Cuando Ursula Von der Leyen tocó la campanita como es tradición para dar comienzo a la importante reunión del Colegio de Comisarios de este miércoles, la vicepresidenta Teresa Ribera fue prácticamente la última en sentarse al estar distraída charlando con su homóloga rumana Roxana Minzatu.
La nueva ‘hoja de ruta’ de la Comisión Europea descoloca con Almaraz a la que fuera vicepresidenta del actual Gobierno
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Cuando Ursula Von der Leyen tocó la campanita como es tradición para dar comienzo a la importante reunión del Colegio de Comisarios de este miércoles, la vicepresidenta Teresa Ribera fue prácticamente la última en sentarse al estar distraída charlando con su homóloga rumana Roxana Minzatu.
Como si la costara incorporarse para adoptar la Comunicación de la Comisión Europea aprobada al término de la reunión y que supone el nuevo ideario energético de Bruselas. Para Ribera ya no es sólo autorizar ayudas de Estado para financiar nucleares en los países que lo deseen, sino asumir la nueva hoja de ruta que supone un correctivo a buena parte de la política energética que ella misma desempeñó en el Gobierno de Pedro Sánchez.
En el documento llamado Acelerar en la UE la Unión de la Energía, de 17 páginas, los miembros del gabinete Von der Leyen, incluida Ribera, asumen reflexiones como ésta: «La energía nuclear es un componente importante de las estrategias de descarbonización, competitividad industrial y seguridad del suministro (…) Las centrales nucleares suministran energía limpia, adecuada para mejorar la integración del sistema y dar flexibilidad, lo que facilita un mayor despliegue de otras tecnologías limpias. Estos beneficios redundan en todo el sistema energético de la UE».
Para los que recuerdan los tiempos de Ribera como ministra de Transición Ecológica impulsora del cierre nuclear en España no podrán creer que suscriba esto. Pero hay más: «Los nuevos reactores modulares pequeños o evitar el cierre prematuro de la capacidad nuclear existente pueden contribuir a reducir la necesidad de uso de combustibles fósiles», agrega la comunicación a los Estados Miembros. Por tanto, incluye entre las recomendaciones: «Evitar el desmantelamiento prematuro de activos de generación, como las centrales nucleares existentes, que pueden seguir suministrando electricidad fiable, de bajo coste y con bajas emisiones». Es decir, lo contrario de su receta en España en favor de acabar ya con las centrales de Almaraz y seguir rápido con el resto.
El documento de la Comisión no propone esto por ideología pronuclear, sino por «reducir la dependencia del gas». El apagón ibérico del pasado año ha acreditado que las intermitentes renovables necesitan el escudo de estabilidad que proporcionan nucleares y centrales de gas, pero si se cierran las primeras, sólo quedan las segundas mientras que no se logre almacenar y dar más seguridad a las renovables. Y seguir con el gas supone depender más de EEUU, Rusia, Argelia o el Golfo Pérsico.
Hay material nuclear en el que también se depende del exterior, claro está, pero los técnicos lo ven más solventable que con el gas. Por eso, la Comisión también recomienda un cambio fiscal que rebaja la carga sobre la electricidad y que no pueda suceder, como en España, en que esté peor tratada por el fisco que el gas. En este último punto, la Comisión Europea da así por cierto aire a reivindicaciones tradicionales de dirigentes europeos de eléctricas como el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, que se reunió en la víspera en Madrid con el comisario danés que llevó el peso del documento, Dan Jorgensen.
La reflexión general del documento va hacia mayor coordinación e integración de los mercados europeos con luces a corto como dar un nuevo impulso a las refinerías para asegurar que no falte queroseno ni gasóleo y la mencionada extensión nuclear. Y también a largo al fomentar más inversión en electrificación, incluidas interconexiones y flexibilización con el hidrógeno para lograr una ansiada autonomía energética.
Sí es muy reconocible Ribera en la parte de la Comunicación en favor de alentar las renovables y el hidrógeno como viene ella defendiendo desde la pasada década. Pero el documento es más global que eso, porque urge pragmatismo cuando, como dijo Jorgensen, la UE se ha gastado desde la Guerra de Irán 24.000 millones más en energía «sin recibir ni una molécula más». Sólo por depender de precios de otros.
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