Durante años, cuando hablábamos de robots domésticos, la imagen era casi siempre la misma: primero, un robot de cocina tipo Thermomix; después, un robot aspirador. Ambos se han normalizado como electrodomésticos habituales, pero mientras tanto, el resto de la casa —e incluso el jardín— se ha ido llenando de máquinas autónomas capaces de asumir tareas que antes parecían difíciles de automatizar.
Una nueva generación de máquinas autónomas se abre paso en casa y apuntan a un mantenimiento cotidiano del hogar casi invisible
Durante años, cuando hablábamos de robots domésticos, la imagen era casi siempre la misma: primero, un robot de cocina tipo Thermomix; después, un robot aspirador. Ambos se han normalizado como electrodomésticos habituales, pero mientras tanto, el resto de la casa —e incluso el jardín— se ha ido llenando de máquinas autónomas capaces de asumir tareas que antes parecían difíciles de automatizar.
Aunque sus funciones son distintas, todos estos dispositivos comparten una base tecnológica común: sensores y sistemas de navegación para moverse sin intervención constante, software capaz de tomar decisiones en tiempo real y control remoto desde aplicaciones móviles o mediante comandos de voz.
Robots de cocina y aspiradores: el punto de partida
Uno de los ejemplos más conocidos sigue siendo el robot de cocina. En este caso, el enfoque no es tanto la autonomía total como la asistencia inteligente. Dispositivos como Thermomix —y sus alternativas— combinan múltiples funciones en un solo aparato: cortan, trituran, pesan, cocinan y guían recetas paso a paso. No cocinan de forma completamente autónoma, pero permiten que cualquier usuario prepare platos complejos con facilidad y resultados consistentes.
Sin embargo, si hay un auténtico protagonista hoy en día es el robot aspirador, cuya evolución ilustra bien hacia dónde se dirige todo el sector. Los modelos más avanzados ya no se limitan a aspirar: incorporan navegación mediante sensores láser (LiDAR) o cámaras capaces de mapear el hogar con precisión, lo que les permite limpiar por habitaciones, evitar obstáculos como cables o zapatos y ajustar automáticamente la potencia según el tipo de suelo.
Modelos como el Roomba Max 775 Combo añaden bases de autovaciado y autolimpieza: el robot regresa por sí solo a su estación, vacía el depósito y limpia y seca las mopas. En la práctica, la intervención humana se reduce al mínimo y la limpieza del suelo pasa casi desapercibida. Además, empiezan a aparecer avances más ambiciosos, como la capacidad de superar pequeños obstáculos o desniveles, una de las limitaciones históricas de este tipo de dispositivos. Ya lo vimos en CES, con el Dreame X60 Pro Ultra Complete, que supera umbrales y pequeños escalones de hasta 10 centímetros de altura, y además, tiene un doble brazo robótico para aspirar y fregar mejor en las esquinas.
El jardín también se automatiza
Los robots cortacésped trasladan muchas de estas tecnologías al exterior. Un ejemplo claro es el Roborock RockMow S1, un modelo que utiliza sistemas de posicionamiento avanzados —como GPS con corrección RTK— y cámaras para orientarse con precisión sobre el terreno. Esto le permite detectar obstáculos como muebles, mascotas o personas, planificar rutas eficientes y ajustar su funcionamiento en tiempo real. Desde la aplicación, el usuario puede mapear el jardín, programar horarios de corte o definir zonas específicas. Además, este tipo de dispositivos incorporan sensores de lluvia que detienen la actividad automáticamente y permiten trabajar durante largos periodos sin supervisión.
En paralelo, los robots limpiafondos de piscina como el Aiper Scuba V han comenzado a popularizarse como solución para el mantenimiento automático. Estos dispositivos se desplazan de forma autónoma por el fondo y las paredes, recogiendo suciedad y filtrando el agua. Algunos modelos incluyen navegación inteligente para optimizar recorridos y evitar zonas sin limpiar. A diferencia de los sistemas tradicionales conectados a la depuradora, son completamente independientes: cuentan con su propio motor y sistema de filtrado, lo que mejora la eficiencia y reduce el desgaste del sistema principal. En la práctica, eliminan una de las tareas más tediosas del mantenimiento, especialmente en verano.
Robots especializados para tareas concretas
Dentro del hogar también están surgiendo robots más específicos. Es el caso de los limpiacristales, entre los que destaca el Kärcher RCW 4 Extra+, que se adhiere a superficies verticales mediante succión y se desplaza limpiando ventanas, mamparas o azulejos. Estos robots incorporan sensores para detectar bordes y evitar caídas, y suelen controlarse mediante mando o aplicación móvil. No son completamente autónomos —requieren colocación manual—, pero resuelven una tarea incómoda, especialmente en viviendas con grandes ventanales o de difícil acceso.
¿Qué viene a continuación?
A pesar de los avances, estos equipos todavía tienen limitaciones claras. La primera es el precio: muchos siguen situándose en la gama media-alta. La segunda es la necesidad de configuración inicial: aunque prometen autonomía, requieren cierto aprendizaje y ajustes por parte del usuario.
Aun así, las tendencias son claras. Por un lado, una mayor autonomía real, con menos intervención humana y mejor adaptación al entorno. Por otro, una integración más profunda en el hogar conectado, con dispositivos capaces de comunicarse entre sí. Y, finalmente, la expansión hacia nuevas tareas, especialmente en el exterior y en el mantenimiento doméstico. El objetivo final es evidente: que cada vez más tareas cotidianas se realicen solas y pasen, literalmente, desapercibidas.
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