A la bolognesa, carbonara, a la Norma, al pesto, a la puttanesca, con almejas, en ensalada… La pasta se está convirtiendo en uno de los platos favoritos en los hogares españoles. Según el último Informe del consumo alimentario en España del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, comemos 4,14 kilogramos de pasta por persona al año. Preparar este alimento tan versátil requiere la combinación de dos ingredientes clave: sémola de trigo duro y agua. A eso se dedica Francisco Romero Ínigo al frente de Pastas Romero, una empresa ubicada en Daroca (Zaragoza) que este año celebra 100 años en la fabricación de pasta. Fue el abuelo de Francisco, Manuel Romero Marqués, quien en 1926 fundó un modesto taller artesanal que en los años 30 se convirtió en una fábrica con secaderos estáticos en la que se llegaron a producir 300 kg diarios. Su apuesta por el desarrollo tecnológico le llevó a comprar una línea de producción mecánica en 1943. Esta decisión fue clave para poder hacer frente al incremento de la demanda de pasta en el país que luchaba por salir de la hambruna producida por la guerra civil. «Fueron años duros. Había escasez de todo. Faltaban materias primas y energía, pero con esfuerzo la empresa salió adelante», cuenta el presidente de la compañía. En 1950, los hermanos Manuel y José Romero, hijos del fundador, lideraron la empresa que apostó por la innovación. Su decisión de fabricar pasta con un proceso continuo y automatizado hoy sigue siendo un pilar clave en la compañía. Como recuerda Francisco, la chispa prendió en un viaje que su padre hizo a Italia. «Allí vio que la tecnología estaba cambiando y que había que transformarse o que la empresa no tendría futuro. Junto a su hermano, ya en segunda generación, decidió construir una nueva fábrica que pudiese albergar nuevas tecnologías», dice Francisco, que tomó el relevo en la dirección en 1990. A finales de los años 60 se levantó una nueva planta productiva más moderna y se mantuvo en Daroca. «El esfuerzo financiero para hacer esta inversión fue un momento crítico porque el endeudamiento era elevado y muchos fabricantes españoles no acometieron estas inversiones, por lo que nuestro nivel competitivo a consecuencia de tener que amortizarlas, nos dejaron fuera del mercado. Pero al final, el tiempo nos dio la razón», sentencia Francisco, formado en Ciencias Empresariales en la Escuela Universitaria de Ciencias Empresariales de Zaragoza. Con su enfoque pionero, el directivo ha apostado por llegar a acuerdos con la gran distribución, que cada vez tenían más fuerza en el mercado. Bajo su liderazgo, Pastas Romero se ha convertido en una de las grandes empresas familiares aragonesas. «Tenemos claro que hemos recibido prestada la empresa de la generación anterior y que debemos mejorarla, afianzarla y hacerla crecer con nuestra gestión para pasarla a la siguiente generación en las mejores condiciones. Por encima del crecimiento, mi gran apuesta ha sido hacerla fuerte y sostenible en el tiempo», sentencia. Bajo su batuta, hace 10 años levantó una nueva fábrica junto a la ya existente. «Se inauguró en 2020, justo antes de la pandemia, pero pudimos atender la gran demanda de pasta que se produjo en un momento en el que el mercado de la hostelería cayó a cero pero las necesidades en los hogares crecieron exponencialmente», recuerda. Con una superficie de 40.000 m2, la nueva factoría cuenta con tecnología de vanguardia y sus instalaciones han permitido aumentar la capacidad de producción en un 70% con la posibilidad de seguir creciendo. «Nos permitirá afianzarnos como una pieza importante en el sector de pasta en el sur de Europa», adelanta.
Ya en su cuarta generación, la empresa familiar aragonesa que nació en un pequeño taller artesanal hoy produce en Daroca (Zaragoza) 400.000 kilos de pasta diarios.
A la bolognesa, carbonara, a la Norma, al pesto, a la puttanesca, con almejas, en ensalada… La pasta se está convirtiendo en uno de los platos favoritos en los hogares españoles. Según el último Informe del consumo alimentario en España del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, comemos 4,14 kilogramos de pasta por persona al año. Preparar este alimento tan versátil requiere la combinación de dos ingredientes clave: sémola de trigo duro y agua. A eso se dedica Francisco Romero Ínigo al frente de Pastas Romero, una empresa ubicada en Daroca (Zaragoza) que este año celebra 100 años en la fabricación de pasta.
Fue el abuelo de Francisco, Manuel Romero Marqués, quien en 1926 fundó un modesto taller artesanal que en los años 30 se convirtió en una fábrica con secaderos estáticos en la que se llegaron a producir 300 kg diarios. Su apuesta por el desarrollo tecnológico le llevó a comprar una línea de producción mecánica en 1943. Esta decisión fue clave para poder hacer frente al incremento de la demanda de pasta en el país que luchaba por salir de la hambruna producida por la guerra civil. «Fueron años duros. Había escasez de todo. Faltaban materias primas y energía, pero con esfuerzo la empresa salió adelante», cuenta el presidente de la compañía.
En 1950, los hermanos Manuel y José Romero, hijos del fundador, lideraron la empresa que apostó por la innovación. Su decisión de fabricar pasta con un proceso continuo y automatizado hoy sigue siendo un pilar clave en la compañía. Como recuerda Francisco, la chispa prendió en un viaje que su padre hizo a Italia. «Allí vio que la tecnología estaba cambiando y que había que transformarse o que la empresa no tendría futuro. Junto a su hermano, ya en segunda generación, decidió construir una nueva fábrica que pudiese albergar nuevas tecnologías», dice Francisco, que tomó el relevo en la dirección en 1990.
A finales de los años 60 se levantó una nueva planta productiva más moderna y se mantuvo en Daroca. «El esfuerzo financiero para hacer esta inversión fue un momento crítico porque el endeudamiento era elevado y muchos fabricantes españoles no acometieron estas inversiones, por lo que nuestro nivel competitivo a consecuencia de tener que amortizarlas, nos dejaron fuera del mercado. Pero al final, el tiempo nos dio la razón», sentencia Francisco, formado en Ciencias Empresariales en la Escuela Universitaria de Ciencias Empresariales de Zaragoza.
Con su enfoque pionero, el directivo ha apostado por llegar a acuerdos con la gran distribución, que cada vez tenían más fuerza en el mercado. Bajo su liderazgo, Pastas Romero se ha convertido en una de las grandes empresas familiares aragonesas. «Tenemos claro que hemos recibido prestada la empresa de la generación anterior y que debemos mejorarla, afianzarla y hacerla crecer con nuestra gestión para pasarla a la siguiente generación en las mejores condiciones. Por encima del crecimiento, mi gran apuesta ha sido hacerla fuerte y sostenible en el tiempo», sentencia.
Bajo su batuta, hace 10 años levantó una nueva fábrica junto a la ya existente. «Se inauguró en 2020, justo antes de la pandemia, pero pudimos atender la gran demanda de pasta que se produjo en un momento en el que el mercado de la hostelería cayó a cero pero las necesidades en los hogares crecieron exponencialmente», recuerda. Con una superficie de 40.000 m2, la nueva factoría cuenta con tecnología de vanguardia y sus instalaciones han permitido aumentar la capacidad de producción en un 70% con la posibilidad de seguir creciendo. «Nos permitirá afianzarnos como una pieza importante en el sector de pasta en el sur de Europa», adelanta.
A lo largo de su historia la enseña ha impulsado la diversificación de su catálogo, que cuenta con más de 90 referencias. Por eso, además de la pasta clásica más tradicional, como los macarrones, el espagueti o los fideos, su portfolio de productos incluye opciones como integral, con vegetales, bio, al huevo, al bronce, de alta proteína, rellena, de legumbres o sin gluten, así como harinas o pan rallado. «Nuestros productos se distinguen por la calidad de la materia prima. La pasta se fabrica con trigo duro y en España solo hay dos regiones donde se cultiva este cereal. Una de ellas es Aragón. También la tecnología y la experiencia juegan un papel importante, ya que la textura se consigue por el método de fabricación y por los moldes o troqueles que se usan», detalla quien siente debilidad por la variedad prémium «elaborada con moldes de bronce y con un amasado y secado que se realiza lentamente y a temperaturas bajas para conservar las propiedades del trigo duro prácticamente intactas».
Hoy Pastas Romero cuenta con ocho líneas de producción para pasta (larga, corta y especialidades) totalmente automatizadas para poder fabricar hasta 400.000 kilos al día que se reflejan en una facturación de 76 millones de euros, «de los cuales un 28% son de exportación», apunta el directivo de la fábrica en la que trabajan en torno a 130 personas.
Este 2026 la compañía sopla las velas del pastel de aniversario con optimismo. Francisco no está solo, desde 2008 junto a él trabaja su hijo Javier Romero Boned, cuarta generación familiar y bisnieto del fundador. ¿Qué retos le esperan? «En los últimos años, hemos visto una gran concentración de la demanda en los grandes grupos de distribución europeos y este proceso sigue con uniones y acuerdos en centrales de compras, lo que reduce la demanda en cada vez menos manos. Lo mismo ocurre con la oferta y en la Península Ibérica nuestros principales competidores son fondos de inversión y recientemente se han producido fusiones muy importantes. Así que el reto es seguir creciendo para atender la demanda de nuestros clientes y así poder ofrecerles otra alternativa.», adelanta Francisco, que desea que la compañía que fundó su abuelo siga escribiendo la historia de la pasta durante muchos años más.
Actualidad Económica. Noticias de Economía Nacional e Internacional

