Desde hace unos años, Cataluña y Madrid venían equiparando sus fuerzas en el panorama del emprendimiento tecnológico. El pasado pionero correspondía a los catalanes, inventores de las primeras startups con verdadera tracción en España, pero los fondos de capital riesgo solían instalarse en el área madrileña. Poco a poco, surgieron fondos en el noreste y mejores startups en el centro peninsular, y al final la brecha histórica se desvaneció hasta el punto actual, donde la Comunidad de Madrid ya lidera un par de clasificaciones relevantes.
El informe anual sobre el ecosistema emprendedor que elabora El Referente resalta también la multiplicación de empresas dedicadas a la IA en España
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Desde hace unos años, Cataluña y Madrid venían equiparando sus fuerzas en el panorama del emprendimiento tecnológico. El pasado pionero correspondía a los catalanes, inventores de las primeras startups con verdadera tracción en España, pero los fondos de capital riesgo solían instalarse en el área madrileña. Poco a poco, surgieron fondos en el noreste y mejores startups en el centro peninsular, y al final la brecha histórica se desvaneció hasta el punto actual, donde la Comunidad de Madrid ya lidera un par de clasificaciones relevantes.
Aunque Cataluña todavía aporta más startups que nadie (2.632 en 2025, según el informe que elabora cada año El Referente), Madrid recorta metros y se queda en 2.607. El curso anterior, la distancia que separaba a ambos ecosistemas era de 162 compañías. Donde la segunda región gana por primera vez es en el número de empleos que este tipo de empresas genera: el año pasado se anotó 44.276 puestos de trabajo frente a los 41.382 de Cataluña. La foto de 2024 era bien distinta: 36.407 empleos en la casilla laboral de la primera versus 36.765 anotados en el marcador de la segunda.
Asimismo, Madrid repite con la medalla de oro en la facturación anual agregada, clasificación donde ya adelantó a Cataluña en 2024. El balance actual eleva los ingresos de la primera hasta 7.266 millones de euros, un 38,7% más que 12 meses antes; mientras que Cataluña se queda en 5.531 millones, un progreso reseñable pero menor al de su rival (+13,8%).
El ranking por CCAA lo completan por arriba, en función del número de startups, la Comunidad Valenciana, que viene haciendo un gran esfuerzo de consolidación como tercera vía (1.103 empresas en lo que supone por vez primera la superación del umbral del millar), el País Vasco (895), fuertemente apoyado en el motor que suponen Bilbao y San Sebastián, y Andalucía (885), que roza ya al competidor vasco nutriéndose a su vez de otros dos polos situados en el top 10 de ciudades tecnológicamente más dinámicas -Málaga y Sevilla-. La suma de los ingresos anuales que propician startups valencianas, vascas y andaluzas se queda en 4.258 millones de euros, es decir, menos que Cataluña por sí sola. Ahí sigue la verdadera brecha de un ecosistema que, no obstante, presenta una variedad geográfica difícil de replicar en otras latitudes europeas.
Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla (8), Extremadura (64), La Rioja (73), Cantabria (89) y Castilla-La Mancha (108) configuran la cola del pelotón, pero con un matiz: en todos los casos crece la cifra de startups en comparación con 2024, mejora la facturación y (salvo en el caso ceutí-melillense) se crean más puestos de trabajo.
No siempre es sencillo catalogar a una empresa tecnológica por verticales. Por poner un ejemplo: ¿en qué casilla se coloca a una plataforma de IA orientada a la salud, en la de IA pura o en la de salud? Aun así, el informe intenta afinar la lectura y establece que el fenómeno de la inteligencia artificial ya transforma el reparto de fuerzas entre los emprendedores, pues la IA, como sector independiente, se sitúa en el tercer puesto por número de startups en 2025 con 959 en un podio dominado por el SaaS o software as a service (1.387 firmas especializadas) y el ehealth (1.000). El salto cualitativo es llamativo en el caso del SaaS, con 1.005 startups más que en 2024, y de la IA (+650). Se demuestra en ambos casos que las compañías orientadas al diseño de modelos de suscripción basados en software tienen buena acogida en el mercado, pues los tiempos de desarrollo son muy inferiores a los de una spin-off universitaria de base científica y el capital movilizado nada tiene que ver con el que exige un proyecto que opera en la industria 4.0, donde el capex se lo come todo.
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