo”.
Este año, 107 familiares firman el comunicado de las Madres de Tiananmén por el 37º aniversario de la matanza. La señora You vuelve a encabezar la lista: “La tragedia del 4 de junio es un problema histórico que China no puede eludir”, reclama.
Mientras, el Buró de Seguridad Pública de Pekín ha prohibido por primera vez en 30 años la celebración de su tradicional acto conmemorativo en el cementerio de Wanan, según Radio Free Asia. EL PAÍS no ha podido confirmarlo con la señora You: no responde a los mensajes.
Internacional en EL PAÍS
