Aún queda espacio político a la derecha de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el polémico general jubilado Roberto Vannacci (57 años) se está preparando para conquistarlo en las próximas elecciones generales de 2027. El militar ultra, que actualmente es eurodiputado, fruto de un breve idilio con la Liga de Matteo Salvini, ha fundado un nuevo partido, Futuro Nazionale, con el que intenta abrirse paso en el flanco más duro del electorado conservador italiano. Con él busca atraer a los votantes que consideran que la derecha italiana se ha moderado desde que llegó al Gobierno.
El ultra Roberto Vannacci, que se hizo popular de la mano de la Liga, ha fundado un partido con el que aspira a atraer a los votantes más radicales
Aún queda espacio político a la derecha de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el polémico general jubilado Roberto Vannacci (57 años) se está preparando para conquistarlo en las próximas elecciones generales de 2027. El militar ultra, que actualmente es eurodiputado, fruto de un breve idilio con la Liga de Matteo Salvini, ha fundado un nuevo partido, Futuro Nazionale, con el que intenta abrirse paso en el flanco más duro del electorado conservador italiano. Con él busca atraer a los votantes que consideran que la derecha italiana se ha moderado desde que llegó al Gobierno.
Su irrupción llega en un momento clave, en el último tramo de la legislatura, y amenaza con alterar los equilibrios entre los socios de la coalición gobernante, precisamente cuando parecía que Meloni había logrado consolidar su hegemonía sobre la derecha italiana.
Hasta hace un par de años, Vannacci era conocido sobre todo dentro de las Fuerzas Armadas. Su salto a la primera línea política llegó con la autopublicación de Il mondo al contrario (El mundo al revés), un libro repleto de provocaciones racistas, xenófobas y homófobas —“queridos homosexuales, no sois normales”, escribía, entre otras cosas—, que le costó una sanción del ejército, pero que al mismo tiempo lo catapultó al escenario político nacional. Para parte de la derecha desencantada, acostumbrada a los tonos broncos de su larga etapa en la oposición, se ha transformado en el símbolo de una rebelión contra lo políticamente correcto.
El ultraderechista Salvini, también vicepresidente del Gobierno, supo aprovechar el tirón mediático del general y le abrió de par en par las puertas de la política: lo convirtió en su protegido y, reservándole un puesto de honor en las listas de la Liga, lo aupó hasta el Parlamento Europeo. Hace unos meses el militar lo abandonó para emprender una carrera política en solitario que acaba de culminar con la fundación de su propio partido.

Vannacci, que se muestra sin pudor como nostálgico del legado fascista italiano y como admirador de la Rusia de Vladímir Putin, ha puesto en marcha un partido personalista que enarbola las banderas de “la civilización cristiana”, la “familia natural”, la “identidad nacional” y que pretende combatir las políticas woke y la inmigración irregular. “No me defino como extrema derecha, sino como derecha auténtica”, ha lanzado recientemente. Y ha llegado a sostener que los homosexuales italianos, blanco habitual de sus críticas, “ya gozan de todos los derechos”, porque “pueden conducir y son atendidos en los hospitales”.
El general, convertido en un fenómeno mediático tras sus polémicas posiciones y que se presenta como un Julio César moderno, se mueve ya entre el 4% y 5% de intención de voto, según diversos sondeos y cuenta con 100.000 afiliados. Aunque son cifras modestas, bastan para despertar preocupación tanto en los ultras de Hermanos de Italia, el partido de Meloni, como, sobre todo, en la Liga de Salvini, que está en sus horas más bajas.
El músculo electoral de Vannacci quedó patente este pasado jueves, cuando un sondeo de Youtrend situó por primera vez a Futuro Nazionale por delante del partido de Salvini. El 5,9% de intención de voto atribuido al partido del general, frente al 5,8% de la Liga, confirma que está creciendo a costa del desgaste electoral de la formación que le abrió las puertas de la política. La misma encuesta mantiene a Hermanos de Italia como la primera fuerza política del país transalpino, con el 27,8% de los apoyos.
La nueva formación arranca con ocho diputados tránsfugas —todos procedentes de la coalición gobernante—, un activo nada despreciable para un partido recién creado y una muestra de la capacidad de atracción que Vannacci está ejerciendo sobre sectores de la derecha y ultraderecha italiana. El pasado fin de semana celebró en Roma la primera asamblea constituyente de Futuro Nazionale, una cumbre ultra para oficializar su desafío a la hegemonía de Meloni y pensada para avanzar en el programa electoral de cara a las elecciones de 2027. “Nosotros representamos el descarte y la escoria, y estamos orgullosos de serlo. En el Parlamento somos una sucia docena; aquí somos los hijos de nadie y estamos muy orgullosos de serlo”, proclamó el general. Y agitó: “Italia para los italianos, nosotros no nos avergonzamos de decirlo”. Después desplegó su ideario, basado en la defensa de la identidad italiana y cristiana, el endurecimiento de las políticas migratorias y el rechazo de las políticas de igualdad.
Para el historiador y politólogo Giovanni Orsina, profesor de la Universidad Luiss de Roma, la irrupción de Vannacci en el panorama político nacional responde a una dinámica casi “fisiológica” de la política contemporánea. “Fuerzas políticas de derechas que alcanzan el éxito gracias a una retórica especialmente agresiva llegan al Gobierno y, una vez en el poder, inevitablemente tienen que moderarse. En ese momento dejan espacio para que surja alguien situado más a su derecha”, explica. Y advierte: “Estamos sobre todo ante provocaciones conscientes destinadas a obtener visibilidad. Cuanto más exagera sus declaraciones, más atención recibe”.
Según Orsina, la derecha que durante años construyó su discurso como alternativa al sistema ha tenido que adaptarse a las exigencias del Gobierno y a los límites de las instituciones. Y precisamente ahí surge un nuevo actor dispuesto a ocupar el espacio de protesta. “La Liga de Salvini ocupaba tradicionalmente ese espacio. Es bastante evidente que el ascenso de Vannacci está estrechamente vinculado a la crisis de la Liga”, señala el académico.
Salvini es probablemente quien más tiene que perder con el fenómeno Vannacci. El que fuera padrino político del general contempla ahora cómo parte de los votantes y militantes más radicales de su partido se sienten atraídos por el nuevo proyecto de Futuro Nazionale. “El verdadero problema es la crisis de la Liga. Vannacci crece sobre esa crisis”, resume Orsina.

Una lectura similar ofrece el analista electoral Lorenzo Pregliasco, director de YouTrend, que coincide en que la nueva formación representa una competencia directa para el partido de Salvini y añade que la presencia del general introduce un elemento de tensión dentro de la coalición gobernante. “La figura de Vannacci, en ascenso y con una gran fuerza mediática, contrasta con un liderazgo en declive, el de Salvini”, apunta. A su juicio, el fenómeno Vannacci combina dos fuentes distintas de apoyo: “Aproximadamente la mitad de sus potenciales votantes proceden del centroderecha, especialmente de la Liga, aunque también de Hermanos de Italia. La otra mitad proviene de un espacio más heterogéneo formado por electores antisistema, abstencionistas y votantes desencantados que no se identifican necesariamente con el bloque conservador, pero que en este momento se sienten atraídos por el general”.
Pregliasco destaca, además, un elemento que considera infravalorado: la novedad. “Vannacci es, de hecho, una de las pocas figuras de liderazgo realmente nuevas que han surgido en los últimos años, y eso le permite conectar con un electorado que busca una oferta política diferente”, sostiene. Los temas que movilizan a sus seguidores, explica el analista, son la inmigración, la seguridad, la identidad nacional y las cuestiones culturales relacionadas con la familia y los valores tradicionales.
En general, los expertos no creen que Vannacci esté en condiciones de disputar el liderazgo de la derecha italiana a corto plazo. Sin embargo, incluso un resultado modesto podría tener consecuencias significativas para la coalición gobernante. Por el momento, ya ha demostrado su capacidad para condicionar el debate interno del bloque conservador de cara a las próximas elecciones. La derecha italiana parece haber optado por ignorar al elefante en la habitación, pero tarde o temprano tendrá que afrontar el dilema que plantea el general. “Si no se alían con él, corren el riesgo de perder; pero si se alían con él, incorporan a una derecha particularmente agresiva, muy políticamente incorrecta y, sobre todo, marcadamente prorrusa”, advierte Orsina.
La política internacional es, precisamente, uno de los ámbitos donde Vannacci se distancia con mayor claridad de la línea seguida por Meloni, que ha mantenido una posición alineada con la OTAN y el apoyo occidental a Ucrania.
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