Europa ha puesto sobre la mesa una inédita cantidad de dinero para su rearme ante un mundo cada vez más turbulento y la acuciante amenaza rusa. Sin embargo, Bruselas diagnostica que falta eficiencia para canalizar esos fondos y sobra fragmentación entre los socios. La alta representante para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, ha advertido este lunes que la Unión Europea tiene aún “grandes lagunas en las capacidades de defensa” y ha reclamado más esfuerzo para llenar ese vacío.
El mecanismo de acción que propone Von der Leyen frente a los ataques híbridos del Kremlin suscita el recelo de los Estados miembros
Europa ha puesto sobre la mesa una inédita cantidad de dinero para su rearme ante un mundo cada vez más turbulento y la acuciante amenaza rusa. Sin embargo, Bruselas diagnostica que falta eficiencia para canalizar esos fondos y sobra fragmentación entre los socios. La alta representante para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, ha advertido este lunes que la Unión Europea tiene aún “grandes lagunas en las capacidades de defensa” y ha reclamado más esfuerzo para llenar ese vacío.
“Europa necesita rearmarse con mayor rapidez y eficacia para cumplir nuestros objetivos de 2030”, ha lanzado la estonia tras un consejo de ministros de Defensa de la UE que ha escuchado la primera evaluación de la Agencia Europea de Defensa (EDA, por sus siglas en inglés) sobre la preparación de club comunitario. “Europa refiere un cambio decisivo en la escala y el ritmo de la inversión en defensa, el desarrollo de capacidades, la innovación y la capacidad industrial”, ha señalado la jefa de la diplomacia europea sobre esa radiografía.
La Unión Europea empezó a hablar de rearme hace un par de años, cuando quedó claro que la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania —que va camino de su quinto aniversario— no era una breve invasión y que el voraz vecino del Este maniobraba sin cesar contra Occidente. Ahora, Bruselas quiere poner en marcha un nuevo mecanismo para responder al aumento de los sabotajes, las incursiones con drones, los sobrevuelas intimidantes, los asesinatos y acoso en suelo europeo, los ciberataques y las campañas de desinformación. Esa zona gris que no entra dentro de lo militar pero que puede causar estragos económicos, políticos y sociales, y que suena cada vez más como la guerra del futuro.
Ese mecanismo es lo que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ‘vendió’ hace dos semanas en un potente discurso como una suerte de “artículo 4” de la UE, similar al de la OTAN, que dicta que los aliados “se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes esté amenazada”. En este caso, sería para hacer frente a toda esa gama gris que no entra en la esfera militar, que ya cubre clara y protocolarizadamente la Alianza Atlántica, ha tratado de aclarar Kallas. Veintitrés de los 27 socios de la UE son aliados de la OTAN y muchos han expresado su recelo este lunes a la idea de Von der Leyen por temor a que se solape con la organización militar.
Rusia está utilizando ataques que deliberadamente se mantienen por debajo del umbral que desencadenaría una respuesta militar convencional. Y ahí entraría el plan de la UE, señalan fuentes comunitarias.
Los ataques híbridos, además, aumentarán, ha asegurado Kallas, que ha recalcado que los planes de la UE se complementarán con los de la Alianza Atlántica.“Debemos estar vigilantes porque vemos informes de inteligencia que dicen que Rusia está planeando más sabotajes, actos y ataques contra nuestra democracia, para dividir nuestra sociedad, intimidarnos para que dejemos de apoyar a Ucrania”, ha dicho la jefa de la diplomacia europea. El ministro de Defensa finlandés, Antti Häkkänen, fue bastante directo en la solución: “Necesitamos fondos y necesitamos compras conjuntas”.
Los países de la UE destinaron unos 418.000 millones de euros a defensa en 2025, un 20% más que el año anterior, según datos de la Comisión Europea. Y la EDA prevé que se destine a seguridad y defensa unos 453.000 millones de euros este año. La hoja de ruta europea para el rearme pretende convertir ese extraordinario esfuerzo financiero en capacidades concretas, aumentar las compras conjuntas de los socios (una de las grandes claves) hasta al menos un 40% para finales de 2027 y tener proyectos, contratos y financiación preparados para cubrir las carencias críticas antes de finales de 2028.
El informe de la EDA que han analizado los ministros de Defensa de la UE este lunes es confidencial y no se hará público. Un resumen del informe ejecutivo al que ha accedido Reuters advierte que aunque el aumento de la inversión en defensa y los avances industriales son “sin precedentes” todavía no se traducen en fuerzas suficientemente desplegables, sostenibles e interoperables.
Inversión insuficiente
La conclusión rápida, explican fuentes diplomáticas, es que los planes actuales de los Estados miembros —quienes tienen las competencias de defensa— no parecen suficientes para cerrar esas carencias antes de 2030, la fecha que se puso como meta el año pasado. Hablan de la dificultad de convertir esos fondos en capacidad militar para llenar brechas en defensa aérea y antimisiles, artillería, misiles y munición, drones y sistemas antidrones, combate terrestre y marítimo, movilidad militar, capacidades estratégicas como transporte y vigilancia, y sistemas de ciberseguridad, inteligencia artificial y guerra electrónica.
La industria ha advertido ya, además, de la dificultad de pasar de una producción diseñada durante décadas para pedidos relativamente pequeños y previsibles a un sistema de producción a escala.
En sus planes de atajar la fragmentación, la Comisión Europea ha identificado cuatro grandes iniciativas, que concentran varios países y empresas y trata de empujar para que los Veintisiete aprueben para el próximo presupuesto multianual un nuevo fondo de competitividad de 130.000 millones para que los países dediquen a proyectos de inversión y de producción a escala. Este lunes, los ministros de Defensa han aprobado los primeros cinco proyectos europeos de interés común, centrados en drones y antidrones, defensa marítima y del fondo marino, espacio, defensa aérea y antimisiles y vigilancia del flanco oriental. España forma parte de todos menos el orientado al flanco este de la UE.
El nuevo impulso europeo se produce también cuando Estados Unidos habla de reducir su participación en la defensa europea de la OTAN y cuando Donald Trump —que ha puesto en la diana al proyecto europeo y que ha cargado muchas veces contra los aliados europeos por no apoyar a EEUU en su guerra contra Irán— siembra dudas sobre el compromiso con la organización militar de la que forma parte España desde 1982. Washington trabaja ya en un informe sobre sus compromisos con la OTAN y sobre qué capacidades podría dejar de poner a disposición de la Alianza Atlántica. Un informe que inquieta a los aliados y que EE UU quiere tener listo el próximo mes de diciembre.
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