Este 1 de octubre se celebraba el Día Internacional de las Personas Mayores, un momento idóneo para reflexionar sobre cómo podemos garantizar que nuestro sistema de protección siga estando a la altura de una sociedad que vive más años y afronta una realidad demográfica profundamente transformada.
Este 1 de octubre se celebraba el Día Internacional de las Personas Mayores, un momento idóneo para reflexionar sobre cómo podemos garantizar que nuestro sistema de protección s
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Este 1 de octubre se celebraba el Día Internacional de las Personas Mayores, un momento idóneo para reflexionar sobre cómo podemos garantizar que nuestro sistema de protección siga estando a la altura de una sociedad que vive más años y afronta una realidad demográfica profundamente transformada.
España se sitúa hoy como el tercer país más longevo del planeta, solo por detrás de Suiza y Japón, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Vivimos más años y con mayor calidad que prácticamente cualquier otra sociedad en el mundo gracias a factores como nuestro estilo de vida, la calidad asistencial y redes familiares y sociales fuertes.
Sin embargo, este hito nos sitúa ante una exigencia sin precedentes. Cuando una persona se jubila hoy en nuestro país a los 65 años, tiene por delante un promedio de más de dos décadas de vida, concretamente 21,8 años, tal y como señala el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero la evidencia médica y demográfica nos indica que, de ese tiempo, aproximadamente una década se transitará en condiciones de salud más complejas, dado que la esperanza de vida en buena salud a partir de los 65 años se sitúa en torno a los 10 años, de acuerdo con los datos de Eurostat.
Esta transición hacia una longevidad extendida no se produce en vacío, sino en un entorno macroeconómico de sensibilidad a los tipos de interés, que exige una gestión activa y una solidez máxima en la solvencia. Todo esto unido a una transformación digital que está abriendo la puerta a innumerables oportunidades y a un mayor compromiso en la lucha contra el cambio climático, dada la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos. A ello se une que el cliente es cada vez más exigente y busca experiencias personalizadas, lo que exige elevar continuamente la propuesta de valor para obtener su confianza.
Partiendo de este escenario, la longevidad no debe abordarse con resignación ni contemplarse como una mera carga presupuestaria para el Estado.
Se trata, de una oportunidad que requiere soluciones que te lleven a una longevidad saludable. El objetivo no es únicamente añadir años a la vida, sino garantizar plena calidad de vida a esos años. Para ello, resulta indispensable situar en el centro la prevención, el diagnóstico precoz y el acompañamiento continuo, evolucionando hacia modelos que promuevan un envejecimiento que te mantenga activo, antes de que surja la enfermedad.
En segundo lugar, se sitúa la articulación de soluciones de ahorro y planificación financiera adaptadas a etapas de ublicación más prolongadas. Los datos de la Encuesta Internacional de Pensiones 2026 elaborada por Allianz Research ofrecen una radiografía muy lúcida de la opinión pública, pues el 85% de los españoles considera indispensables nuevas reformas para garantizar la viabilidad del sistema público de pensiones, y un 58% confía en que llegarán a aplicarse con éxito, reflejando un optimismo significativamente superior al de países de nuestro entorno como Alemania (42%) o Italia (36%).
Asimismo, el 30% identifica el fomento del ahorro privado y empresarial como la medida prioritaria frente al envejecimiento, muy por encima del aumento de impuestos o cotizaciones, respaldado solo por un 15%. Sin embargo, persiste una paradoja relevante: dos de cada tres españoles (66%) prevén que la pensión pública siga siendo su principal fuente de ingresos. Salvar esa brecha exige impulsar modelos híbridos que combinen productos financieros de gestión de activos con soluciones de ahorro garantizado.
En tercer lugar, la atención a la dependencia se perfila como la gran asignatura pendiente de nuestra estructura social. Anticiparse al momento en que se reduce la autonomía personal y estructurar coberturas y servicios asistenciales que aporten certeza a las familias es una prioridad absoluta. De este modo, no se trata únicamente de actuar cuando la necesidad ya se ha presentado, sino de articular un marco de protección preventiva e integral que preserve la dignidad de la persona y alivie el impacto económico y emocional en su entorno familiar.
Por último, la educación financiera se erige en una herramienta determinante para que los ciudadanos comprendan sus necesidades reales de ingresos en la madurez. Divulgar con transparencia, claridad y simplicidad es la única vía para consolidar una cultura de anticipación a lo largo de toda la vida laboral. Capacitar a las personas con información clara sobre su futuro económico es el paso indispensable para romper inercias, permitiéndoles tomar decisiones conscientes y planificar su bienestar con el suficiente margen de tiempo.
En definitiva, abordar la era de la longevidad exige una colaboración estratégica e integral de todos los actores que va mucho más allá de la sostenibilidad de las pensiones. La pensión pública seguirá siendo un pilar básico e insustituible de nuestra sociedad, pero debe integrarse en un modelo más amplio que conecte la prevención en salud, la planificación financiera, la atención a la dependencia y la cultura del ahorro. Contar con una sociedad más longeva es un logro histórico indiscutible; acompañar esa longevidad con un ecosistema de protección dinámico, solvente y transversal es la mejor forma de transformar este triunfo en bienestar, tranquilidad y progreso para todas las generaciones.
* Veit Stutz es CEO de Allianz España
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