Guillermo Gauna-Vivas (32 años) pertenece a esa generación de jóvenes que tuvo que abrirse camino en un mercado laboral en plena transformación. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de buscar su primer empleo. Con apenas cinco años tenía clara su vocación. «Yo quería ser inventor», evoca con cierta nostalgia. Le fascinaba cacharrear, desmontar y montar objetos, entender cómo funcionan las cosas y construir otras nuevas. Y ya en la adolescencia proyectaba su futuro en el diseño de juguetes.
Lo que empezó con una impresora 3D se ha convertido en una organización de utilidad pública con presencia internacional que ha contribuido a mejorar la vida de más de 30.000 personas
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Guillermo Gauna-Vivas (32 años) pertenece a esa generación de jóvenes que tuvo que abrirse camino en un mercado laboral en plena transformación. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de buscar su primer empleo. Con apenas cinco años tenía clara su vocación. «Yo quería ser inventor», evoca con cierta nostalgia. Le fascinaba cacharrear, desmontar y montar objetos, entender cómo funcionan las cosas y construir otras nuevas. Y ya en la adolescencia proyectaba su futuro en el diseño de juguetes.
Estudió Ingeniería en Organización Industrial y acabó trabajando como desarrollador de juguetes tecnológicos, cumpliendo, en parte, su sueño de la infancia… Pero antes de incorporarse al mercado laboral decidió hacer un paréntesis. La frustración acumulada durante la carrera y la necesidad de encontrar un propósito lo llevaron a viajar como voluntario a Kenia. Allí preguntó por las necesidades más urgentes y la respuesta cambió su vida: había muchas personas con amputaciones que no podían acceder a una prótesis.
Con una impresora 3D que había aprendido a utilizar de forma autodidacta y su mentalidad de inventor, diseñó en apenas un mes y medio una prótesis de brazo completo. «Si funcionaba, fantástico; y si no, al menos lo habría intentado», recuerda. Las primeras cinco prótesis entregadas en Comunidad Bamba marcaron el nacimiento de Ayúdame3D en 2017. Lo que comenzó con una impresora y muchas ganas de ayudar se ha convertido en una ONG con presencia internacional.
Durante dos años y medio compatibilizó jornadas de ocho horas desarrollando juguetes con largas noches fabricando brazos impresos en 3D. Hasta que en julio de 2019 decidió dar el paso definitivo. «Dejé mi trabajo y pensé: sigo viviendo con mis padres, tengo algunos ahorros y puedo permitirme intentar encontrar una forma de vivir de esto», explica. Y ahí empezó el verdadero desafío: ¿cómo vivir de la solidaridad sin depender de subvenciones?
Convertir una iniciativa solidaria en un proyecto económicamente sostenible ha sido uno de los mayores retos. La premisa de Ayúdame3D es innegociable: las prótesis y otros dispositivos de ayuda técnica que fabrican se entregan gratuitamente a quienes los necesitan. Aunque la organización cuenta con la declaración de utilidad pública, las trabas burocráticas obstaculizan el acceso a ayudas institucionales. En estos momentos no reciben subvenciones y su sostenibilidad depende, por tanto, de la financiación privada y de su capacidad para generar ingresos propios.
Hoy la entidad emplea a una docena de trabajadores, entre ellos cinco ingenieros biomédicos, y ha construido un modelo empresarial basado en diferentes líneas de actividad. Una de ellas son los programas educativos y las actividades de team building. Lo que comenzó como talleres tecnológicos para colegios evolucionó hacia experiencias dirigidas a empresas, donde los empleados montan prótesis reales durante dinámicas colaborativas.
Otra fuente de ingresos surgió casi por casualidad. Tras recibir un premio, Guillermo se ofreció a mejorar el diseño utilizando impresión 3D. Hoy Ayúdame3D fabrica trofeos personalizados y merchandising para grandes compañías del Ibex como Banco Santander o Iberdrola. La organización también cuenta con alrededor de 700 socios recurrentes, con aportaciones desde tres euros mensuales y una media cercana a los diez euros por persona.
La impresión 3D ha permitido a Ayúdame3D ocupar un espacio que difícilmente cubre la industria tradicional. Guillermo explica que fabricar un producto completamente personalizado para una sola persona resulta poco rentable para una empresa convencional… pero no para él. Esa libertad le permite desarrollar soluciones que el mercado nunca produciría: cajas con forma de superhéroe para ocultar las bolsas de quimioterapia de niños con cáncer, protectores para que menores con vías en el pecho puedan jugar en el recreo y otras ayudas técnicas diseñadas específicamente para personas con discapacidad.
La impresión 3D también ha cambiado la manera de entender la cooperación internacional. En lugar de enviar material desde España, Ayúdame3D ha creado laboratorios de fabricación digital en Kenia, Tanzania y Sudáfrica, donde estudiantes locales reciben formación en diseño, ingeniería e impresión 3D para producir las prótesis desde sus propias comunidades.
«Yo puedo imprimir una prótesis en Sudáfrica ahora mismo desde mi móvil en Madrid. Le doy a un botón y la impresión comienza directamente allí», detalla. «Es como tener un fax de brazos», afirma. Un modelo que le ha permitido extender la actividad de la organización a colaboraciones con entidades de más de 60 países y desarrollar una red internacional de más de 150 voluntarios. Ya ha entregado más de 670 trésdesis (así se llaman sus prótesis) y sus programas han contribuido a mejorar la vida de más de 30.000 personas.
Además de Ayúdame3D, Guillermo continúa impulsando nuevos proyectos ligados al diseño y la innovación social, como el desarrollo de prótesis y soluciones para animales. Su trayectoria ha sido reconocida con más de una veintena de premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Premio Princesa de Girona Social y el Premio Ciudadano Europeo del Parlamento Europeo. Y acaba de recibir el Premio Nacional de Innovación y Diseño. «Es un reconocimiento a una forma de entender la innovación con propósito», apunta. Además, ha aparecido en cinco ocasiones en la lista Forbes como una de las voces más destacadas en innovación social, emprendimiento y tecnología con impacto.
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