Las empresas estadounidenses no se quieren perder el gran boom de la defensa europea. Tras años de escaso crecimiento, el giro tras la guerra de Ucrania ha vuelto a disparar los pedidos, pero el creciente empuje hacia el desarrollo de productos soberanos europeos podría traducirse en menos compras a la industria norteamericana, acostumbrada a surtir los arsenales del viejo continente. Acostumbrada a surtir los arsenales del viejo continente en tiempos de escasez, se trata de un tren que los grandes conglomerados del país norteamericano no quieren dejar escapar y España está en su mapa.
Compañías como Lockheed Martin y RTX apuestan por socios como Indra, Oesia y Sener para no perder terreno frente al impulso de una industria militar propia del continente
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Las empresas estadounidenses no se quieren perder el gran boom de la defensa europea. Tras años de escaso crecimiento, el giro tras la guerra de Ucrania ha vuelto a disparar los pedidos, pero el creciente empuje hacia el desarrollo de productos soberanos europeos podría traducirse en menos compras a la industria norteamericana, acostumbrada a surtir los arsenales del viejo continente. Acostumbrada a surtir los arsenales del viejo continente en tiempos de escasez, se trata de un tren que los grandes conglomerados del país norteamericano no quieren dejar escapar y España está en su mapa.
Se trata de una posición complicada, ya que compañías como RTX y Lockheed Martin tienen que balancear el dimensionar su apuesta por Europa con no enfadar a Donald Trump y su Gobierno o hacerles pensar que están invirtiendo demasiado fuera de Estados Unidos. Por ello, la vía escogida es la de las alianzas industriales y para ello se ha iniciado la búsqueda de fábricas y socios que estén dispuestos a fabricar armamento americano como subcontratistas.
Los grandes gigantes estadounidenses como Lockheed Martin y RTX ya han presentado a sus inversores la estrategia que busca sostener una fuerte demanda, especialmente en misiles antiaéreos como los Patriot, que ambas empresas fabrican a medias. En el caso de RTX, de los 10.000 millones de dólares (8.682 millones de euros) en contratos internacionales que firmaron en el primer semestre, 7.000 millones (6.077 millones de euros) procedían de Europa.
Por ello, el CEO de la compañía destacaba el mayor impulso que tendrían los acuerdos de «coproducción en el continente». «Iremos balanceándolo, según crezca la demanda», aseguró el directivo.Tanto RTX como Lockheed Martin firmaron convenios para reforzar la colaboración con el Gobierno español el pasado año en Feindef, la principal feria de Defensa y sigue habiendo contactos, pese a lo tibia tirando a helada que han llegado a estar las relaciones al más alto nivel entre Washington y Madrid.
España ya cuenta con alianzas destacadas de estas dos empresas para fabricar componentes de sus misiles con Oesia y Sener, así como un marco de acuerdo firmado hace dos años entre Lockheed e Indra para explorar operaciones de inversión comunes en varios ámbitos. Precisamente, Indra juega un rol clave en el deshielo de estas relaciones con su posible pacto con Santa Bárbara, propiedad de la estadounidense General Dynamics. Si finalmente las negociaciones para compartir contratos prosperan se podrían acelerar nuevas oportunidades.
La cumbre de la OTAN en Ankara ha sido el disparadero de salida para este tipo de acuerdos. La decisión de fabricar por primera vez misiles ATACMS por primera vez en suelo europeo en una alianza entre Lockheed Martin y Alemania es un ejemplo del tipo de acuerdos que se están poniendo sobre la mesa. En paralelo, también se abrió bajo licencia la fabricación de misiles Patriot para Ucrania.
RTX está también muy activa en este tipo de acuerdos. A sus colaboraciones en España, la compañía también suma su alianza con la noruega Kongsberg para su sistema de defensa aérea Nasams. Kongsber precisamente es otra compañía que está creciendo en España a la espera de oportunidades.
Estas alianzas del grupo estadounidense también se dan en Polonia. Además de lógica monetaria, hay una lógica industrial y es que la combinación de la guerra de Ucrania y los ataques de Irán han vaciado de interceptores los arsenales estadounidenses, por lo que se espera una gran demanda del Pentágono para uans empresas que ya están saturadas a la hora de producir una cantidad de armamento que llevaba años sin demandarse.
Ahí entra la solución de las empresas europeas, que, no obstante, están teniendo sus propias dificultades para encontrar lugares donde erigir fábricas o adaptar naves, como le está ocurriendo a Indra con su proyecto para el Norte de España, que ha desatado una gran pugna en Asturias con Duro Felguera.
Al mismo tiempo, las empresas europeas no ven ni mucho menos cerrado el mercado estadounidense. Indra ha creado este año su primera filial de defensa en el país, tal y como adelantó este medio, mientras que Navantia también está a la expectativa de la posibilidad de adjudicarse contratos para la renovación de la flota estadounidense.
En el plano europeo, Rheinmetall es una de las compañías que más fuerte ha apostado por crecer en Estados Unidos y se está disputando con General Dynamics la fabricación del sustituto del blindado Bradley.
La italiana Leonardo también acaba de adquirir una nueva compañía en el páis y está apostando por crecer con su división de defensa electrónica. Entre ellos, se encuentra la adjudicación en el segundo trimestre de un contrato para sistemas para neutralizar amenazas aéreas y otro para reemplazar componentes de la propulsión eléctrica de la nueva generación de submarinos de la Armada.
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