Son tan noventeros, tan dosmileros… Los grandes titulares que angustiaban a John Kennedy Jr. y Carolyn Bessette. Las portadas que revelaban a la protagonista de Mi año de descanso y relajación en qué día vivía. Los tabloides, tan de otra época…
Los tabloides anglosajones están en crisis. Eran «internet antes de internet», pero hoy el mundo entero se ha convertido en un tabloide
Son tan noventeros, tan dosmileros… Los grandes titulares que angustiaban a John Kennedy Jr. y Carolyn Bessette. Las portadas que revelaban a la protagonista de Mi año de descanso y relajación en qué día vivía. Los tabloides, tan de otra época…
Hace unos días, leía un artículo en el Financial Times sobre la crisis de los diarios amarillos -un clásico de la prensa anglosajona, con sus juegos de palabras, con sus grandes escándalos-, más acusada si cabe que la de los medios en general. Aunque lo más parecido que tuvimos aquí fue El Caso, el declive de la prensa sensacionalista también dice mucho de nosotros.
Los tabloides están en crisis porque el mundo se ha vuelto un tabloide, resumía al diario económico David Yelland, ex director de The Sun. Su antiguo periódico perdió 53 millones de libras el año pasado. Tanto el Sun como el Daily Mail ven cómo su alcance disminuye año tras año en sus ediciones impresas y online (cada uno perdió cuatro millones de lectores en 2025, según el organismo británico que mide las audiencias).
Tal y como decía otro directivo del sector al FT, los tabloides fueron «internet antes de internet» y ahora «casi todo eso está disponible en tu feed de redes sociales gratis».
Tu feed, tu basura personalizada.
No todo en Instagram y TikTok es basura (hay montones de cuentas interesantes, sea cual sea tu interés). Pero… ¡ay! si uno se descuida y revela al algoritmo, a golpe de clic, sus instintos más bajos.
Intimidades de famosos (dónde están, cómo besan, qué les pasa…), porno inmobiliario (un chico con pinta de broker te muestra lofts, baños en suite, «oportunidades increíbles» por un millón de euros), aspirantes a influencer que cuentan lo más íntimo por un puñado de likes… Un periodista del New York Times confesó hace poco estar enganchado a esta inquietante tendencia: gente anónima que se graba mientras conoce los resultados de un análisis de sangre o la evolución de su cáncer.
Hemos llevado al extremo el narcisismo posmoderno del que hablaba el sociólogo Gilles Lipovetsky. En el reino del Yo, «lo que importa es ser uno mismo» y así -lo vemos en los creadores de contenido- «reina la obscenidad de la intimidad», escribe en La era del vacío.
La paradoja es que, pese a la obsesión por el Yo, este termina borrando la propia identidad. Pese a que tu scroll parezca infinito, al final solo queda el vacío.
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