En 1891, un grupo de monjes cistercienses de la orden de la Trapa se estableció en el monasterio de San Isidro de Dueñas, en Palencia. Con un proceso manual y lento, en este enclave rural elaboraban chocolates y dulces que no tardaron en diferenciarse y alcanzaron una fama que traspasó fronteras hasta hoy. En 1964 la comunidad monástica vendió la fábrica junto con las recetas originales y se constituyó la empresa que este 2026 cumple 135 años –los cistercienses fundaron Chocolates Trapa en 1891–, exporta a 50 países, tiene 175 empleados en plantilla fija y terminó el ejercicio anterior con una facturación de 85 millones de euros.Hace una década la familia palentina Fernández Calvo, al frente del grupo Europraliné, rescató a Trapa de la quiebra con la intención de dar nueva vida a la empresa y mantener la esencia artesanal. «En 2013 nos encontramos con una compañía en una situación muy complicada. Tenía menos de 60 trabajadores y una facturación de un millón de euros, pero sabíamos que era una marca centenaria que conservaba un enorme potencial», recuerda Gerardo Fernández Calvo, CEO y presidente de la compañía que salvó de un concurso de acreedores «por una cuestión sentimental». Con una inversión de más de 60 millones, el directivo ha conseguido consolidar la empresa, generar empleo, abrir nuevos mercados «y posicionar a Trapa como una de las compañías más dinámicas del sector», apunta quien es también vicepresidente de Mahou San Miguel. A lo largo de su historia, la enseña ha lanzado productos icónicos, como los Cortados, considerados los primeros bombones fabricados en España. Llevan praliné, chocolate y trozos de avellana y se reconocen por su formato cuadrado. Por todo lo que representan para la historia de la marca «y por el cariño que le tienen varias generaciones de consumidores», son los favoritos del directivo, que disfruta tomándolos acompañados de un café, «después de comer para poner en pausa la jornada». Además de los Cortados que lanzó en 1969, la compañía ha vivido otros momentos decisivos, como la decisión de eliminar el aceite de palma de todos los productos «y sustituirlo por aceite de oliva y manteca de cacao», añade el directivo. Con esta estrategia precursora, sin palma, la compañía se adelantó a una tendencia healthy que hoy domina el mercado. Bajo la batuta de Fernández Calvo la empresa palentina que ejemplifica el made in Spain no ha parado de crecer. «La internacionalización es una de las palancas estratégicas más importantes para Chocolates Trapa. Hoy las exportaciones representan el 20% de la facturación y nuestros productos están presentes en más de 50 países de los cinco continentes. Esta diversificación geográfica nos permite reducir riesgos y ampliar oportunidades de crecimiento». Fernández Calvo ve el futuro dulce, aunque no exento de retos: «Queremos seguir consolidando el crecimiento y reforzar nuestra presencia tanto en el mercado. También queremos continuar innovando, ampliar el catálogo y seguir mejorando nuestros procesos para ser una empresa cada vez más eficiente y competitiva». Tras crecer un 38% con respecto al año pasado, el objetivo para 2027 pasa por «alcanzar una facturación de 100 millones de euros».
En 2013 estuvo a punto de desaparecer, pero el empuje de la familia Fernández Calvo ha hecho que Chocolates Trapa facture 85 millones de euros.
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En 1891, un grupo de monjes cistercienses de la orden de la Trapa se estableció en el monasterio de San Isidro de Dueñas, en Palencia. Con un proceso manual y lento, en este enclave rural elaboraban chocolates y dulces que no tardaron en diferenciarse y alcanzaron una fama que traspasó fronteras hasta hoy. En 1964 la comunidad monástica vendió la fábrica junto con las recetas originales y se constituyó la empresa que este 2026 cumple 135 años –los cistercienses fundaron Chocolates Trapa en 1891–, exporta a 50 países, tiene 175 empleados en plantilla fija y terminó el ejercicio anterior con una facturación de 85 millones de euros.
Hace una década la familia palentina Fernández Calvo, al frente del grupo Europraliné, rescató a Trapa de la quiebra con la intención de dar nueva vida a la empresa y mantener la esencia artesanal. «En 2013 nos encontramos con una compañía en una situación muy complicada. Tenía menos de 60 trabajadores y una facturación de un millón de euros, pero sabíamos que era una marca centenaria que conservaba un enorme potencial», recuerda Gerardo Fernández Calvo, CEO y presidente de la compañía que salvó de un concurso de acreedores «por una cuestión sentimental». Con una inversión de más de 60 millones, el directivo ha conseguido consolidar la empresa, generar empleo, abrir nuevos mercados «y posicionar a Trapa como una de las compañías más dinámicas del sector», apunta quien es también vicepresidente de Mahou San Miguel.
A lo largo de su historia, la enseña ha lanzado productos icónicos, como los Cortados, considerados los primeros bombones fabricados en España. Llevan praliné, chocolate y trozos de avellana y se reconocen por su formato cuadrado. Por todo lo que representan para la historia de la marca «y por el cariño que le tienen varias generaciones de consumidores», son los favoritos del directivo, que disfruta tomándolos acompañados de un café, «después de comer para poner en pausa la jornada».
Además de los Cortados que lanzó en 1969, la compañía ha vivido otros momentos decisivos, como la decisión de eliminar el aceite de palma de todos los productos «y sustituirlo por aceite de oliva y manteca de cacao», añade el directivo. Con esta estrategia precursora, sin palma, la compañía se adelantó a una tendencia healthy que hoy domina el mercado.
Bajo la batuta de Fernández Calvo la empresa palentina que ejemplifica el made in Spain no ha parado de crecer. «La internacionalización es una de las palancas estratégicas más importantes para Chocolates Trapa. Hoy las exportaciones representan el 20% de la facturación y nuestros productos están presentes en más de 50 países de los cinco continentes. Esta diversificación geográfica nos permite reducir riesgos y ampliar oportunidades de crecimiento».
Fernández Calvo ve el futuro dulce, aunque no exento de retos: «Queremos seguir consolidando el crecimiento y reforzar nuestra presencia tanto en el mercado. También queremos continuar innovando, ampliar el catálogo y seguir mejorando nuestros procesos para ser una empresa cada vez más eficiente y competitiva». Tras crecer un 38% con respecto al año pasado, el objetivo para 2027 pasa por «alcanzar una facturación de 100 millones de euros».
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