«¿Para qué quieres cambiarte de forma tan significativa? ¿Para conseguir novio? Con tu rostro actual, es poco probable que atraigas a un gran hombre», le espeta una consultora de belleza a la joven Yufan Lu, de sólo 27 años. «No lo llamemos cirugía estética; eso son las grandes intervenciones como el aumento de pecho o la cirugía ósea, ¿verdad? Lo que nosotras hacemos son ajustes menores. Yo sigo siendo yo, sólo que una versión más refinada, ¿no? Notarás que con cada ajuste que haces la calidad de tus novios mejora», continúa la diseñadora de belleza (también se las llama así). Y se pone a ella misma como ejemplo: su primer novio era estudiante pero a medida que perfeccionó su rostro con una cirugía aquí y otra allá consiguió casarse con un doctorado que nunca la habría mirado de no haberse hecho guapa a sí misma.
Yufan Lu publica el fotolibro ‘Make Me Beautiful’ gracias al premio español Star Photobook. En él muestra la obsesión por la belleza y retrata por dentro la megaindustria de la cirugía estética en China
«¿Para qué quieres cambiarte de forma tan significativa? ¿Para conseguir novio? Con tu rostro actual, es poco probable que atraigas a un gran hombre», le espeta una consultora de belleza a la joven Yufan Lu, de sólo 27 años. «No lo llamemos cirugía estética; eso son las grandes intervenciones como el aumento de pecho o la cirugía ósea, ¿verdad? Lo que nosotras hacemos son ajustes menores. Yo sigo siendo yo, sólo que una versión más refinada, ¿no? Notarás que con cada ajuste que haces la calidad de tus novios mejora», continúa la diseñadora de belleza (también se las llama así). Y se pone a ella misma como ejemplo: su primer novio era estudiante pero a medida que perfeccionó su rostro con una cirugía aquí y otra allá consiguió casarse con un doctorado que nunca la habría mirado de no haberse hecho guapa a sí misma.
Es una de las historias que Yufan Lu recoge en su sorprendente fotolibro Make Me Beautiful (Editorial RM, Phree y Ediciones Posibles), una crónica de su paso por más de 30 clínicas de cirugía estética para exponer la lucrativa industria de las operaciones estéticas en China. «Crecí siendo testigo del floreciente auge de la industria de la cirugía estética, rodeada de juicios sobre mi propia apariencia», admite Lu vía Zoom desde su Tianjin natal, al norte del país, gran ciudad portuaria de cerca de 14 millones de habitantes. Hoy, tiene 35 años y su rostro en la pantalla luce una belleza natural y fresca.
«Recurrí a la fotografía como medio para afrontar mis propias inseguridades, pero también para explorar los ideales de belleza impuestos por la sociedad, que no han cambiado demasiado desde mi adolescencia: ojos más grandes, nariz más alta y más pequeña, piel blanca o más pálida… Y, por supuesto, delgadez», explica la artista, que vive entre Tianjin y Helsinki, donde realizó un máster en fotografía en la Aalto University y ahora está cursando un doctorado.
Lu desarrolló su proyecto fotográfico en 2018 y ahora lo ha podido publicar en un cuidado formato gracias al premio español Star Photobook Dummy Award, organizado por la Fundación Photographic Social Vision. Sin esta beca fotográfica no habría podido insertar páginas de distintas texturas y detalles significativos como el lomo cubierto por una especie de tela/esparadrapo, que remite a una poscirugía.
Lo más llamativo de Make Me Beautiful son sus propios retratos repetidos una y otra vez, pero intervenidos a rotulador por los médicos y consultores con todo tipo de retoques. «Hoy no lo veo realmente como si fuera yo, es como si se hubiera convertido en una capa de mí que me quité…», confiesa. Con este retrato se presentaba en las clínicas, pidiendo información. «A veces les parecía un poco raro porque normalmente en una primera consulta la gente no hace eso. Les decía que quería mantener un archivo para comparar las opciones de las diferentes clínicas y tomar una mejor decisión», recuerda.
Entonces llegan los comentarios de los consultores de belleza. Y algunos producen escalofríos. «¿No te has dado cuenta de que tu boca sobresale un poco?», le indica un consultor, que le recomienda extraer algunos dientes y retraer el hueso de la mandíbula: una cirugía ósea. Otro le dice que sus ojos son asimétricos y que necesita una cirugía de doble párpado («todas las mujeres la necesitan», la tranquiliza) y una cantoplastia, que sólo requiere cirugía local y sirve para elevar, tensar y cambiar la esquina exterior del ojo, para que esté más despejado…
El doble párpado es uno de los procedimientos más demandados en Asia por una clara influencia occidental, frente al llamado párpado monopliegue de la mayoría de asiáticos. «Muchas consultoras directamente lo llaman el doble párpado europeo», apunta Lu. «Cuando les decía: ‘Quiero operarme para volverme guapa’, inmediatamente me proponían un montón de planes de cirugía», añade. Ahí es cuando se abría toda una galería posible de rostros-tipo: la cara de influencer, el estilo Lolita adorable, el fresco y juvenil, el hippie, el anego (mujer jefa)… «Categorizan las caras bellas. Es como si estuvieras en un supermercado eligiendo entre diferentes marcas del mismo producto en una estantería», compara. Hace unos años se popularizó el rostro de influencer: «Luces mejor frente a la cámara, pero no tanto en la vida real. Por ejemplo, tienes párpados dobles muy blancos y en la realidad se puede ver muy falso. Pero en cámara, cuando te maquillas, luces fabulosa. Realmente me sacude, porque parece que algunas mujeres prefieren sacrificar su cuerpo real por su apariencia en cámara o digital», cuenta Lu.
En los últimos años se han producido auténticos excesos entre las influencers de un país con más de 1.414 millones de habitantes. En Douyin, el equivalente chino a TikTok, Abby Anran alcanzó a más de tres millones de seguidores con sus decenas de operaciones (algunas fallidas, que le dejaron una bubble face o rostro-burbuja, es decir, desfigurado) o Wang Jing que, a sus casi 37 años, sigue siendo la abanderada del desproporcionado baby face (cara de bebé) con ojos grandes y barbilla pequeña. Son las llamadas medical beauty influencers (influencers de belleza médica), un término con mucha menos popularidad en Occidente. Muchas de ellas poseen o son copropietarias de su propia clínica de estética, como el caso de Abby Wu, que ha pasado por quirófano más de 100 veces: tenía 14 años cuando se hizo su primera liposucción (con autorización de su madre, claro).
¿Y cómo son las clínicas estéticas en China? La primera imagen de Make Me Beautiful muestra unas futuristas escaleras blancas, con una luz potentísima, que invitan a subir a bordo de una nave espacial. Otras parecen un salón de estar con sofás de estampados de flores y plantas por todas partes. «Hay una coexistencia ambigua entre lo médico y lo comercial. Por un lado, quieren darte esa impresión de profesionalidad, que confíes en ellos como en un hospital. Por otro lado, quieren reconfortarte con un ambiente realmente bonito para que te sientas en casa», explica Lu.
Más allá de la evidente vertiente artística de Make me Beautiful, el trabajo de Yufan Lu es puro fotodocumentalismo. Destacan comentarios de las consultoras que, en su frivolidad, retratan a media sociedad: «Hoy en día quizás solo una o dos de cada 10 mujeres en una oficina sean completamente naturales. A medida que la gente se vuelve más rica, empieza a prestar más atención a la estética. Cuanto más progresa una sociedad y cuanto más se educa a la gente, mayor es la demanda de belleza». ¿Resulta una exageración decir que solo dos de cada 10 mujeres son 100% naturales? «Depende de cómo definas qué es la cirugía estética. Las no invasivas, como inyecciones o incluso el doble párpado, están muy aceptadas hoy en día, así que no lo consideran realmente cirugía estética», señala la fotógrafa.
Al final de Make Me Beautiful, Lu incluye una galería de su retrato recortado en distintas formas, cual collage infantil o picassiano. «Corto diferentes patrones en varias capas y luego los vuelvo a unir. La idea detrás de esta serie es que no importa lo que haga, en el fondo sigo siendo la misma. Cambiar la apariencia no cambia realmente quién soy», confiesa. Pero muchas pacientes, aunque la cirugía fuera un éxito y lograran el aspecto que querían, «siguen sintiendo una ansiedad que las empuja a más cirugías», suspira.
En este sentido, incluye otra galería censurada de caras que, en realidad, ya no existen: el antes de los pacientes. «Muchas clínicas cuelgan en sus webs el antes y el después para demostrar lo exitosas que fueron sus cirugías. A menudo te hacen descuento si lo permites. De ahí saqué esas imágenes, pero no me parece ético mostrarlas», explica Lu, que sigue trabajando en el mismo proyecto pero en otro formato. Ahora está moldeando con cristal esos rostros que ya no existen. Porque la búsqueda de la perfección estética no termina nunca. Y el camino que seguimos para alcanzarla dice mucho de nuestras sociedades.
Una cirugía integral de ojos y otra de nariz, un lifting facial para las arrugas de cuello y frente, un poquito de bótox aquí y allá… En total, unos 200.000 yuanes (más de 25.000 euros) pero, tranquila, porque te ofrecen cómodos planes de pago a plazos, en 24 cuotas y sin intereses. Lo mismo que con el coche, los electrodomésticos, la reforma de casa…
Publicado por Ediciones RM, Phree y Ediciones Posibles. 116 páginas y 82 imágenes. 40 euros
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