Cinco virtuosos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía (ESMRS) interpretan una obra maestra de Schubert ante un público formado por directivos. Cuando concluye, tras los aplausos y la emoción, surge una coda inopinada: «¿Y si el mejor equipo no tiene jefe?», dice alguien. Es verdad, el quinteto parecía funcionar solo. «¿Qué ocurre cuando no hay director o, más bien, rota según el momento musical? El liderazgo emerge, la escucha se agudiza y la excelencia depende de todos«.
Los talleres de liderazgo con músicos profesionales proporcionan a los directivos herramientas emocionales y ejemplos de trabajo en equipo
Cinco virtuosos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía (ESMRS) interpretan una obra maestra de Schubert ante un público formado por directivos. Cuando concluye, tras los aplausos y la emoción, surge una coda inopinada: «¿Y si el mejor equipo no tiene jefe?», dice alguien. Es verdad, el quinteto parecía funcionar solo. «¿Qué ocurre cuando no hay director o, más bien, rota según el momento musical? El liderazgo emerge, la escucha se agudiza y la excelencia depende de todos«.
La escena pertenece al IV Taller de Música & Liderazgo, organizado por la Fundación Endesa y la ESMRS. Su metodología se define como «esencialmente experiencial y comparativa: se usa una obra concreta del repertorio como caso práctico común para observar, en tiempo real, dinámicas de liderazgo compartido y trabajo en equipo en un grupo de música de cámara». Estructurado en cinco bloques temáticos, la escena del arranque corresponde al titulado «Liderazgo compartido y generosidad», que tiene como claves «ceder espacio, escuchar y sostener al otro».
Juan Ignacio Ferrer Bogas, responsable de Cultura de Fundación Endesa, explica que su objetivo es «generar reflexión y aprendizaje práctico sobre cómo liderar equipos en entornos complejos. Aporta autoconocimiento, visión de liderazgo, cohesión de grupo, y herramientas aplicables al día a día profesional. La música permite experimentar conceptos de liderazgo de forma más directa y memorable que una sesión convencional». En definitiva, una «perspectiva muy diferente».
Por eso resulta fundamental la figura del «facilitador», Mario Carpintero, violista de prestigio y antiguo alumno de la ESMRS. «A partir de un pequeño discurso y la posterior conversación, hice divulgación sobre la experiencia musical para después orientarla hacia conceptos relacionados con el liderazgo, explicando a esta gente del entorno corporativo cómo funciona un grupo de cámara: la organización de los ensayos, la jerarquía de las partituras, la democracia interna del grupo…«. Sin acreditación de escuelas de negocio, tiene «un máster en la vida real, en posiciones muy extremas en el ambiente tremendamente competitivo de la música clásica, bajo la autoridad de los mejores maestros, de Zubin Mehta a Andrés Orozco-Estrada, o dirigiendo mi propia orquesta, como solista, en grupos de cámara…» .
Considera que la experiencia les aporta a los participantes «un enfoque muy emocional en cosas que ellos tratan de forma más jerárquica y abstracta«. Algo muy necesario en una realidad, la del mundo de la empresa, que él ha experimentado en dos polos. Por un lado, una «muy inhumana, comida por el dinero y el vacío, excesivamente materialista, impersonal; a algunos les preguntabas qué les gustaba leer y escuchar y no tenían respuestas». Por el otro, «gente con muchísima sensibilidad para entender mundos muy diferentes, con muchísimo interés en la comparación con lo del frente y que no le tendría por qué interesar a priori».
En ese segundo ejército podría militar Gonzalo de Sande Pérez-Bedmar, consultor de usabilidad y contenidos en los CCDD de Endesa. Aunque confiesa no ser un experto, muestra su aprecio por la música clásica y un «especial cariño al concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky, y a la ópera I Pagliacci de Leoncavallo«, sensibilidad que le permitió ver en el taller una «metáfora perfecta de cómo el trabajo en equipo es la clave; una agrupación musical es un grupo de profesionales que trabajan juntos para un objetivo común y tienen que encontrar el modo de organizarse y alcanzar el equilibrio».
A la inversa, el clarinetista Olivér Kusztós, alumno de la ESMRS participante en el taller, identifica influencias en su desarrollo profesional en Mozart, porque «exige claridad, equilibrio, precisión y una escucha constante entre todos los intérpretes». Pero también encuentra «inspiración en Brahms: su música combina profundidad emocional recordándome que un buen liderazgo necesita tanto visión como atención al detalle». Y Béla Bartók representa para él «la innovación y la autenticidad; su capacidad para respetar la tradición mientras exploraba nuevos caminos demuestra que el liderazgo también implica valentía para impulsar el cambio sin perder la propia identidad«
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