La rapidez con la que Shein incita a sus clientes a cerrar las compras se le ha atragantado en su debut bursátil. Ha tomado cerca de tres años conseguir cerrar una salida a bolsa que lleva tiempo anunciándose como la gran competidora de Inditex, el dueño español de Zara y mayor empresa del mundo en moda prêt-à-porter : ‘listo para llevar’. Es curioso cómo las mismas expresiones que recuerdan a la comida ‘fast food’ aplican a las compañías de moda. Shein, muy reconocida en Europa -su caladero principal de clientes- es el paradigma del ‘fast fashion’. Su pedido medio -nunca desvelado- se compone de un ticket superior al de los clientes de Zara, según distintos informes sectoriales, pero con muchas más prendas. Hasta hace unos años se beneficiaba claramente de leyes arancelarias que excluían del pago en la frontera a los pedidos de bajo coste (por debajo de los 100 dólares o de los 150 euros). Ahora la realidad es otra y está pasando factura a la compañía china de moda online..
Aspiraba a arrebatar el trono a Inditex, pero su valoración se ha desinflado los últimos años, hasta los 23.000 millones de euros. Los aranceles a sus productos baratos consumen su beneficio, que cae un 25% en tres años. Su carta de presentación es ser el ‘nuevo fabricante global’ para otras marcas
La rapidez con la que Shein incita a sus clientes a cerrar las compras se le ha atragantado en su debut bursátil. Ha tomado cerca de tres años conseguir cerrar una salida a bolsa que lleva tiempo anunciándose como la gran competidora de Inditex, el dueño español de Zara y mayor empresa del mundo en moda prêt-à-porter : ‘listo para llevar’. Es curioso cómo las mismas expresiones que recuerdan a la comida ‘fast food‘ aplican a las compañías de moda. Shein, muy reconocida en Europa -su caladero principal de clientes- es el paradigma del ‘fast fashion’. Su pedido medio -nunca desvelado- se compone de un ticket superior al de los clientes de Zara, según distintos informes sectoriales, pero con muchas más prendas. Hasta hace unos años se beneficiaba claramente de leyes arancelarias que excluían del pago en la frontera a los pedidos de bajo coste (por debajo de los 100 dólares o de los 150 euros). Ahora la realidad es otra y está pasando factura a la compañía china de moda online..
Mañana Shein debutará en la Bolsa de Hong Kong con una valoración de 26.000 millones de dólares (unos 23.000 millones de euros), poniendo en circulación un número limitado de acciones (el control seguirá en manos de sus fundadores), tras haberlo intentado fallidamente, primero en Wall Street y luego en el mercado de Londres. El nuevo contexto ha llevado a Sky Xu, actual director ejecutivo y que será nombrado presidente, a asumir que la salida al mercado público debía hacerse a precios sustancialmente inferiores a lo que se esperaba en 2022, cuando Nueva York era una posibilidad y la valoración de Shein rondaba los 100.000 millones de dólares. Saldrá por una cuarta parte de lo esperado, lo que le llevará a caer hasta la sexta posición en el ránking mundial de las cadenas de ropa, por detrás de Inditex, la propietaria de Uniqlo (Fast Retailing), las firmas de deporte Nike y Adidas, y de la sueca H&M.
La compañía plantea la salida a bolsa como una vía para ampliar la base de accionistas y lograr financiación. Según publica la agencia Bloomberg, sus directivos se han vendido durante el roadshow de colocación a los inversores como una suerte de Amazon Web Services para creadores y marcas de moda, ofreciendo sus servicios de 7.500 proveedores y fabricantes y su cadena de suministro. Ha pasado de ser marca a querer convertirse en el gran suministrador. En la actualidad cuenta con una veintena de firmas y el pasado mayo se hizo con la cadena estadounidense Everlane por unos 70 millones de euros con el objetivo de elevar el ticket medio de compra de sus clientes y sacar rédito al perfil sostenible de la marca. El problema es que las autoridades americanas han puesto en barbecho esta operación por cuestiones de seguridad nacional y todavía está pendiente de resolución.
Es cierto que Shein, que forma parte de la controvertida y cuestionada industria textil, ha protagonizado distintos escándalos los últimos años relacionados con la composición de sus productos, temas de explotación laboral y derechos de los trabajadores o filtraciones de datos de sus clientes. En cualquier caso, la compañía afronta el futuro con el reto de tener una buena acogida entre los inversores con un modelo en plena transformación. «Nos propusimos hacer que la moda fuera más accesible y asequible. Para lograrlo, comenzamos con un modelo de negocio online directo al consumidor. A lo largo de los años, hemos desarrollado una infraestructura propia para impulsar el crecimiento de nuestras marcas de moda», arranca el folleto presentado ante las autoridades de la Bolsa hongkonesa de varios centenares de páginas.
Las cifras que Shein ofrece en el documento hablan de una industria de moda online imparable, con un crecimiento anual del 3,4% hasta 2030, por encima del quinquenio anterior. Según sus estimaciones, para ese año casi el 40% de las ventas de la industria textil se realizarán a través de Internet, con cerca de 792.000 millones de dólares, frente a los 1,2 billones de la industria offline. «El consumo de moda ha experimentado un cambio tectónico hacia el online (…) Los consumidores nativos digitales la entienden como una forma de expresión, como una manera de distinguirse. Con la omnipresencia de las redes sociales, que amplifican tendencias y esparcen los más profundos deseos por hacerse con el último look, las preferencias de los consumidores se han acelerado también, y requieren de una constante actualización de estilos», explica.
La salida a bolsa se produce después de catorce años desde su nacimiento, sin contar los cuatro anteriores cuando el boceto inicial de lo que hoy es Shein era una empresa afincada en China y especializada en vestidos de novia. El gigante del ‘fast fashion’ arrancó a andar en 2012, un año después adoptarían el nombre de ‘Shein’, como acrónimo de ‘She inside’, y en 2014 comenzó a operar con todas sus facultades bajo las leyes de las Islas Caimán, considerado un paraíso fiscal por la Agencia Tributaria española. La compañía cuenta con subsidiarias por todo el mundo, en China, Singapur, EEUU, Irlanda, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos.
Su proyección ha sido tal que hoy en día Shein está presente en 160 mercados y cuenta con 273 millones de usuarios activos, según sus cifras. En los últimos tres años, el número de consumidores ha crecido a un ritmo del 21% anual, desde los 186 millones de 2023. Cuenta con 7.500 fabricantes. Y, a pesar de que prácticamente toda su producción está en China, Europa es su mercado principal, con el 32% de las ventas, seguida de EEUU, con el 22%. El resto se distribuye a nivel internacional, pero China no ocupa un lugar destacado. Sí está, en cambio, en el origen. De los 17.751 empleados del grupo, casi el 80% se encuentra allí, fundamentalmente en las labores de producción y fabricación.
La cuestión es que Shein, llamada a competir con Inditex por el trono en capitalización, se ha desinflado con el paso del tiempo. El motivo detrás son sus cifras, donde se revela cómo los costes están aumentando, entre otras razones, debido a la imposición de aranceles. Entre los riesgos que figuran en todos los folletos de salida a bolsa, Shein explica cómo la Unión Europea, siguiendo la estela de EEUU, puso fin a la exención tarifaria para pedidos inferiores a los 150 euros para productos extracomunitarios. Entró en vigor el pasado 1 de julio y desde entonces aplica un pago de 3 euros por pedido. «Estas medidas incrementarán los costes y gastos de las ventas en Europa (…) Y al igual que en EEUU planteamos distintas respuestas como aumentar los precios» para compensar esta subida de costes, asegura la compañía. También se mencionan otros riesgos como litigios en los que se les acusa de vulnerar la propiedad intelectual de un producto o temas reputacionales vinculados con los trabajadores o con la fabricación de ropa dentro de una industria textil, que ya de por sí está en el foco.
La consecuencia para Shein es que, a pesar de que sus ventas aumentaron un 30% de 2023 a 2025, su beneficio neto cae porque los costes suben todavía más. El año pasado rozó los 41.850 millones de dólares en ventas (unos 35.900 millones de euros), mientras sus ganancias netas fueron de 2.064 millones de dólares (1.770 millones de euros), un 25% inferiores a las logradas en 2023. Por aquel entonces, su margen de beneficio era del 8,7%, mientras que este año cayó por debajo del 3%. Por comparativa, Inditex mantiene márgenes cercanos al 20% con un beneficio neto que cerró 2025 sobre los 6.220 millones de euros, más del triple, con ventas muy similares a las de Shein.
Dentro de la partida de gastos, Shein invierte en mucho dinero en publicidad, en influencers locales… En total representa el 15% de sus costes, con cerca de 6.200 millones de dólares el año pasado.
El cambio de estrategia, de marca directa a proveedor de servicios a otras marcas, responde a las dificultades del mundo de la moda para crecer. La realidad es que es un sector altamente fragmentado. Se calcula que las veinte mayores empresas cuentan con una cuota del 20,5%. Shein es la tercera mayor compañía, según datos recogidos en el documento de salida a bolsa, con el 1,9%, por detrás de la estadounidense Nike, con el 3%, y de Inditex, que cuenta con el 2,5%. En el cuarto y quinto puesto figuran Adidas y la nipona Fast Retailing, propietaria de la marca Uniqlo.
Shein desvela, por ejemplo, que el poliéster es su materia prima principal. Representa cerca del 83% de la cesta de commodities del grupo y su procedencia es China. Entre sus objetivos para el año 2030 está conseguir que el 30% de esta fibra sintética sea reciclada, lo que supone triplicar en cuatro años la cifra actual.
Los directivos de Shein, que reniegan de la definición de ‘moda rápida’, se encuentran al frente de un modelo de negocio que contaba con un escaparate de 2 millones de prendas de ropa a cierre del primer trimestre del año, con 4.700 productos nuevos al día de media. Todo ello sin contar con otras líneas de negocio como decoración, belleza, calzado o accesorios, que jugarán un papel muy relevante para la industria en el futuro cercano. Mientras, ante el toque de campana, la realidad más inmediata de Shein pasa por descifrar cómo será capaz de sostener la rentabilidad de enviar un vestido vendido por 10 euros al otro lado del mundo en plena guerra arancelaria por parte de EEUU y mientras la guerra en Oriente condiciona el transporte de mercancías.
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