Una señora vestida de negro aparece en la sala de espera de emergencias con una manguera: “Todo el mundo se levanta que tengo que limpiar”. Las familias que tienen a sus hijos acostados sobre mantas en el suelo recogen a los pequeños y se hacen a un lado. Merlí Gallardo también se levanta cargando un vaso de plástico con café. Lleva dos días atenta a las novedades sobre su marido, internado en el Hospital Domingo Luciani, uno de los más grandes de Caracas. Apenas ha dormido desde el día del terremoto, pero está algo más tranquila.

Los centros de Caracas, precarios y al borde de la saturación, hacen malabares para atender a la gran cantidad de heridos, mientras los familiares reciben información con cuentagotas
Una señora vestida de negro aparece en la sala de espera de emergencias con una manguera: “Todo el mundo se levanta que tengo que limpiar”. Las familias que tienen a sus hijos acostados sobre mantas en el suelo recogen a los pequeños y se hacen a un lado. Merlí Gallardo también se levanta cargando un vaso de plástico con café. Lleva dos días atenta a las novedades sobre su marido, internado en el Hospital Domingo Luciani, uno de los más grandes de Caracas. Apenas ha dormido desde el día del terremoto, pero está algo más tranquila.

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