El 28 de febrero de 2025, Jorge Azcón se plantó en la Sala de Columnas del Edificio Pignatelli para anunciar que Microsoft iba a redoblar su apuesta en Aragón. El gigante tecnológico fundado por Bill Gates quería realizar una inversión de 2.900 millones de euros con la que ampliar en Zaragoza la región de centros de datos que ya tenía proyectado instalar en el territorio, concretamente en las localidades de La Muela y Villamayor de Gállego.
Tras recibir una oferta a la baja por parte de la empresa tecnológica y el aviso de que serían expropiados sí o sí, los afectados han puesto el caso en manos de sus abogados
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El 28 de febrero de 2025, Jorge Azcón se plantó en la Sala de Columnas del Edificio Pignatelli para anunciar que Microsoft iba a redoblar su apuesta en Aragón. El gigante tecnológico fundado por Bill Gates quería realizar una inversión de 2.900 millones de euros con la que ampliar en Zaragoza la región de centros de datos que ya tenía proyectado instalar en el territorio, concretamente en las localidades de La Muela y Villamayor de Gállego.
Los terrenos seleccionados para construir dicha infraestructura estaban ubicados en las inmediaciones del centro comercial de Puerto Venecia, a las afueras de Zaragoza. Parte de esas parcelas eran de titularidad pública, por lo que la compañía no encontraría problemas para su expropiación. Tanto el Gobierno de Aragón como el Ayuntamiento de Zaragoza han brindado una colaboración institucional total a la bandada de compañías que han tocado a su puerta para instalar centros de datos en estos últimos años. Sin embargo, parte de las 59 hectáreas que Microsoft quería ocupar pertenecían a particulares, con los que tuvo la intención de negociar para alcanzar un acuerdo antes de recurrir a la expropiación forzosa.
Ana Garza es una de las propietarias de estos terrenos. Ella reside en Calaceite, un pequeño municipio de la comarca turolense del Matarraña, y recorre 138 kilómetros para atender a EL MUNDO en Zaragoza. Recuerda que «Microsoft se puso en contacto con nosotros por primera vez hace poco más de dos años, antes de anunciar que tenían intención de instalarse en Aragón». Lo hicieron a través de una llamada de teléfono, en la que una voz femenina ofreció a los miembros de su familia «una cantidad de dinero muy baja», a lo que respondieron con su negativa a vender porque «queríamos un precio justo».
Tras el rechazo a colaborar en primera instancia, el Gobierno de Aragón envió una carta a sus domicilios en la que les informaban de que los terrenos en liza iban a ser expropiados. «Nos decían que no teníamos más opciones, que nos iban a expropiar y que no podíamos hacer nada», expresa. Una vez fueron informados de la situación, decidieron contratar los servicios de un abogado para armar sus recursos. «Él nos avisó de que se habían vallado los terrenos y que debíamos poner una denuncia por lo penal, porque realmente estaban usurpando nuestros terrenos sin haber finalizado el proceso expropiatorio», ha señalado.
En las alegaciones presentadas por Ana Garza y su familia, explica, «se exponen los motivos por los que este proyecto no cumple los requisitos para formar parte de un Plan de Interés General de Aragón (PIGA)», la herramienta diseñada por el Ejecutivo autonómico liderado por Jorge Azcón para agilizar la tramitación de estos procesos. «Nosotros dudamos de que se vayan a generar los puestos de trabajo que prometen (entre 720 y 1.200 empleos de alta cualificación técnica más los 2.000 de la fase de construcción) y que los terrenos de Puerto Venecia se podrían emplear para construir viviendas, que es lo que realmente necesita la ciudad», explica mientras observa los terrenos al calor del verano.
Por todo ello, sentencia que «nadie en Aragón se va a beneficiar de la instalación de los centros de datos y la única que va a ganar va a ser Microsoft, que ni siquiera va a tributar aquí». «Somos gente de Aragón, esos terrenos pertenecían a mis bisabuelos, y puesto que hablan tanto de prioridad nacional, creo que deberían cuidarnos un poco más», lamenta.
Las acusaciones vertidas por Ana Garza son secundadas por otros propietarios de terrenos en la zona, quienes, al igual que la primera, consideran que el acuerdo presentado por la compañía estadounidense no encajaba con sus intereses. «No ha habido posibilidad de entendimiento en ningún momento. Nos llamaron desde Londres hace nueve meses y nos dijeron que esto era lo que había, no tenían ninguna intención de negociar», exponen.
Los demás titulares de las tierras son los dueños de la empresa Magapor, dedicada a la reproducción artificial de porcinos y ubicada en Ejea de los Caballeros. Al igual que Ana Garza, consideran que este proceso «ha sido un asalto» y, por ello, también han decidido poner una denuncia ante el juzgado de lo penal por usurpación de la propiedad. «Esto es pura especulación, porque ahí se pueden construir más de 2.000 viviendas», expresan al ser consultados por este periódico.
Mientras tanto, tanto desde el Gobierno de Aragón como desde Microsoft aseguran estar «tranquilos» con el desarrollo de este proceso, que «está totalmente pegado a la legalidad». Fuentes de la empresa tecnológica consultadas por este periódico defienden que los acuerdos de expropiación «están cerrados en su totalidad» y que «el dinero ya ha sido abonado en los fondos del Gobierno de Aragón». Por lo tanto, únicamente están esperando a que finalice la aprobación del PIGA, que será en los próximos meses, para dar inicio a la fase de construcción. «Por ahora solo hemos podido empezar los trabajos de limpieza, con la aprobación del Ayuntamiento de Zaragoza. Hemos cumplido con toda la normativa y se han seguido todos los pasos establecidos para que no exista mayor problema», defienden.
En el Gobierno de Aragón confirman esta versión y apuntan que «el dinero se encuentra en un depósito esperando a ser cobrado por los propietarios de los terrenos». Asimismo, se muestran de acuerdo con que estos ciudadanos hagan sus reclamaciones, pero recuerdan que «estos proyectos son de un gran interés para el avance de la región y eso está por encima de las preferencias de cualquier particular».
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