«Ésta es la historia más triste que jamás he oído». Así empieza la novela El buen soldado. En ella, Ford Madox Ford cuenta sin aspavientos dos suicidios, dos vidas arruinadas y el descenso a la locura de una joven. Omaha no aspira a tanto. O sí. En verdad, la tristeza es durante todo lo que dura Omaha nada más que una intuición. Sabemos de ella, por esa insistencia del protagonista en perder la mirada en el horizonte, por esa sonrisa sin brillo cuando escucha a sus hijos jugar, por la forma en la que recuenta el dinero que no tiene… Pero, todo no son más que indicios, señales, que se van acumulando y que nunca podrían aspirar a la rotundidad del relato de Ford Madox Ford. Y, sin embargo, creánme, la tristeza, justo al lado de la belleza, lo puede todo.
Cole Webley debuta en la dirección con una bellísima y acongojante historia de padres, hijos y viajes desesperados
«Ésta es la historia más triste que jamás he oído». Así empieza la novela El buen soldado. En ella, Ford Madox Ford cuenta sin aspavientos dos suicidios, dos vidas arruinadas y el descenso a la locura de una joven. Omaha no aspira a tanto. O sí. En verdad, la tristeza es durante todo lo que dura Omaha nada más que una intuición. Sabemos de ella, por esa insistencia del protagonista en perder la mirada en el horizonte, por esa sonrisa sin brillo cuando escucha a sus hijos jugar, por la forma en la que recuenta el dinero que no tiene… Pero, todo no son más que indicios, señales, que se van acumulando y que nunca podrían aspirar a la rotundidad del relato de Ford Madox Ford. Y, sin embargo, creánme, la tristeza, justo al lado de la belleza, lo puede todo.
Hay muchas cosas que hacen de Omaha una película única e irrenunciable. En primer lugar, lo más evidente, se encontraría el finísimo y hondo trabajo de John Magaro. A este hombre estamos acostumbrados a verle en el papel de imprescindible secundario habitual. Le vimos en The Mastermind, en Septiembre 5 y en Vidas pasadas dando apoyo y lustre a los protagonistas. Solo de tanto en tanto, en First Cow o en Koln 75, él ha sido el personaje principal. Pero siempre, sea como estrella o simple satélite, ha llamado la atención tanto su intensidad como su caída de ojos. Verle, de repente, con los ropajes del gigante de la interpretación que promete ser es ya un premio y una razón para rendirse a Omaha.
Luego estaría su característica de película perfectamente identificable y, sin embargo, única. La cinta triunfó en el festival de Sundance y se entiende que así sea porque cumple con el patrón a machamartillo: una historia íntima enmarcada en la inmensidad del paisaje del medio Oeste al atardecer. Hay mil así. Sin embargo, el guion de Robert Machoian (El asesinato de dos amantes) la coloca rápidamente en otro lado. Lejos de tópicos y frases hechas, la historia de un padre y sus dos hijos camino de no sabe dónde (solo se sabrá al final, muy al final, y por medio de un rótulo) se antoja escrita con tanto gusto y amor por el detalle que, de nuevo, no queda otra que, de nuevo, rendirse. Sí, es película de Sundance, pero en su mejor versión imaginable.
Pero, ¿de qué va? Pocas preguntas tan difíciles de contestar. Sabemos que la familia y el perro viajan, sabemos que apenas tiene dinero, sabemos que la gran crisis de… (da lo mismo cuál) está detrás del estado de ruina que preside todo, sabemos que la madre murió no hace mucho, sabemos que las deudas se amontonan… Pero, en verdad, y pese a todo lo anterior, no sabemos nada. Solo sabemos realmente que la tristeza lo inunda todo. La tristeza y, no lo duden, la belleza. Omaha es sin duda una película tan triste que ni Ford Madox Ford se habría atrevido a imaginar.
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Director: Cole Webley. Intérpretes: John Magaro, Molly Belle Wright, Wyatt Solis. Duración: 83 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.
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