
En la escuela de cocina Chef Campus en Caracas discuten si es más rápido asar o freír una arepa. Han preparado miles en los primeros días del desastre para damnificados, voluntarios y equipos de rescate, tras los terremotos que golpearon Venezuela el miércoles. También sopas y almuerzos. Esta es solo una de las cocinas de instituciones y restaurantes que no han apagado sus fogones desde el 24 de junio pasado para ayudar en la tragedia, lo que mejor saben hacer los venezolanos. Ha sido la capilaridad de una enorme red de ayuda construida en los años más duros que ha vivido el país, de desnutrición, escasez, hospitales inservibles, apagones y represión. Una red urdida en la tragedia cotidiana de un país en crisis y que ahora responde ante uno de los desastres naturales más grandes de las últimas dos décadas.



El Gobierno pone freno a los envíos de ayuda humanitaria ante el colapso de la carretera que conecta Caracas con La Guaira, la zona más afectada
En la escuela de cocina Chef Campus en Caracas discuten si es más rápido asar o freír una arepa. Han preparado miles en los primeros días del desastre para damnificados, voluntarios y equipos de rescate, tras los terremotos que golpearon Venezuela el miércoles. También sopas y almuerzos. Esta es solo una de las cocinas de instituciones y restaurantes que no han apagado sus fogones desde el 24 de junio pasado para ayudar en la tragedia, lo que mejor saben hacer los venezolanos. Ha sido la capilaridad de una enorme red de ayuda construida en los años más duros que ha vivido el país, de desnutrición, escasez, hospitales inservibles, apagones y represión. Una red urdida en la tragedia cotidiana de un país en crisis y que ahora responde ante uno de los desastres naturales más grandes de las últimas dos décadas.
Los centros de acopio se comenzaron a articular incluso antes del primer balance oficial dado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a dos horas del terremoto. El musculo de la solidaridad está hipertrofiado en el venezolano y ahora las autoridades han tenido que encauzarlo. Han habilitado en un recinto para espectáculos un registro de voluntarios. Solo los que estén acreditados pueden desplazarse hasta la zona cero del desastre que se ha concentrado en La Guaira.

La ayuda empieza a sobrar y, poco a poco, la comida preparada deja de tener comensales. Una egresada de la Universidad Central de Venezuela, Nicole Manjares, coordinaba la mañana de ayer las brigadas de voluntarios que se movilizaban a la zona cero. A todos les pedía que comieran antes de irse a trabajar. “Cuando necesiten comida me tienen que avisar, para enviarles. Se está perdiendo la comida. No queremos que eso pase”.
El embudo que supone el registro que ha impuesto el Gobierno como medida para coordinar la llegada de ayuda y evitar que se sature la región ha obligado a planificar los envíos, centralizar la información y acopiar voluntades para que las nuevas medidas funcionen. El Gobierno también ha restringido el trabajo de la prensa, que únicamente podrá movilizarse a La Guaira en autobuses gestionados por las autoridades.
Riesgo sanitario
Los jóvenes han habilitado en una enorme plaza en la Ciudad Universitaria un centro donde los voluntarios se dividen el trabajo para clasificar los enseres, la comida, la ropa, los insumos médicos, y las palas y los picos, las herramientas más solicitadas en los últimos días. Tras el doble terremoto que ha golpeado el país sudamericano, la demanda de tapabocas, guantes, lentes y cascos también ha aumentado. Son insumos que las autoridades venezolanas han empezado a exigir para una zona que ya es peligrosa en lo sanitario, por la cantidad de cuerpos en descomposición entre los escombros.

Ramón Infantes, de 41 años, llegó ayer a Caracas desde El Tigre, en el oriente del país. “Yo soy corredor, puedo aguantar todo el día trabajando en los escombros”. Así presentó sus habilidades para la misión. “Me arrepiento de no haber venido antes. Pero soy corredor, puedo ayudar”, insistía con el casco puesto.
En el mismo punto se alistaron los hijos del funcionario policial José Torres y Yubirí Silva, que estaban en otra ciudad cuando el sismo sacudió el litoral norte del país y derrumbó su casa. Lograron llegar a Caracas subidos a un camión de insumos. Ahora, buscan montarse en otro vehículo que llevará enseres hasta La Guaira y regresarán a donde perdieron todo para buscar a sus familiares en la zona de Tanaguarena. La mayoría de ellos sobrevivió. “Los compañeros del trabajo me ayudaron, toda la gente se ha portado bien. Aquí se une todo el mundo”, cuenta Torres. La principal preocupación de la pareja es poder sacarlos de la zona del desastre, en particular a tres sobrinos, incluido uno que tiene apenas unos días de nacido, y darle alojamiento en Barquisimeto, a cinco horas de la capital. “La zona ya va a empezar a estar contaminada por los muertos. No quiero que estén ahí”, agrega.

La solidaridad se manifiesta de mil formas. La diáspora de más de ocho millones de venezolanos es un capital en la crisis. El exilio se ha volcado en donaciones, envíos de insumos y apoyos técnicos. También en difundir noticias sobre lo que está pasando en medio de una oscuridad informativa. A pocas horas del desastre, programadores, en su mayoría migrantes venezolanos han creado aplicaciones para buscar desaparecidos y recopilar ayudas, registros de heridos en hospitales y personas en refugios. Han desarrollado hasta un mapa para que las personas puedan informar de edificios afectados. La herramienta da una idea de la magnitud de la tragedia. Hasta ayer se registraron 220 inmuebles con daño total, 287 con daño severo y 319 con daño parcial. Funciona como una plataforma con datos en tiempo real y geolocalizados.
Ejércitos de voluntarios
A la par, un ejército de ingenieros y arquitectos, estudiantes o graduados, ha salido a hacer inspecciones gratuitas a edificios para evaluar daños y darles certeza a quienes viven de que son habitables, pese a las grietas. Este fin de semana también hubo clases en remoto para formar a más voluntarios que puedan apoyar en las tareas de inspección y que ayudarán a que decenas de personas que se mantienen en la calle por miedo a los derrumbes puedan volver a sus casas si estas no sufrieron fallas estructurales.

Todo el que puede ayuda. En la escuela de cocina de Caracas también están acopiando comida para perros y gatos que llevarán en un convoy militar que han logrado coordinar. Los veterinarios se han movilizado para instalar en La Guaira un centro para dar atención a los perros rescatistas, que llevan horas trabajando sin descanso y para las mascotas que han quedado sin familia. Hidratación, vitaminas, comida y descanso. “Tsunami ha sacado como a 40 personas y está agotado”, cuenta un médico, responsable del próximo envío de ayuda para los canes, en referencia al border collie. Con un ojo azul y otro de un marrón intenso, fue rescatado de la calle e integrado a una brigada de rescatistas.
Hasta en medio de los escombros, donde llega agua, frutas, sánduches y guantes para los que pican las piedras para sacar supervivientes y cuerpos. Los que han perdido a alguien también han dado un paso al frente para ayudar. Uno de ellos es Jorge Djamous, de 61 años. El viernes esperaba con los ojos hechos agua a que sacaran de un edificio en el sector de Los Corales, en La Guaira, a sus tres hijos y a la madre de ellos. Estaba en medio del silencio, cuando los duelos comienzan a germinar, y lo interrumpió una mujer preguntando si sabía de unos vecinos que vivían en ese edificio. “Están vivos, los sacaron de aquí. Claro. Los conozco”, les contestó con una sonrisa. La mujer se puso a llorar de alegría después de una búsqueda desesperada en una región que ha quedado totalmente incomunicada. La desconocida le agradeció y le preguntó por su familia. “Están ahí, en los escombros”, contestó. “No se preocupe, felicitaciones a usted porque los suyos están vivos”.
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